ANCÍZAR, EL CAMPEÓN SIN BRAZOS

ANCÍZAR, EL CAMPEÓN SIN BRAZOS

Despertó un 23 de diciembre de 1975 en la unidad de amputados del Hospital Militar de Bogotá. Tenía diez años. No recordaba nada de su accidente. Su realidad era que ya no tenía brazos, pero estaba vivo y su sueño seguía intacto: ser deportista.

02 de junio 1996 , 12:00 a. m.

Veinte años después, en el patio arrendado de una vieja casa del centro de Neiva, Ancízar Correa Trujillo enseña a diez muchachos sus habilidades, su equilibrio y su precisión en el Tae Kwondo. Además, entrena a otros cuatro en la Universidad Surcolombiana (USCO).

Veinte años despuésé tambiené adorna la pared de su habitación con medallas obtenidas en 16 campeonatos nacionales y regionales de esta técnica marcial, en las modalidades de combate, full contac, rompimientos y kick boxing. Ha sido seis veces campeón nacional y cinco campeón regional.

La primera competencia en la que participé dice Ancízar fue en el Tercer Campeonato Nacional Abierto de Cinturones Negros que se llevó a cabo en Cali en 1986. No querían dejarme competir porque no tenía brazos, pero al final, aunque no me fue muy bien en el combate, obtuve un tercer puesto en rompimientos .

Ancízar ha sido deportista toda la vida. A parte de ser cinturón negro segundo dan en Tae Kwondo, juega fútbol, es atleta y nadador. Esta última actividad también le ha permitido obtener algunas medallas en los campeonatos que organiza el Club de Lisiados Físicos del Huila.

Pero sus sueños de seguir adelante no terminan ahí. El próximo semestre será uno más de los estudiantes de sicología de la Usco y hará un posgrado en docencia de la educación física, allí mismo.

Nido de pájaros El 5 de diciembre de 1975, Ancízar salió de su casa con dos de sus hermanos y unos amigos. Fueron a jugar alrededor de una torre de energía. Allá en lo alto estaba un nido de pájaros que le llamó mucho la atención.

Su primer impulso fue ir por él. Subió a la torre, perdió el equilibrio y su instinto de conservación lo llevó a cogerse de unas cuerdas de alta tensión.

Según le contaron despuésé fue conducido de inmediato al Hospital San Miguel de Neiva -ya desaparecido- con serias quemaduras en el tronco, las piernas y los brazos. Dos días más tarde le pronosticaron gangrena en ambos brazos y debieron trasladarlo al Hospital Militar de Bogotá. Ya había entrado en estado de coma.

Diecisiete días más tarde, en vísperas de Navidad, despertó sin sus brazos, rodeado de médicos y familiares, y con una amnesia de lo que vivió quince días antes y en el momento del accidente. Continúa aún con la pérdida parcial de memoria. Lo que sabe de esos días de su vida se lo contó su madre, Aura Ruth Trujillo.

En ese momento lo importante era seguir adelante. Siempre lo comprendió así. Además, contaba con el apoyo incondicional de sus cinco hermanos (dos hombres y tres mujeres), de su padre y de su madre. El es el tercero.

Su primera prótesis la adquirió en el Hospital Militar. Luego, en 1980 cuando tenía 15 años viajó a los Estados Unidos y conseguir la segunda, gracias a los contactos que hizo su madre con Nydia Quintero de Balcázar a quien conocía desde la juventud. La tercera y actual la obtuvo, cinco años después, por intermedio de Yolanda de Villegas, esposa del entonces gobernador del Huila .

Con la prótesis hago casi todo , dice Ancízar mientras ríe mostrando una dentadura blanca y pareja. Mientras dialoga, fija la mirada en su interlocutor. Ni siquiera pestañea. Habla despacio y suave. Sus ojos negros, muy negros parecen hipnotizar.

Ancízar continuó sus estudios primarios en Bogotá y luego regresó a su ciudad a estudiar el bachillerato. Recuerda con cariño la ovasión de sus compañeros el día de su grado en el colegio Reynaldo Matis. Después, decidió estudiar licenciatura en Educación Física en la Universidad Surcolombiana.

Sueños Este huilense de pura cepa, nacido en Garzón un 3 de julio de 1965, dice que lo más importante que le ha pasado en la vida fue el nacimiento de su hijo, Ancízar Correa Zamora.

Hace dos años se fue a vivir con su mamá a Cali. El niño tiene seis años y medio y lo veo dos veces al año , dice y no cuenta más, porque sobre su vida sentimental es completamente hermético.

Ahora, en medio de un patio alquilado, un nuevo sueño suyo se hace realidad. Su Academia de Tae Kwondo Los Guerreros recibe diariamente a diez alumnos, durante una hora, todas las noches. Desde hace 13 años es profesor de este arte marcial.

Hernando Quintero, uno de sus alumnos desde hace dos años, dice que Ancízar es un buen profesor. El impedimento físico no tiene nada que ver con su enseñanza. A pesar que al principio lo vi como un hombre regañón y muy serio, luego comprendí que es estricto , afirma Quintero.

Al terminar la clase, Ancízar se despide a su modo, como algún día se le ocurrió: levantando un poco sus piernas para tocar suavemente el borde interno del pie de quien se va o de quien llega.

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