CON LA PINTA DOMINGUERA

CON LA PINTA DOMINGUERA

Un ambiente que comenzó un poco frío, aunque la temperatura de la noche capitalina aún no había bajado mucho, se fue calentando con la misma intensidad con que el tenor español Plácido Domingo y la mezzosoprano colombiana Martha Senn iban subiendo sus notas musicales.

01 de abril 1995 , 12:00 a.m.

Fue el jueves de Domingo y Senn. Pero también fue el jueves de Bogotá. Un jueves lleno de notas líricas, pero también de notas sociales. Un jueves en el que el estadio El Campín se vistió de mink y también de ruana. Un jueves inolvidable.

Así fue la noche del Concierto Mayor. Una noche en la que desde el mismo presidente, Ernesto Samper, su esposa, Jacquín Strouss de Samper, hasta gran cantidad de jóvenes universitarios, pasando por la crema y nata de Bogotá, por uno que otro político y varios artistas, se dieron cita en el estadio para escuchar en vivo lo que ya se habían imaginado a través de un copact disc o de una video grabadora.

Plácido Domingo tiene una hermosa voz, pero también tiene un gran carisma para manejar el público y eso fue lo que al final hizo vibrar al escenario. Lo que hizo que todo ese mundo de estraples y jeans, de seda y algodón, de piel y lona, se reuniera en una noche espléndida y se mezclara sin presentarse la más mínima complicación. De esta manera, lo que comenzó con una tímida acogida finalizó con una emocionada ovación para los artistas y para el mismo público que se portó a la altura.

El concierto no tuvo reparo en presentar todo tipo de situaciones. Desde el mismo personaje de dedito parado que nunca había ido a El Campín porque siempre había escuchado opera en el Teatro Colón y no sabía ni como entrar al escenario, hasta la aficionada histérica que quería ver como este hombre español interpretaba Soy colombiano , luciendo una ruana.

Desde el gran conocedor de la zarzuela hasta el nuevo rico que quería codearse con la crema y nata y para ello tenía boletas de 200 mil pesos al mejor estilo del Pequeño Ortegón. Y con todo esto, el mismo presidente de la Nación; el Ministro de Gobierno, Horacio Serpa; el contralor, David Turbay; el Embajador de España y hasta Amparo Grisales, una flor de la canela que no podía faltar.

Fue una noche placentera , una noche llena de lírica que calentó una venteada y fría velada capitalina...

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