SE APAGO LA PIPA DE ALEX GORAYEB

SE APAGO LA PIPA DE ALEX GORAYEB

No he pensado cómo me gustaría morir. Tampoco lo quiero pensar. Sin embargo, creo que me gustaría morir trabajando, en plena actividad .

25 de mayo 1996 , 12:00 a.m.

Con esas palabras, publicadas el 17 de abril de 1989, en un reportaje de Todo Deporte del diario El Siglo, Alexander Gorayeb, o mejor, simplemente Alex, imaginó cómo sería su último acto en esta tierra.

En la mañana de ayer, a los 73 años, un infarto al corazón lo sorprendió en un avión (viajaba de Cali a Miami). Gorayeb fue uno de los dirigentes del fútbol colombiano más importantes y visionarios en toda la historia.

Alex, un trotamundos nacido en Filipinas, ancló en Colombia el 2 de octubre de 1950 y desde ese momento hizo de Cali su mundo.

Porque no solamente se radicó allí, sino que su pasión por el deporte lo llevó a convertirse en el alma del Deportivo Cali, equipo del que se volvió hincha por llevar los colores verde y blanco.

Gorayeb, que vivió su infancia y juventud en Beirut (de allá eran sus padres), conformó un equipo de fútbol en la capital libanesa con un grupo de amigos suyos de pretensiones intelectuales. Una decisión extraña porque su pasión de muchacho era el baloncesto. El uniforme de ese onceno también era verdiblanco...

Alex, en 1958, decidió integrar la directiva del Cali para hacer de ese equipo uno de los más grandes del país. Y lo logró. Las cinco estrellas que aparecen en el escudo azucarero tienen su brillo y, como si fuera poco, llevó a su amado Deportivo Cali a la final de la Copa Libertadores de América, en 1978, la primera vez que un cuadro colombiano se metió en la definición del certamen de clubes más importante del continente.

Hoy, 18 años después de esa finalísima contra los argentinos del Boca Juniors y 22 almanaques más tarde del último título en el campeonato local, el Deportivo Cali es el más opcionado para levantar el trofeo de la temporada nacional... Y Alex no estará.

El fútbol fue su vida. Y a la pelota le dedicó sus mejores ideas, al punto de defenderlas con tal obstinación que su fama de tirano o dictador en la presidencia del Cali se expandió. Además, impuso, ciertos lineamientos para manejar las Selecciones Colombia, como el Plan Vidinic , en la década de los setenta, o la Era Bilardo , a comienzos de los ochenta.

Su terquedad, el hablar duro, sus uno ochenta de estatura y su inseparable pipa. le crearon la fama de prepotente. Es que, por lo general, lo que él decía se cumplía.

Y esa solidez de personalidad, su honestidad, su empuje y su gran visión para el fútbol fueron algunos de los requisitos que lo llevaron, en 1989, a ser el Presidente de la Dimayor.

Una época gris para el balompié colombiano, infiltrado por dineros de las mafias. A Gorayeb le tocó suspender el campeonato a raíz del asesinato del árbitro Alvaro Ortega... Una decisión que lo llevó a exiliarse , por un tiempo, en Roma, por amenazas contra su vida.

Gorayeb fue un hombre perfeccionista, que en su extraño acento entre árabe, francés y caleño (sin eres y con las eses pegadas), llamó al pan, pan, y al vino, vino; muchas veces utilizando como herramienta su negro sentido del humor.

Prueba de ello son algunas de sus frases como en el fútbol, un buen portero y un buen puntero derecho siempre son locos , dicen que los policías son unos brutos con bolillo. Entonces los periodistas son unos policías con micrófono , Usuriaga, en comparación a los jugadores que me tocaron en el Cali, es Santa Teresita ...

Ese era uno de sus sellos, como la pipa que siempre lo acompañó. Tenía una colección de por lo menos tres docenas regada por todas partes: en su casa, en la oficina, en el carro... Y esas bocanadas las acompañaba todas las noches con un vaso de whisky.

Gorayeb, que según él mismo significa el pequeño extranjero , tomó la nacionalidad colombiana porque patria es el lugar donde a uno lo tratan bien , decía. Tal vez por eso fue que se quedó en Cali, a pesar de haber estado en Egipto, Estados Unidos y Francia.

Alex, que inició estudios de derecho pero se aburrió, que fue corresponsal de prensa para un diario francés en Líbano, se destacó, además, como administrador. Tenía una empresa de ganchos, clips y fabricaba cualquier cosa que fuera de alambre de acero.

De sus costumbres libanesas le quedaron sus creencias religiosas (era maronita, grupo cristianos en tierra musulmana) y el gusto por la comida árabe. Sin embargo, pocas veces la degustaba porque lo engordaba.

Ayer se detuvo el corazón de Alex Gorayeb. Un hombre que dedicó sus mejores años a Colombia y su fútbol, un hombre que vivió enamorado del Deportivo Cali y que marcó toda una era en la historia de la dirigencia deportiva nacional.

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