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Septimazo invadido por la anarquía

Septimazo invadido por la anarquía

Minutos antes de las 5 de la tarde, decenas de vendedores ambulantes se apostaron en las orillas de la carrera Séptima el pasado viernes, listos a desplegar sus toldos con toda suerte de artículos: ropa, artesanías, cachivaches, juguetes y discos y libros piratas.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
27 de julio 2008 , 12:00 a. m.

Solo esperaban que los policías de tránsito restringieran el paso de vehículos por la vía más tradicional de Bogotá, entre la Plaza de Bolívar y la calle 26, para que se iniciara el Septimazo cultural, evento que se realiza cada viernes desde febrero del 2007.

Por las esquinas de las calles 18 y 22 también aparecieron los triciclos y carritos de venta de arepas, hamburguesas, chorizos y jugos.

Pero esta vez, el escuadrón de policías que patrulla el Septimazo tenía la misión de impedir la invasión del espacio públco con ventas callejeras y decomisar los productos a quien no acatara la orden.

Este hecho se dio, curiosamente, después de que EL TIEMPO indagara ante diversas entidades distritales sobre quejas de ciudadanos relacionadas con este evento.

Sorprendidos, los ambulantes esperaron varios minutos con la mercancía empacada en maletas y bolsas. Al rato, muchos se marcharon.

La Policía solo permitió la presencia de saltinbanquis, cantantes, cuenteros y vendedores de llamadas por celular.

Ocho días antes y tal como ocurrió durante los últimos meses, el panorama del Septimazo había sido completamente diferente: desde las 5 de la tarde hasta las 9 de la noche, los andenes y el pavimento de la carrera Séptima se convertían en un desordenado mercado persa por el que ni siquiera se podía caminar.

El Septimazo perdió el espíritu lúdico y recreativo con el que se creó (ver recuadro).

Las ventas de comidas rápidas y las estufas improvisadas andaban al garete, el consumo de droga se olía en cada cuadra y la piratería y los ladrones hacían su agosto.

El mejor negocio Apenas hace cuatro semanas, Amanda Rivera, vendedora de bolsos, cachuchas y chaquetas, decidió probar con el Septimazo, y halló en este lugar el mejor punto de venta para sus productos. Pero también se dio cuenta de que el ambiente era ‘pesado’. “Aunque la Policía vigila –dice–, hay mucho ladrón, vicio, desorden y basura”.

Pascual Obregón es otro de los ambulantes que aprovechan el Septimazo para conseguir mejores ingresos para su sustento. Asiste desde hace 10 meses y afirma que cada viernes vende “facilito” mil chuzos a 1.500 pesos cada uno.

“Esta es una oportunidad para el pobre. Aquí hago la mejor venta de la semana. A la gente le gusta el Septimazo porque viene a divertirse y a comprar cachivaches”, comenta Obregón.

Las opiniones de los comerciantes formales que están a la vera de la carrera Séptima son diversas. Para algunos, la aglomeración de gente, la inseguridad y las ventas ambulantes durante el Septimazo provocan la reducción de las ventas en los almacenes.

Sin embargo, Yesid Lozano, vendedor en un almacén de ropa, cree que este evento es una actividad buena, con un ambiente chévere que le permite a la gente salir a la calle y distraerse.

El defensor del Espacio Público, Germán Darío Rodríguez, reconoce que los informales convirtieron el Septimazo en un espacio anárquico y en una fórmula para vender todo tipo de productos, piratería y contrabando.

Peor aún, la vía que la Alcaldía Mayor enarbola como ícono de la recuperación del espacio público en la ciudad ha vuelto a ser invadida a diario por las ventas ambulantes.

“El viernes iniciamos un plan presencia en la Séptima para evitar que se sigan ubicando en los andenes y para que el Septimazo recupere la invocacion de generar un espacio lúdico y de recreacion”, argumenta el Defensor.

La filosofía que originó el evento.

En junio del 2005, el alcalde Lucho Garzón creó el Septimazo con el objetivo de fomentar entre los bogotanos la apropiación de la carrera Séptima y recuperar el espacio público y la productividad de la zona.

Con estos objetivos el Septimazo debía ofrecía actividades culturales y recreativas, así como rebajas y ofertas por parte de los comerciantes formales para atraer a los visitantes.

Desde el 2 de febrero del 2007, se determinó realizar el Septimazo todos los viernes.

Se calcula que cada viernes asisten al Septimazo al rededor de 700 mil personas.

En el 2007, la encuesta del Observatorio de Cultura Urbana reveló que 63 por ciento de los asistentes acudía por interés en las actividades culturales que se programan

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