LA SUERTE NO PODÍA AYUDAR MÁS

LA SUERTE NO PODÍA AYUDAR MÁS

Colombia pagó con su eliminación la osadía de jugar siempre en el filo de la navaja en este Juventud de América y se devuelve en medio de un mar de reflexiones porque apuntalaba como uno de los equipos sensación en el torneo.

18 de enero 1995 , 12:00 a.m.

No fue capaz de ganarle a Paraguay (1-1), pese a tener todo servido en bandeja de plata, al disponer en los último cinco minutos de tres mano a manos con el arquero Limenza.

Ese camino de bordear siempre el abismo empezó justamente frente a Chile. Se ganaba 3-1 a dos minutos del final, con un par de sendas ocasiones de anotar y terminó 3-2 por una barrera mal hecha en un tiro libre. (Ese gol nos tendría ahora con vida).

También vale recordar la derrota contra Brasil. Esta noche Chile nos brindó la mejor lección: recurrió a sus mejores hombres de toque para quitarle la pelota a los brasileños y fue dinámico para progresar y llevar una constante zozobra al arco auriverde.

Colombia, en cambio, simplemente se resignó a tener el balón, a especular olvidándose de atacar, sabiendo que en el banco tenía a jugadores de este perfil como Neider Morantes o Juan Guillermo Villa.

Y este martes en el juego contra Paraguay, Colombia estaba bloqueado mentalmente, todavía arrastrando ese fantasma del gol brasileño el domingo, con una actitud pasiva, sin definirse si ir a buscar el partido o enconcharse para defender.

De antemano, todos le apostamos a Colombia frente a Paraguay. Por lo tosco del fútbol guaraní, por su falta de claridad, por ese burdo tránsito con la pelota, porque más allá de la fuerza y las ganas, no brindaban argumentos como para pasarle por encima al equipo colombiano.

Pero se perdieron 45 minutos mientras se tomaba la determinación. A Hurtado se le encomendó la labor de Ciciliano, pero bien se sabe que este vallecaucano es un hombre de potencia arrancando de tres cuartos de cancha hacia adelante. Ni se animó a ir ni defendió. Para colmo, se colocó a cuarenta metros de Giovanny Hernández, por lo que este volante siempre quedó acorralado entre dos y tres enemigos, sin saber a dónde ubicar la pelota.

En el complemento, la entrada de Neider Morantes (era el titular en la tarde del lunes), le dio otra fisonomía al equipo colombiano, por el manejo, la claridad mental y la asociación del antioqueño. Allí fue cuando en realidad se vio la capacidad nacional para desequilibrar en el fondo paraguayo, en donde cada pelota a ras de piso les propiciaba un sufrimiento enorme.

Pero vino la desconcentración defensiva, un pelotazo por el callejón, y González (ya había ganado uno similar en el primer período), entró al área en donde fue cruzado por Fula: pena máxima y expulsión. El 1-0 que ejecutó Villalba.

Con todo y eso, con la inconsistencia que aparentemente se dejaba en el medio (retrasado Arley Rodríguez dejando solo a Bolaño), Colombia manejó los hilos del partido gracias a lo que mejor interpreta: el toque de pelota, exquisito y profundo.

Y por eso llegó el tanto del empate a los 22 minutos: una tocata con Neider, Giovanny y Castillo, que culmina con un rebote en la defensa paraguaya y la bola se metió.

Tuvo Paraguay para aumentar (un remate en el palo y una media vuelta de González que se fue increíblemente por encima), pero Colombia con nueve hombres (expulsaron luego a Bolaño), se las ingenió para crear tres claras opciones sobre el final.

Pero Juan Pablo Angel, fatal esta noche, marró dos oportunidades y Morantes otra. Con la suerte tampoco se podía jugar más...

Y por la demostración chilena, en su triunfo sobre Brasil 3-2, hubiera sido injusta la eliminación austral. Porque creyó en su propio estilo, expuso sus convicciones y fue audaz para sacarle la pelota a Brasil y complicarle la vida.

Chile, al final del primer tiempo, se fue en ventaja por Barraza. Empató Brasil por intermedio de Glaucio a los 17 minutos del complemento. Los auriverdes marraron pena máxima a través de Claudinho; Chile volvió a tomar ventaja a los 33 por Rozental, pero Glaucio se inventó un sensacional sombrero para el 2-2 a los 35.

Un partido de infarto, dramático, con un Chile con toda la carne en el asador, con un Brasil que sin llegar a su máxima expresión, tampoco regalaba nada...

Hasta cuando llegó ese fenomenal tiro libre de Rozental, a los 37 minutos, que selló la victoria chilena y su paso a la final en Santa Cruz.

Colombia quedaba al margen con un equipo que alcanzó a diagramar en el horizonte una esperanza... Pero todo se diluyó en medio de sus propias dudas.

Como dicen en la calle: mató al tigre (Chile) y se asustó con el cuero (Paraguay).

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