LOS CAZADORES DEL ELEFANTE PERDIDO

LOS CAZADORES DEL ELEFANTE PERDIDO

Mientras la expectativa nacional por el inicio del juicio al presidente Ernesto Samper Pizano aumentaba segundo a segundo, pasado el mediodía del martes 28 de mayo, una carnavalesca procesión encabezada por un elefante adornado con 8.000 mogollas, avanzaba por la carrera séptima de Bogotá, rumbo al Capitolio.

02 de junio 1996 , 12:00 a. m.

Tan pronto como el elefante -símbolo de inspiración episcopal de la penetración masiva de dineros del narcotráfico en la campaña presidencial pisó el marco de la Plaza de Bolívar, anónimos pero elocuentes exponentes de esta Colombia dividida entre samperistas y antisamperistas, empezaron a tomar posiciones frente a la puerta de entrada, conformando una exótica barra surrealista donde convivían equilibristas, contorsionistas, pensionados, activistas, curiosos, policías, políticos, periodistas y desocupados con las más variadas especies de la fauna nacional que se rehusaban a permitir que el monopolio zoológico de este histórico proceso quedara en paquidérmicos predios.

Así, desfilaron micos y narcomicos, perras y gatas, perros y gatos, gatos por liebre, conejos, patos, sapos y una amplia variedad de lagartos del trópico y de las montañas.

Hacia las dos de la tarde empezaron a entrar los congresistas al templo de la democracia colombiana que por momentos parecía una trinchera de refugiados de guerra o uno de esos nostálgicos tesoros arquitéctonicos que, a la Habanera, no se sabe si está en demolición o en reconstrucción, en preciso reflejo de la clase política que lo habita.

El bullicio aumentó cuando apareció Heyne Sorge Mogollón Montoya, un dirigente político de la provincia cordobesa que salió del anonimato gracias a que le correspondió conducir la investigación contra Ernesto Samper.

Los ánimos entonces se polarizaron y cuando los eufóricos seguidores del Presidente subieron el volumen de sus incendiarias arengas, los integrantes de la caravana del elefante lanzaron una ráfaga de mogollas contra el Representante Investigador, quien en una controvertida ponencia, aprobada por mayoría abrumadora en la Comisión, había propuesto seis días antes la preclusión del proceso.

El dictamen de los expertos (en mogollas) fue unánime. No eran las mejores y no le llegaban ni a los tobillos a una buena mogolla chicharrona , de esas que han hecho famosos a los Roa de Madrid (Cundinamarca). Ello, sin embargo, no fue obstáculo para que los gozques del vecindario se dieran un suculento banquete.

En general, se percibía el nerviosismo de los Representantes a la Cámara. Todos sabían bien que el país entero seguiría paso a paso ese debate y que una vez prendidas, no se volverían a apagar las seis cámaras de Inravisión estratégicamente ubicadas en distintos lugares del salón para transmitir todas las incidencias del proceso, en vivo y en directo, a través de Señal Colombia.

En las barras, reservadas para los medios de comunicación, se acomodaba una nube de periodistas, reporteros, fotógrafos, camarógrafos y auxiliares.

El ambiente era muy tenso. El reto de la Cámara, donde ha sido abiertamente mayoritaria la bancada samperista, es colosal. Está sujeta a todo tipo de presiones.

Desde Washington se había hecho saber que el Departamento de Estado no creía en la instancia parlamentaria y en Colombia las encuestas mostraban un clima de incredulidad y desconfianza en la Cámara, a pesar de que su presidente, Rodrigo Rivera, un joven representante de extracción gavirista y galanista, se había comprometido públicamente a garantizar la transparencia del debate.

Los representantes fueron ocupando sus curules y acomodando sus textos de consulta que iban desde la Constitución y el Código Penal hasta la Parábola del Elefante, o los boletines que ha emitido Fernando Botero desde su celda o el Manual de Imagen para Congresistas preparado por el Senado especialmente para emergencias televisadas.

La primera sesión se dedicó a estudiar los impedimentos y recusaciones de los Representantes.

