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Los mensajes de la marcha

Los mensajes de la marcha

La marcha del 20 de julio por la libertad de los secuestrados y en contra del secuestro fue un acontecimiento histórico. Millones de personas salieron a caminar y a manifestarse políticamente. El rechazo al secuestro es el mensaje evidente de la marcha, pero hay otros implícitos.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
28 de julio 2008 , 12:00 a. m.

Es bueno recordar que al 20 de julio se llegó luego de diez años de crecimiento y maduración de la conciencia ciudadana sobre su rol en los esfuerzos por terminar la violencia política en Colombia.

Hace una década se dio el movimiento del ‘no más’, que si bien expresó un rechazo vehemente al secuestro y demás prácticas violentas de las guerrillas y paramilitares, también llamaba a las partes, es decir Estado e insurgencia, a emprender el camino del diálogo y la negociación. Finalizando el gobierno Samper y durante el gobierno Pastrana la movilización ciudadana fue por la negociación. En 1997, diez millones de colombianos votaron el Mandato Ciudadano por la Paz.

El fracasado proceso del Caguán y la visión del conflicto pregonada durante estos seis años por el presidente Uribe han modificado el espíritu nacional.

Muy buena parte de la motivación por la cual se hicieron esfuerzos de negociación con las guerrillas estaba en la premisa de que solo por el diálogo y los acuerdos políticos era posible llegar a la paz. Hoy, esta idea, que dominó la mirada del conflicto por 20 años, es minoritaria. La gran mayoría de la población cree que es posible derrotar militarmente a las Farc, pide al Gobierno que persista en el esfuerzo bélico y solo ve la salida negociada como marginal, como una rendición de la guerrilla asumida con generosidad por el Estado.

La marcha evidencia que el tiempo de la revolución armada ya pasó. Hay dos hechos que por lo protuberantes parecen olvidarse, pero configuran el presente: ya no existe un referente mundial para la lucha revolucionaria, el comunismo internacional desapareció hace 18 años, y el 11 de septiembre modificó la percepción sobre la relación de violencia y política, entre medios y fines.

La marcha fue nuevamente contra las Farc, organización que se implantó en el inconsciente colectivo de la nación como el gran enemigo. Las acciones de la guerrilla han sido tan crueles que han provocado una indignación ciudadana inmensa, y de un sentimiento donde predominaba el temor se pasó a uno donde el odio es evidente.

Fue expresión de la gran mayoría. Pero, al lado de ese país que caminó de blanco, hay otro, mucho más pequeño, rural y marginado, de donde salen las Farc. Allí se vive distinto, de una manera que nos es imposible comprender a quienes vivimos en ciudades y con acceso a los privilegios de la vida moderna. Que alguien se vincule a la guerrilla nos parece de locos. Pero allá tiene una racionalidad.

El espíritu que la motivó, de rescatar la dignidad de las personas y especialmente la de quienes están secuestrados, tiene que sintonizarse con este pedazo de Colombia marginado. Ignorarlo no hace bien para la nación. Y son muchas las contradicciones e injusticias, no vinculadas al conflicto armado, en las cuales debemos trabajar. Simplificar el país a la lucha contra la guerrilla es muy riesgoso.

La posición vehemente contra la violencia como medio de expresión política es muestra de desarrollo social, pero esta madurez solo será completa cuando se puedan ver las diversas facetas del fenómeno, de una violencia que no sale de la nada, que refleja unas condiciones sociales que deben ser atendidas. La firmeza es benéfica si viene de la mano del entendimiento.

En este terreno de los medios y los fines, aunque hoy nadie le ve importancia al uso que se dio al emblema del Comité Internacional de la Cruz Roja y el de una ONG humanitaria española en la operación ‘Jaque’, esto debe prender las alarmas sobre los procedimientos militares, porque, a pesar de su limpieza, esta fue una operación militar. La misión médica y humanitaria debe ser sagrada para el Estado. Hay una gran diferencia entre el Estado y los ilegales en la confrontación: el primero debe observar con rigor la legalidad en los medios. Ojalá no se repita esta ligereza.

ricardocorrearobledo@gmail.com

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