El lado oculto de la catedral de Manizales

El lado oculto de la catedral de Manizales

El viaje por entre las venas de la catedral basílica de Manizales comenzó una mañana de miércoles dentro de una de las cuatro torres laterales –de 62 metros cada una–, situada en la esquina de la carrera 23 con calle 22, en pleno corazón de la capital de Caldas.

06 de septiembre 2008 , 12:00 a.m.

Con una linterna, el antropólogo Juan Pablo Jaramillo encabezó el recorrido.

Sus 1,80 metros de estatura se encogieron para descender por una empinada escalera de hierro a un lugar donde reinan las penumbras.

Las reporteros que lo acompañaron esperaban encontrar arañas o murciélagos, pero hallaron frío, oscuridad y silencio sobrecogedores.

Después de atravesar varias grutas y pasadizos, donde había que tener cuidado de resbalar al vacío o golpearse la cabeza, la luz de la linterna se topó con una cruz hecha con maderos arqueados y fuertes. Estaba detrás de una columna, como escondida. “Esta madera tiene muchos años”, dijo Jaramillo, mientras hurgaba el objeto.

Más adelante, tras atravesar por otros angostos túneles, el foco encontró una antigua mesa de planchar.

El presbítero Horacio Gómez, quien acaba de publicar el libro ‘Tesón de una estirpe, Catedral Basílica de Manizales’, explica que “hace más de 20 años en la catedral vivieron unas hermanas de la Sagrada Familia, que estuvieron encargadas de la Sacristía, el aseo del templo y los alimentos para los canónigos (sacerdotes que hacen parte del cabildo de una catedral)”.

Las catedrales europeas –agregó el sacerdote– tenían lugares para que los nobles tuvieran donde refugiarse y evitar que los mataran. En Barcelona (España) acaban de descubrir una letrina en una edificación.

Luego de desafiar otros sombríos recovecos, el grupo encontró una especie de cuarto de san Alejo, al que ya había llegado el antropólogo Juan Pablo, pero por otro camino. Allí había candelabros, pilastras, sillas antiguas y un afiche enmarcado del papa Pablo VI.

“Julien Polty, el arquitecto francés que diseñó la catedral, tenía al parecer una fuerte tendencia hacia la arquitectura medieval, es decir, por las fortificaciones militares, con túneles donde la gente pudiera refugiarse en tiempos de guerra”, explicó Jaramillo.

¿En qué punto estamos?, le dijeron a Juan Pablo, casi al unísono, los exploradores, que ya habían estado casi dos horas en el lugar. “Exactamente no sé”, respondió, y aceleró las pulsaciones de sus acompañantes, que estaban ansiosos de saber cuál era el punto de llegada. “Sigamos por aquí”, dijo el antropólogo, mientras alumbraba con la linterna hacia una bóveda. El grupo lo siguió, pero el viaje estaba a punto de terminar.

Las cuatro personas, que se sentían como cabezas de alfiler dentro de esta casa de Dios, avanzaron unos metros más y hallaron una escalera de metal, que conduce a la torre lateral que da a la esquina de la 23 con 23.

En ese lugar entra con fuerza la luz del día. Había finalizado el viaje por las entrañas de la catedral.

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