HISTORIA EN RUINAS

HISTORIA EN RUINAS

Derrumbándose tapia a tapia está la historia arquitectónica de Fusagasugá, y desaparecerá en corto tiempo si no se toman las medidas necesarias para reparar las grandes casonas que alojan esa historia.

01 de junio 1996 , 12:00 a. m.

Son ya varias las casas antiguas que prácticamente han desaparecido por falta de mantenimiento, y otras tantas las que piden a gritos que se les preste atención, pero el municipio no tiene los recursos para hacerlo.

Coburgo (nombre de una ciudad alemana), por ejemplo. es una casona de estilo republicano que data de 1880 y perteneció a la familia Bonnet que, por sus nexos con ese país, construyó la casa como una réplica de las viviendas de esa ciudad, ubicada en Baviera al sureste de ese país, e importó de allí la mayoría de los materiales para su construcción.

Entre sus anécdotas figura que José Asunción Silva sembró uno de los jardines que están en su interior.

Más o menos en 1935 la familia decidió donarla al municipio en la alcaldía de Teodoro Aya y de ahí en adelante se le ha dado diferentes usos. Ha sido hasta calabozo y cuartel de la Policía. Hoy funciona allí la Umata y la Secretaría de Cultura.

Pero ya sus paredes se ven deterioradas, su original color rosado fuerte fue remplazado hace unos años, cuando se decidió recuperarla, por los colores de la ciudad (blanco y verde) y se han ido perdiendo detalles sustanciales de su estructura.

No obstante, una de las medidas serias que se tomó para mantenerla en pie fue haberla declarado monumento municipal.

Otra muy importante construcción de Fusa es la casona Balmoral, que se levantó en 1890 (también de estilo republicano) y se caracteriza porque sus paredes estás adornadas con grandes frescos que, se dice, fueron realizados por un pintor italiano.

Perteneció a la familia Aya Díaz, quienes también tenían nexos con Alemania y al parecer tomaron como modelo las viviendas de ese país. Fue exactamente Manuel María Aya, fundador de la industria cafetera en Cundinamarca, quien mandó a hacer la casa.

Años más tarde, los Aya decidieron hacer una gran urbanización en los terrenos de la casa, para lo cual deberían dejarle al municipio -por ley- un terreno para uso social, y el lugar escogido fue precisamente esta construcción, porque ellos consideraron que se podía adecuar como un museo.

Sin embargo, ningún alcalde la quería recibir porque no sabían qué hacer con ella ante la falta de presupuesto, y sólo hasta el año pasado fue recibida para su administración, pero ya la casa tiene partes completamente destruidas.

Por otra parte, sostiene Carlota Méndez, jefe de Urbanismo del departamento de Planeación municipal, parece que ya no la pueden determinar monumento nacional porque los propietarios permitieron que le quitaran una parte a la casa para que pasara una vía por ahí.

Para recuperar esta casona se requerirían 800 millones de pesos y, por supuesto, el municipio no cuenta con partidas para ello.

Mientras tanto, dijo Méndez, Procomún está haciendo un convenio con la U. de Nápoles que se encarga de restaurar centros y monumentos que tengan patrimonio arquitectónico y cultural, para ver si ellos pueden ayudar.

Más historias En la casona La Palma, de estilo colonial, cuentan que vivió José Celestino Mutis y sembró allí un hermoso magnolio en el patio central. El árbol tiene unos 300 años.

Sus propietarios quieren venderla pero el municipio no puede adquirirla por su alto valor.

La Casa Cultural La Tulipana es la única que ha recibido atención hasta el momento. Se le hicieron obras de mantenimiento como pintura y sostenimiento de vigas. En ella está funcionando la Secretaría de la Mujer.

También perteneció a la familia Aya y fue construida a comienzos de 1900, su estilo es colonial. Según la historia era una casa adicional a la de Balmoral que servía como habitación para los mayordomos. Fue donada entre los años 20 y 30 al municipio.

Existen también las casonas El Molino y el Hotel Sabaneta. La primera data de finales de 1800 y funcionó como centro de higiene. Allí se vacunaba y se atendía primero auxilios.

Este año la alcaldía y la Unidad de Fiscalías hicieron un convenio para restaurarla y utilizar sus locaciones como oficinas.

La historia cuenta que en el Hotel Sabaneta, de estilo republicano, venían a pasar vacaciones los nazis, pero ahora está destruida casi completamente.

Existen otras dos casas, de estilo moderno, que fueron hechas por un arquitecto nazi colombiano. Colcultura las tiene en inventario para ver si las declara monumentos nacionales, dijo Carlota Méndez, jefe de Urbanismo del Departamento de Planeación municipal.

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