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Otra vez Ortega

Otra vez Ortega

El duro discurso del embajador colombiano ante la OEA, Camilo Ospina, contra el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, en la sesión de ayer del Consejo Permanente, en Washington, y la respuesta del representante de ese país pusieron de presente una vez más que los elementos de fondo que desataron la crisis regional a raíz del ataque al campamento de ‘Raúl Reyes’ en marzo siguen intactos.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
25 de julio 2008 , 12:00 a. m.

Las relaciones con Venezuela se han recompuesto a partir de la reunión de Uribe y Chávez y de los pedidos del coronel a las Farc de que cesen la lucha armada (de allí que parezca cuando menos curioso que el ministro Juan Manuel Santos revele en E.U. que en la operación ‘Jaque’, además del símbolo de la Cruz Roja, se usó uno de Telesur, cadena que financia Chávez). Con Ecuador la relación sigue rota –en buena parte por la negativa del presidente Rafael Correa de revivirla–, pero las declaraciones altisonantes han dado paso a cierta reserva y moderación.

El contraste no puede ser mayor con la actitud de Daniel Ortega. Este no solo aprovecha la menor ocasión para llamar “hermanos” a los líderes de las Farc, no solo dio asilo a dos guerrilleras colombianas sobrevivientes del ataque al campamento de ‘Reyes’, sino que se dijo dispuesto a hablar con esa guerrilla sin permiso colombiano.

Esto contradice las más elementales prácticas internacionales y, además de provocar la justificada protesta de la cancillería colombiana, fue la gota que colmó el vaso en la sesión de ayer en la OEA. El embajador Ospina fue categórico: “Señor Ortega, ayúdenos a sepultar el cadáver de las Farc. No se sepulte con ellos”, dijo. Lo criticó por abusar de la prensa y la oposición en su país y dijo que Colombia podría demandar a la administración nicaragüense, pues el apoyo abierto a las Farc viola resoluciones de la ONU, la Carta de la OEA y la Convención Interamericana contra el Terrorismo. Su contraparte nicaragüense, Dennis Moncada, no respondió a las acusaciones, pero ripostó calificando a Colombia como un “narco-Estado” que desestabiliza la región, revivió el diferendo marítimo e insistió en su derecho de intervenir en el conflicto colombiano, alegando que afecta a la región.

Tal enfrentamiento no se veía desde los días siguientes al ataque al campamento de ‘Reyes’. Para colmo, una versión del diario La Prensa –fuerte opositor del sandinismo– alborotó el cotarro. Aunque fuentes colombianas no lo confirman, el diario sostiene que varios jefes de las Farc habrían participado en las conmemoraciones nacionales nicaragüenses, el 19 de julio, y habrían sido transportados hasta allá en un avión privado de la petrolera venezolana PDVSA. De ser cierto, esto podría tener implicaciones, pues los presuntos ‘visitantes’ tienen orden de captura de Interpol, que Nicaragua debe observar.

Es evidente que los líos internos crecientes que enfrentan Ortega y su peculiar personalidad política lo llevan a buscar el dudoso protagonismo de aliarse a una de las organizaciones más desprestigiadas del planeta, como las Farc. Pero esto no quita que, sean cuales sean las razones, el fantasma de los enfrentamientos y las crisis sigue planeando sobre la región, con Colombia en el centro de ellos. Lo cual pone a prueba a la OEA. Y, de paso, a Hugo Chávez, cuya influencia sobre Ortega es de sobra conocida. Después de las favorables señales públicas y privadas que ha dado últimamente a Colombia y al propio Uribe, sería bueno saber qué le dice al oído a su socio menor en el Alba. ¡Sobriedad, presidente Ortega, sobriedad!

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