ES LA HORA DEL CURA ROZO

ES LA HORA DEL CURA ROZO

En la misma pista, la del velódromo Luis Carlos Galán de Bogotá, en donde Miguel Induráin y Jeannie Longo, los reyes del ciclismo mundial, intentaron el año pasado batir los récords mundiales de la hora, un hombre de 67 años, para más señas, sacerdote de profesión, tratará hoy a las 9:30 a.m. de establecer el suyo.

02 de junio 1996 , 12:00 a. m.

Durante los últimos tres meses y medio Efraín Rozo, el capellán de la UDCA (Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales), ha tenido que repartir mejor su tiempo.

A la seis de la mañana ha estado listo, no en la iglesia sino en la pista, vestido como un ciclista cualquiera. A su lado, Jorge Tenjo, como entrenador, y el médico Carlos Efraín Sánchez, pendientes de su rendimiento.

Bajó ocho kilos de peso y empezó a trabajar. Primero fueron los ejercicios de rotación para elevar el ritmo cardíaco; después vinieron las pruebas de esfuerzo con relaciones más fuertes; sin olvidar la fisioterapia, con el fin de conseguir mayor elasticidad, estuvieron en su agitado programa.

Ese curita es un ejemplo para nosotros. Es un duro , decían los corredores de Cundinamarca que se preparan para los Juegos Nacionales de Bucaramanga, el jueves anterior en uno de los últimos entrenamientos del sacerdote.

Mi propósito es motivar a los universitarios para que vuelvan a la pista. El deporte es factor de salud y alegría, no podemos dejar perder un escenario de estos. Qué lindo sería verlo los fines de semana lleno de muchachos. A los jóvenes hay que llegarles por la puerta que a ellos les gusta para que salgan por la que debe ser, decía Monseñor Tihamer Toth, y, un poco ese es mi propósito , comentó.

Siempre ha sido deportista. Fue nadador, un buen trampolinista; futbolista, regular alero; alpinista, aventurero en el Puracé y en el Ruiz. Pero, sin ninguna duda, el ciclismo fue su vocación.

En 1949, cuando cursaba tercer año de filosofía, participó en la doble a Madrid. Terminó de tercero montando en una bicicleta de turismo. Fue Guillermo Pignalosa, en ese entonces presidente de la Liga de Ciclismo de Cundinamarca, quien le vio condiciones, por eso le insistió que siguiera montando.

En una bicicleta Bartali ganó su primera competencia. Llegó a la meta, pero nadie lo conoció; solo cuando el padre Olarte, su profesor de religión y amigo, se dio cuenta que el ganador era una cura, desde ese día quedó bautizado en el ambiente del ciclismo como El Cura Rozo .

Comenzó a correr al lado de Efraín Forero. En los Juegos Nacionales de Santa Marta, en 1949, ganaron la prueba de los 100 kilómetros. Con Forero, Jaime Tarquino y Alberto El Teniente Ortiz, conformó la cuarteta de los 4.000 metros persecución que consiguió la medalla de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, en Guatemala.

Con apenas siete meses de ciclismo fue la primera presea dorada para Colombia en una competencia internacional, eso le valió ser seleccionado para los I Juegos Panamericanos de Ciclismo en Argentina, pero pudo más la vocación.

Hoy intentará correr 33 kilómetros en una hora, un récord para un hombre de su edad...

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