Dos problemas, una solución

Dos problemas, una solución

Hoy, cuando la ciudad de Medellín está saliendo de manera decidida y valiente de la ‘horrible noche’, como dice el Himno Nacional, y cuando desde la pasada administración se le ha apostado al desarrollo de la ciudad con seguridad y transformación social y humana de las comunas, aparecen dos problemas a los que hay que prestarles la atención debida, si no se quiere perder el terreno ganado.

05 de septiembre 2008 , 12:00 a. m.

Uno, el aumento de la violencia homicida en la ciudad durante el primer semestre de este año, y dos, el juego sucio en contra de la actual administración para desprestigiarla, por quienes no aceptan que perdieron de manera contundente, no se resignan a seguir por fuera de la administración y no tienen claro que las relaciones políticas hoy son transparentes, de cara a la ciudad, como lo establecen los 14 principios de la gestión pública que asumió Medellín desde la administración del alcalde Sergio Fajardo.

En el primer caso, es preocupante el aumento de la violencia homicida, en especial aquella asociada a la recomposición de los grupos criminales ligados al narcotráfico, que se incrementó con la extradición de varios narcotraficantes a los Estados Unidos. Cabe anotar que, antes de que el Gobierno Nacional tomara esta medida, ya existían enfrentamientos entre ‘don Berna’ y ‘don Mario’ (estos criminales acabaron hasta con el término de respeto hacia los mayores: ‘Don’).

Esta violencia no solo está asociada a la puja por el control del negocio del narcotráfico, sino a una serie de ilícitos, como el contrabando, el comercio de armas y la extorsión, entre otros, y en los cuales no solo participa la famosa ‘oficina de Envigado’, sino otras organizaciones criminales, que tienen asiento en Medellín y en algunos municipios que limitan con esta ciudad.

Es decir, se está ante un problema más complejo que el de solo acabar con la ‘oficina de Envigado’, como lo ordenó el Presidente de la República. En este sentido, hay que trabajar, con la participación decidida del Gobierno Nacional y de las autoridades de justicia, ojalá depuradas, en un plan más ambicioso que el de solo acabar con uno o dos de los actores violentos. Hoy más que nunca, los gobiernos nacional y municipal y las autoridades de seguridad y justicia deben trabajar en equipo, un equipo de trabajo donde se pueda tener la confianza de que lo que se discuta y planee no termine siendo conocido por los criminales.

La Administración de Medellín está haciendo lo que le corresponde para transformar una realidad donde, por largos años, hubo ausencia de Estado, se ampliaron las desigualdades sociales y creció una cultura ‘traqueta’, que se convirtió en modelo para muchos niños, niñas y jóvenes.

Frente al segundo problema, se requiere, en este momento, que las autoridades competentes investiguen las denuncias hechas por el alcalde Alonso Salazar respecto a la campaña de desprestigio en contra de él y de una administración que, de acuerdo con sus principios de transparencia, no acepta transacciones del poder político por intereses burocráticos o económicos, que no utiliza el poder del Estado para comprar conciencias y acallar opiniones y que rinde cuentas de todo lo que hace, con quién lo hace, cuándo lo hace, cómo lo hace y con cuánto lo hace.

El gobierno de Medellín y su Alcalde requieren todo el apoyo de las autoridades de seguridad y justicia, de los ciudadanos de Medellín y de Colombia y de todos aquellos que crean que es factible gobernar con transparencia y con resultados. Su equipo de gobierno, hoy más que nunca, debe comportarse como tal y evitar fisuras que puedan ser utilizadas por sus contradictores.

En medio de la complejidad de los problemas de Medellín, estos dos podrían estar relacionados y solo pueden enfrentarse si se trabaja con equipos en los cuales se pueda confiar. Adelante, Alcalde, usted está haciendo bien su trabajo; solo hay que esforzarse para que los ciudadanos lo reconozcan cada vez más.

HELGON

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