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Las marchas de ahora

Las marchas de ahora

Las tres grandes marchas ciudadanas contra el secuestro y la guerra ocurridas en la primera mitad del año desbordaron no solo las fronteras nacionales sino el propio modelo de la protesta colombiana.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
27 de julio 2008 , 12:00 a. m.

El carácter de la movilización popular cambió notoriamente desde los años 90. En los tres decenios anteriores la protesta social corrió por cuenta de sindicatos, asociaciones campesinas, juntas comunales, organizaciones barriales, y actuó fundamentalmente bajo el mando de la izquierda.

A partir de los 90, con el auge político de la derecha y el desequilibro internacional del trabajo asalariado por la economía globalizada, el carácter de la movilización popular cambió. El escenario empezó a ser ocupado por las acciones de escala regional y nacional desplegadas por las minorías indígenas y negras, el amplio espectro de los trabajadores informales, las organizaciones de mujeres y población lgbt que ganaban derechos de participación social que nunca antes habían tenido.

Y en toda esa nueva muchedumbre descontenta descollaba la juventud en sus más diversas expresiones políticas y culturales. Esas nuevas generaciones descontentas estaban por fuera de los linderos ideológicos tradicionales y de la misma izquierda.

A fines de mayo pasado el prestigioso analista Noam Chomsky dio a conocer su pensamiento sobre los efectos que el movimiento mundial de 1968 ha tenido en los desarrollos universales contra las políticas de guerra. “En las postrimerías de los años 60 –afirmó– se suponía que las masas debían ser pasivas, no se escuchaban sus voces y no podían entrar en la escena pública (...) En 1968, por ejemplo, era inimaginable que se llegaría a crear, en 1980, un grupo de solidaridad internacional. Actualmente la democracia es incluso más fuerte que en 1968. Hay que recordar que al principio de la guerra de Vietnam no hubo oposición. La oposición se desarrolló, pero solo seis años después, cuando John F. Kennedy atacó Vietnam del Sur y creció el número de víctimas. En cambio, en la guerra de Irak la oposición ha estado presente desde el principio, incluso antes de que se iniciara el primer ataque. La guerra de Irak es el primer conflicto de la historia occidental en el que ha habido manifestaciones masivas contra una guerra incluso antes de que comenzara”.

También entre nosotros el principal dispositivo que accionó el cambio de la protesta social fue la guerra, la fatiga generalizada y el odio que despertó la prolongación del conflicto armado interno. Esa población en marcha le contó al país que estaba afectada por el conflicto y era víctima de todos sus promotores: paramilitares, guerrilleros, fuerzas armadas oficiales.

El discurso insurgente de la vieja izquierda ya no calaba en los vastos sectores sociales, airados por las matanzas, los secuestros y los desplazamientos forzosos. Para los millones de víctimas de la guerra ya no vale la prédica de que su protesta los encasilla en las posiciones de un gobierno intolerante, corroído por la corrupción y enlazado con actores e instigadores de la violencia. En audiencia pública realizada el 4 de julio pasado el cabildo indígena de Corinto resumió ese sentimiento generalizado con las siguientes palabras: "Acá hay un grupo que se llama Ejército Nacional y hay otro grupo que se llama Ejército del Pueblo, pero ninguno de los dos nos respeta".

Las movilizaciones contra la guerra no van a continuar desarrollándose por simple generación espontánea. Se requiere que las agrupaciones políticas democráticas intervengan y alienten la protesta. Los sindicatos estadounidenses no habrían ido tan lejos en el rechazo del TLC si no hubieran obligado a intervenir al partido demócrata.

El Polo Democrático Alternativo acaba de dar un viraje en su errada conducta de aislarse de las marchas nacionales contra el secuestro y la guerra, y expresó su resuelto apoyo al extraordinario despliegue del 20 de julio.

Fecode fue todavía más explícita y afirmó: “Quienes, en nombre de la izquierda, mantienen secuestrados tienen que comprender que este crimen execrable ha contribuido como el que más, de una parte, a su aislamiento nacional e internacional, y de otra, a que el régimen uribista justifique su política militarista y defienda ante la hastiada opinión las soluciones de fuerza”.

No es que haya cesado la movilización popular tradicional. Ella sigue en manos de sindicatos, estudiantes, habitantes de barrios marginados y trabajadores informales de todo tipo, e incluso el volumen de la misma ha crecido en 2008 en comparación con el año anterior, pero solo raramente los grupos políticos aparecen apoyando las protestas. No hay comparación con las movilizaciones que se conocieron en los años de exterminio de la UP, en medio de exiguas garantías democráticas, con una izquierda cuya fuerza electoral era la décima parte de la actual

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