CUALQUIER PRETEXTO ES BUENO PARA RECORDARLA

CUALQUIER PRETEXTO ES BUENO PARA RECORDARLA

Resplandeciente y depresiva, belleza sensual y mujer frágil, la inolvidable Marilyn Monroe hoy cumpliría 7O años, si una dosis brutal de barbitúricos no hubiera acabado con su vida, en circunstancias no totalmente claras, en la noche del 4 de agosto de 1962.

01 de junio 1996 , 12:00 a. m.

Nacida en 1926 en Los Angeles (California), Norma Jean Mortenson -verdadero nombre de la estrella- tuvo una infancia desdichada: su padre la abandonó, su madre fue internada en una clínica mental. Zarandeada de orfanato en orfanato, y violada a los 9 años, en cuanto salió de la adolescencia se casó con un joven mecánico, de quien se divorció poco después.

La joven Norma ya era una beldad y tenía ambición, quería ser una nueva Jean Harlow. Pronto empezó a posar como pin up girl y su imagen invadió las cabinas de los camioneros, sobre todo desde su famoso desnudo integral para un calendario.

Siguieron los primeros papeles en el cine y, a la cuarta aparición, en La jungla de asfalto, de John Houston (195O), como joven amante de un abogado corrupto, sedujo definitivamente al público y a los productores, consiguiendo un contrato de siete años con la Twentieth Century Fox.

En los tres años siguientes, sus tres filmes como protagonista -Niágara, de Henry Hathaway, Los hombres las prefieren rubias, de Howard Hawks, y Cómo casarse con un millonario de Jean Negulesco- la convirtieron en estrella, bomba sexual , hembra ideal de media humanidad.

Esta imagen no se desmentiría ni en Río sin retorno, de Otto Preminger (1954), ni en Siete años de reflexión, de Billy Wilder (1955), que incluía la famosa secuencia de falda levantada por el aire de una reja del metro.

Su segundo marido, el jugador de béisbol Joe di Maggio, no podía refrenar sus celos. Marilyn era demasiado popular. Y, al cabo de nueve años de casados, el divorcio llegó.

Entre tanto, la estrella quería, si no cambiar, completar su personalidad, ser una verdadera actriz. En Nueva York siguió cursos, como una modesta alumna, en el Actor s Studio de Lee Strasberg y Elia Kazan. Y su trabajo profesional fue mejorando desde Some like it s hot, de Billy Wilder, donde aún hacía de tonta irresistible , a El príncipe y la corista, con Laurence Olivier, Bus Stop, de Joshua Logan, y El multimillonario, con Yves Montand.

En todos estos filmes -belleza obliga-, Marilyn seguía encarnado a rubias esculturales, pero con una inteligente y melancólica ironía, como si se burlara amablemente de su mito.

Sin embargo, su vida privada seguía siendo patética. Su matrimonio con un intelectual, el dramaturgo Arthur Miller, fue un nuevo fracaso y curas siquiátricas, abortos, desintoxicaciones y suicidios frustrados se sucedían.

En su último filme completo, The misfits, de John Houston, con Clark Gable y Montgomery Clift, Marilyn, por fin actriz dramática, interpreta a un personaje con visos de autorretrato, angustiado, infeliz, asustado por la crueldad del mundo.

El 5 de octubre de 1962, el cadáver de la actriz fue descubierto en su villa de Brentwood (California). Oficialmente se trató de un suicidio o de una muerte accidental por imprudente exceso de barbitúricos.

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