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VICTORIAS DE CHICOS Y GRANDES

VICTORIAS DE CHICOS Y GRANDES

Un verdadero carnaval se vivió en La Candela, sede del Club Boca Juniors, en donde las selecciones Sub-17 y de Mayores jugaron sus primeros partidos de preparación en la presente temporada.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
16 de enero 1995 , 12:00 a. m.

Los dirigidos por Willington Ortíz y Hernán Darío Gómez, salieron victoriosos ante los representantes del Valle, 5-0 y 2-0, respectivamente.

Pero más allá de lo que ocurrió en el terreno de juego quedó un aspecto muy positivo: la fe en el nuevo proceso del fútbol nacional.

Había que estar ahí, en La Candela, para comprobar el amor que siente la gente por sus representantes.

Nunca pensé una aclamación del público como la de hoy. Apenas estamos comenzando un trabajo y ya se siente el calor humano , decía el Bolillo Gómez, mientras observaba el comportamiento táctico de los pelados del Viejo Willy .

Los muchachos de la Sub-17 reiniciaron sus compromisos luego de haber ganado la medalla de oro en los Juegos de Odesur porque nuestra consigna es conseguir un cupo al Mundial de Ecuador. A los muchachos les he indicado que aquí no hay rosquilla y menos rosca. Por eso, todos debemos trabajar para alcanzar el objetivo , manifestó Ortiz.

Mientras los dos técnicos intercambiaron algunos conceptos, ahí, en el interior de La Candela, cómodamente sentados en la tribuna, se hicieron presentes dos mil aficionados y afuera, observando por la malla y complicando el tránsito de los vehículos, cinco mil personas aguantaron una temperatura de 35 grados centígrados.

Todos querían palpar a sus ídolos. René Higuita posó con quien se lo solicitó. Hamilton Ricard firmó gran cantidad de autógrafos. Alex Comas respondió todas las preguntas. Jorge Bermúdez sostuvo en sus brazos a los niños que sus padres quisieron tomarles fotos.

Lo mejor de este grupo es que son muchachos muy sencillos. Ojalá sigan así, después que comiencen a ganar a nivel internacional , dijo un aficionado luego de conseguir las firmas de los jugadores del combinado mayor.

Arley Betancurt, a un costado de la cancha, hizo un trabajo liviano debido a una contractura.

Al finalizar los dos partidos, cada uno de 70 minutos, los jugadores de ambas selecciones se fueron en medio del aplauso. Importó poco el tipo de movimientos que hicieron ni el marcador final. Aquel aplauso representó una especie de símbolo con el cual una nación empieza de nuevo a soñar.

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