Así se quiebran las democracias

Así se quiebran las democracias

“No duró mucho la propuesta del vicepresidente Santos para que los poderes hagan la paz –informó Semana–. La bandera blanca quedó archivada por el momento”.

05 de septiembre 2008 , 12:00 a.m.

¿Archivada por quién? ¿Acaso por el Gobierno, sin siquiera izarla, con excepción del Vicepresidente? ¿O Semana declaró cerrado el debate antes de que tomara vuelo? No. La misma revista observa: “Hay que insistir”. En vez de dejarla archivar, urge desplegar con mayor visibilidad la bandera que reclamara el Vicepresidente.

Hay que repetir ese mensaje oportuno: “Cómo es posible pedirles tolerancia a las personas en los campos y en las ciudades cuando al nivel más alto de la dirigencia política no estamos mostrando la posibilidad de tener ese diálogo constructivo”. El Vicepresidente dirigió su petición al Gobierno y a la oposición, pero las que impresionaron fueron sus palabras a sus colegas de Gobierno, para que buscasen un “escenario de concordia sin epítetos”, donde se encuentren salidas a los graves problemas nacionales sobre “la discusión pública fraterna”.

Desafortunadamente, el presidente Uribe respondió casi de inmediato con expresiones que parecen de rechazo: “A mí siempre me da lidia quedarme callado”; “el silencio conduce a la impunidad”; “es preferible el debate político que un país escondiendo cosas con palabras bonitas”. ¿No podría haber meditado mejor sobre las palabras de Santos? Pues Uribe tendría más bien que reunirse con su segundo de a bordo y acordar con este y el gabinete una estrategia adecuada para hacer posible aquel escenario de concordia de tan urgente necesidad. Nadie está sugiriendo que se anule el debate. Ni que el Gobierno deje de defenderse. Ni mucho menos que se escondan cosas.

No: ¡que haya debate! Pero que sea un debate que responda a la dignidad debida del poder en democracia. Que conduzca a formas civilizadas de resolver los conflictos. Que infunda pedagogía ciudadana. Que frene cualquier impulso sectario con sus amenazas de mayor violencia. Ese debate, me temo, es cada vez más notable por su general ausencia, reemplazado por epítetos, descalificaciones, insultos. El vicepresidente Santos, además, se quedó corto en advertencias. Solo hay que repasar el libreto: enfrentamiento abierto entre los altos poderes del Estado, deslegitimaciones recíprocas, falta de diálogo entre las fuerzas políticas opuestas... Así se han quebrado las democracias.

Dicen que el presidente Uribe no suele leer prensa, pues la siente hostil.

Pero sus asesores harían bien en sugerirle que leyese El Colombiano, el periódico de Medellín afín a su Gobierno. “Hay que bajarle el tonito”, expresó su editorial del 29 de agosto, al compartir “plenamente el llamado que hizo el Vicepresidente” de buscar “acuerdos vitales para la institucionalidad”. El Colombiano advirtió verdades de Perogrullo: “El lenguaje violento genera más violencia y son las altas dignidades las primeras llamadas a dar ejemplo de una convivencia civilizada”. Y se unió al mensaje de la bandera blanca: “Llegó el momento para que las altas dignidades del Estado retomen su papel institucional, se alejen de inconvenientes disputas en las que todos perdemos”.

Antes de anticipar el archivo de la bandera blanca, hay que levantarla, pues, con mayor visibilidad. Y repetidamente. Algunos sectores de opinión consideran que esos serían esfuerzos vanos. Quizá. Pero entonces sería aceptar por adelantado un derrumbe inexorable. El Presidente ha pedido que “hagamos una gran reflexión para comprometer a las personas que nos habrán de dirigir con el tema de la seguridad democrática y con el tema de la confianza inversionista”. Mas en ninguna de estas áreas gozaremos de desarrollos consolidados mientras subsista el actual escenario de confrontaciones. Peor. Como advirtió El País de Cali, en otro eco a la bandera blanca: “Corremos el riesgo de que “todo lo que se ha construido se derrumbe”. Uribe tendría que escuchar a su Vicepresidente.

HELGON

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