Emiro Garzón, entre héroes asesinados y lavanderas

Emiro Garzón, entre héroes asesinados y lavanderas

La primera escultura que Emiro Garzón hizo en Bogotá no la pudo firmar. Fue en 1989, en pleno auge de la violencia del narcotráfico, y está hoy ubicada en la avenida de las Américas con 43: es de Jaime Pardo Leal.

18 de agosto 2008 , 12:00 a.m.

Según él, firmar su obra en esa época habría sido un suicidio, no obstante, su autoría le dio reconocimiento entre un pequeño círculo de intelectuales.

En esa época, Emiro era un hombre de izquierda, pobre y que proyectaba una obra sociopolítica.

Hoy, 19 años después, Emiro Garzón está en una casa finca llena de jardines y esculturas que funciona como su taller en La Jagua (Huila).

Allí esculpe el busto de otra víctima de la violencia: Jaime Losada Perdomo, el ex gobernador de Huila asesinado por las Farc en diciembre del 2005.

Le hace un busto en bronce por encargo de los hijos de Losada, secuestrados y liberados por las Farc, que será ubicado en Neiva y que tendrá su firma, hoy reconocida en el mundo del arte.

"La escultura la deben ver ahora los Losada, para que den el visto bueno, si dicen que sí, estará fundida en bronce e instalada en Neiva en tres semanas", dijo el escultor.

Pero a Emiro las esculturas de líderes políticos asesinados no le dieron reconocimiento. Lo hicieron unas mujeres de ropas ligeras y de poses sensuales levemente inclinadas sobre un lavadero de ropa, hechas en bronce y conocidas como las ‘Lavanderas’.

Estas fueron las que lo lanzaron a la fama y le dieron valor a su obra.

Ellas y las mujeres ‘culonas’, como él llama a otras de sus obras que rinden culto a la mujer, lo llevaron a Tokio, Nueva York y Friburgo (Suiza). Y varios premios y reconocimientos.

Emiro, un hombre romántico, de 58 años, enamorado de las mujeres y que ha tenido tres esposas, empezó haciendo flores de papel impermeabilizado cuando tenía 16 años. “Con eso armé una pequeña empresa familiar de la que comimos del 66 al 74”, dice al recordar sus épocas de pobreza.

Nació en Belén de los Andaquíes, (Caquetá), el 7 de mayo de 1950, en una familia de cultivadores de café. Estudió en la desaparecida Escuela de Bellas Artes de Neiva y fue pupilo del padre Rafael García Herreros, quien le pagó por hacer siete esculturas en el Museo del Minuto de Dios.

Su primera obra la hizo en Neiva, en 1977, de 15 toneladas y 6 metros de alto

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