Habilidades manuales

Habilidades manuales

Curiosa experiencia es ver Irina Palm (2007): de primera mano no sabe uno exactamente si es un drama o una comedia. Es el riesgo de mezclar géneros en el cine, asunto que requiere tacto y oficio, pues es fácil confundir las expectativas del espectador, que cree estar viendo un tipo de filme para terminar en medio de otro que va en sentido opuesto.

04 de septiembre 2008 , 12:00 a.m.

En realidad, esta película, del director alemán Sam Garbarski, es un melodrama, incluso uno bastante predecible: una mujer mayor busca –a como dé lugar– los recursos económicos que permitan trasladar a su nieto al extranjero en busca de una cura para una debilitante enfermedad. El obtener un trabajo le permite recuperar la confianza en sí misma y ayudar al niño.

Este resumen no pretende arruinar la diversión de ver la película, pues realmente este tipo de historias –vistas repetidamente en cine y televisión– no se aparta de un esquema convencional, que Garbarski no se atreve a alterar. Se trata de una fórmula de éxito ya probada y que logra conmover a la mayoría de los espectadores sin que cueste demasiado trabajo.

Lo interesante y llamativo de Irina Palm es el trabajo que esta mujer, Maggie (la muy veterana Marianne Faithfull), consigue. Aquí el filme se va por los caminos de Todo o nada (The Full Monty, 1997), en cuanto opone una personalidad conservadora a un oficio nada convencional, que la hace cuestionar sus valores y sacudir su existir. El director pone a su personaje en un club nocturno londinense, donde debe satisfacer a los anónimos clientes del lugar. No voy a entrar en detalles específicos de lo que debe hacer, pero ocurre que Maggie resulta ser especialmente hábil para la singular faena. Es en estos momentos cuando la película obtiene los mayores dividendos: nos expone una situación que de por sí no tiene nada de graciosa, pero sí mucho de sórdida y, sin embargo, logra obtener del público una buena carcajada.

Lo consigue gracias a la actitud de su personaje protagónico. La actuación de la inglesa Faithfull es de una controlada impavidez, en la que parece aceptar con resignación una labor que nunca en su vida pensó llegar a hacer.

Se toma en serio su personaje, lo que contribuye a hacer aún más graciosa la situación en la que se encuentra. Son misteriosos los caminos del humor: el gran director Ernst Lubitsch casi nunca ponía a un comediante a protagonizar sus comedias, y Buster Keaton nunca hacía nada de por sí gracioso. En el entorno y la situación estallaba la risa, como en este filme ligero y compasivo

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