El momento álgido del día se presentó cuando el representante liberal por Antioquia Rodrigo Echeverry pidió que se le aceptara un impedimento con fundamento en tres razones, de las cuales dos resultaban explosivas: haber recibido apoyo financiero de la campaña y pertenecer a un movimiento que tiene representación en la administración.

La reacción de lo que algunos parlamentarios conservadores han llamado la aplanadora samperista fue inmediata. Comenzaron a golpear sus pupitres, a murmurar, a hacer ruido. Era explicable. La inmensa mayoría de representantes liberales están en la misma situación de Echeverry, pues, o bien recibieron dinero de la campaña, o los une al gobierno la representación burocrática.

Al poco rato, el representante Ramón Elejalde, liberal de Antioquia, presentó un informe, acogido por la plenaria, en el que recomendaba no aceptar el impedimento. Asunto cerrado.

A la mañana siguiente los titulares de prensa fueron exactos, pues en efecto, lo que se presentó fue una verdadera batalla de recusaciones que en el grueso público dejó la sensación de un espectáculo de dame y toma .

En la jornada del miércoles la piedra de la discordia fue la participación del abogado defensor del Presidente, Luis Guillermo Nieto Roa.

A partir de ese momento el fantasma de la nulidad del proceso empezó a transitar por el recinto y tomó poltrona a la derecha de su congénere, el fantasma del prevaricato.

Esa mañana el Fiscal Alfonso Valdivieso había advertido que no iría a la Cámara y que, con fundamento en la ley, consideraba que Nieto Roa tampoco debería hacerlo. Nieto Roa llegó a la Cámara sonriente pero pisando duro y anunciando que llegaría hasta la tutela misma, con tal de garantizar su derecho al uso de la palabra.

Cuando se procedió a votar sobre ese punto, después de un intenso trabajo de los más caracterizados voceros de la bancada samperista que, como hormigas, se movían de una curul a otra, de aquí para allá y de allá para acá, se acogió por 108 votos contra 35 la propuesta presentada por Martha Catalina Daniels, liberal de Cundinamarca, que autorizaba que Nieto Roa interviniera tal y como él lo había pedido.

Tal votación fue interpretada en algunos sectores como una primera medición de fuerzas entre los partidarios de la preclusión y sus adversarios.

El jueves al comenzar la sesión, el Presidente de la Cámara anunció sorpresivamente que el debate se dividiría entre lo político y lo jurídico. Tal determinación, en estricto sentido, permite que el debate no se concentre en los asuntos de técnica probatoria, en la minucia jurídica y en la discusión contable, sino que además se ocupe de consideraciones éticas y de valoraciones de responsabilidad por el ingreso del elefante.

La sesión del jueves y parte de la del viernes se dedicó a escuchar a Heyne Mogollón, quien terminó su larga larguísima! presentación en medio de una lluvia de agudas críticas políticas, jurídicas, gramaticales y cosméticas.

Las políticas decían que actuó más como defensor del Presidente que como Representante Investigador. Las jurídicas, que había sido impreciso y poco contundente. Las gramaticales, que había organizado la fiesta del gazapo y las cosméticas, que había protagonizado un gran ladrillo . Entre tinto y tinto, en los corrillos se oía decir que si el representante Mogollón seguía hablando, iban a condenar al Presidente.

En contraposición con esas opiniones algunos de sus colegas de bancada lo defendieron públicamente reivindicando su defensa de la ponencia.

Luego el investigador disidente, Rodrigo Arcila, conservador del Quindío, expuso sus propios argumentos para explicar por qué había votado en favor de que se acusara a Samper.

Aunque tampoco es un Jorge Eliécer Gaitán de la oratoria, a medida que su intervención fue avanzando se fue tomando confianza y se fue creciendo hasta un remate bastante elocuente y bien sustentado en la sesión del sábado por la mañana.

A pesar de que con respecto a su intervención las apreciaciones también se dividieron, entre los observadores presenciales era mayoritaria la sensación de que el primer round, de cara a la opinión pública, lo había ganado ampliamente Arcila.

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