BONANZA DE CINE EN VENEZUELA

BONANZA DE CINE EN VENEZUELA

Son muchas las fórmulas que se han desarrollado para incentivar la producción cinematográfica en América Latina, algunas más exitosas que otras. El caso más reciente por permitirles a los creadores cinematográficos la posibilidad de hacer cine es Venezuela. En medio de la crisis económica y social que vive ese país se ha logrado revivir una forma de expresión artística que en el pasado logró premios en festivales tan importantes como Cannes y Berlín, gracias a realizaciones como Araya, de Margot Benecerraf y Oriana de Fina Torres.

01 de abril 1995 , 12:00 a.m.

La experiencia es reciente y se llama el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía, entidad que comenzó a funcionar en agosto de 1994 y que es un desarrollo de la ley de cine que aprobó el Congreso venezolano en 1993.

Los golpes de estado y la devaluación del bolívar afortunadamente no se convirtieron en el argumento reiterado para negarle los recursos al cine. Hasta 1992, en Venezuela escasamente se producían entre dos o tres películas. Este año se pretenden realizar 12 proyectos, seis de los cuales ya tienen turno para entrar en la cartelera comercial.

Sergio Dahbar, director del centro, se muestra optimista por los resultados. No niegan que la bonanza es una coincidencia feliz, porque muchos de estos proyectos ya estaban andando cuando yo llegué. Sin embargo, en varios casos ayudamos a conseguir el dinero para poder terminar el rodaje o la postproducción .

El Centro vino a reemplazar el Instituto de Fomento al Cine (Foncine), el cual fue disuelto en 1993. Este instituto dependía del Ministerio de Fomento y se encargaba básicamente de conseguir fondos para realizar las películas. Se movía dentro de un marco muy restringido y dejaba muchos cabos sueltos en lo que tiene que ver con el cine. Por ejemplo, la distribución y la exhibición .

El Centro Nacional tiene las facultades para participar en todas las áreas que tengan que ver con el incentivo de la producción audiovisual. En primer lugar, nosotros somos coproductores de los directores que solicitan nuestra colaboración. Este mecanismo nos obliga a buscar que la película complete el circuito completo de una cinta. Es decir, que sea exhibida en la cartelera comercial. A diferencia de lo que sucedía antes, nosotros tomamos en cuenta al espectador .

Pero eso no quiere decir que se olviden del cine arte, o lo que los críticos llaman cine personal . Lo que sucede es que hay que buscar los canales adecuados para exhibir cada una de estas películas. Para nosotros no hay cintas buenas o malas. Simplemente miramos la clase de producción que tenemos en nuestras manos y le damos el destino que consideramos correcto .

Cine desde la sala Otra de las obligaciones del Centro tiene que ver con la industria en sí misma. Nosotros realizamos una monitoría sobre los exhibidores. En la actualidad estamos terminando una investigación sobre el estado de las salas en Venezuela. La idea es establecer cuáles son las carencias que hay en materia de proyección y sonido en las salas, y buscar créditos pueden ser internacionales para mejorar la infraestructura.

Lo mismo pensamos hacer con los hacedores del cine. Es decir el personal técnico. Se están buscando mecanismos para asegurar su capacitación y la renovación de los equipos. El cine es una industria que tecnológicamente avanza muy rápidamente y que necesita vivir permanentemente actualizada .

Otro frente que contempla el Centro es el de las producciones extranjeras en Venezuela, aprovechando los paisajes geográficos de ese país. Una ventaja de la cual también goza Colombia. En la actualidad se están filmando tres películas francesas en nuestro país. Nosotros facilitamos el trabajo de estos profesionales y nos encargamos de conseguir las visas de trabajo y los permisos para filmar. Además, les entregamos una lista de los profesionales más competentes de nuestro país. Camarógrafos, sonidistas, luminotécnicos, etc.

De la misma manera estamos tratando de crear la Comisión de Cine, una copia de las Film Comisión que existen en diferentes ciudades de Estados Unidos y que se encargan de conseguir paquetes de descuentos para los directores en aspectos como pasajes de avión, el alquiler de carros, hoteles, alimentación, etcétera .

Dahbar reconoce que su labor de funcionario público no se agota en el cine. No está bien quedarse en ese nicho. Hay que pensar en función de lo audiovisual, y en ese sentido el cable y el video ofrecen infinidad de alternativas para nuestros directores. Mire el caso de Argentina, allí solamente hay 218 salas, pero hay gran cantidad de canales por cable que retransmiten las películas argentinas. Lo mismo podemos hacer en el resto de América Latina .

Los exhibidores, el otro cuello de botella de los cineastas, también están entrando en el juego de revitalizar el cine venezolano. Hay que dejar de pensar en que ellos son enemigos. No son los villanos de la historia. Obligarlos a exhibir películas que ellos no quieren comprar es como imponerle a alguien un par de zapatos horribles con el argumento de que son industria nacional. Cuando ellos creen en un producto se arriesgan por él .

El modelo venezolano apenas despega pero ha constituido un replanteamiento del discurso tradicional de fomento al cine. Según Dahbar, la idea es alcanzar un promedio de siete u ocho películas al año .

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