Comando sin control

Comando sin control

Estamos presenciando la desintegración de las Farc. Dice el dicho: si nada como un pato, camina como un pato y grazna como un pato, es un pato. Hasta hace poco, pocos querían ver el pato. Es normal, a veces la rapidez del cambio rebasa nuestra capacidad de percepción. Pero la evidencia se acumula tercamente, los síntomas ya no deja duda: las Farc son un paciente terminal.

20 de julio 2008 , 12:00 a. m.

La enfermedad de las Farc tiene nombre: se llama "pérdida de comando y control" (o, en la expresión más castiza, "de mando y control"). Toda organización de tipo militar requiere de un direccionamiento y de una transmisión eficaz de ese direccionamiento, que es lo que es comando y control. Algo así como el cerebro y el sistema nervioso de la organización.

Por eso, algunos autores (van Creveld) lo definen como “la función que se tiene que ejercer continuamente para que un ejército pueda existir y operar”. Para que pueda existir, por que del comando y control depende la logística, la sanidad, etc.; y para que pueda operar, porque sin comando y control es imposible planear, ejecutar y monitorear cualquier operación.

Las Farc han tenido desde siempre enorme retos de comando y control. La extensión del territorio, que tanto favoreció su crecimiento en silencio, se convierte en una debilidad a la hora de direccionar un despliegue tan disperso. Y su sistema de financiación, en el que la periferia alimenta al centro, les crea fuerzas centrífugas. Para compensar, las Farc están obligadas a mantener un sistema colegiado y fluido de comunicación que ponga tranca a las ruedas sueltas y dé una apariencia de dirección.

Ese sistema se atrofió. Como el cerebro que carece de neurotransmisores y cae en un Parkinson, las Farc se bloquearon: literalmente no se pueden comunicar. Esa es la queja de Cano: “Estoy consiguiendo otra antena para adelantar nuevos intentos de comunicación con Iván. Es una fatalidad lo que nos sucede” (mayo de 2005); “Las dificultades en las comunicaciones… estrecharon mucho el tiempo de consultas para la elaboración del saludo de fin de año" (enero de 2006); “Las comunicaciones nuestras están muy difíciles por los operativos militares tan tenaces que nos tienen” (noviembre de 2007).

Las permanentes operaciones y la recuperación del control territorial aislaron a las Farc. Pero también el miedo de los cabecillas de caer en un operativo atomizó la organización: las comunicaciones se reducen al mínimo y se hacen por intermedio de terceros. Cuando antes hablaban por satelital, hoy mandan un correo humano por una trocha con una USB metida en la ropa interior.

El dilema del comando y control es cómo equilibrar la necesidad de obtener la mayor cantidad de información posible con la urgencia de actuar antes de que la información se vuelva obsoleta. Una organización que tiene que esperar dos semanas a que aparezca un correo humano es una organización paralizada.

Esa es la explicación del éxito de la operación ‘Jaque’: el reconocimiento de que los cabecillas están obligados a comunicarse por terceros. Una vez quedó claro que era posible mover los piñones de la máquina sin que se supiera quién daba cuerda –y los hombres de inteligencia que lo hicieron son los héroes ocultos de ‘Jaque’– el problema se redujo a encontrarle una solución táctica al rescate. ‘César’ y ‘Gafas’, sin saberlo, ya estaban arrinconados. Se optó entonces por la solución más valerosa y más elegante que se pueda imaginar: un rescate militar sin armas.

Comando y control es más que comunicación. Es la capacidad de hacer efectiva la autoridad y el concepto operacional del comandante. Abunda la evidencia de un quiebre en las líneas de mando de las Farc. Tomemos el caso de Emmanuel. Tres semanas después del chasco, el ‘Mono Jojoy’ informa al secretariado (enero 17): “Esclarecimos quién dio la orden de sacar a Emmanuel sin consultar al EMBO, fue ‘Gentil’ comandante del 7 Frente”.

‘Jojoy’ en efecto está reconociendo que ni manda ni controla: mientras el secretariado prometía la liberación de Emmanuel, su subordinado ‘Gentil’ hacía años había sacado al niño, sin decirle una palabra.

¿Y qué decir de la autoridad de ‘Cano’? Elegido a dedo sin consultar al Estado Mayor Central, ‘Cano’ comienza con un mando tensionado. En los cambios del secretariado, los que pasaron los últimos años escampando en las montañas o en otros países (el mismo ‘Cano’, Catatumbo y ‘Márquez’) se quedaron con la torta, mientras que los Bloques Oriental y Sur que pusieron el desgaste pasaron en blanco. Los desmovilizados ya hablen de divisiones: “va a haber divisiones, en realidad ya las hay, la gente del ‘Mono’ con la gente de acá: con ‘Alfonso Cano’, Catatumbo”.

Ante todo, comando y control es la transmisión efectiva de un propósito o concepto operacional. ¿Qué propósito pueden comunicar las Farc, cuando andan como el proverbial barquito de papel en medio de un torbellino? Conversando con ‘Karina’, me dijo que en las últimas semanas pedía instrucciones a ‘Kadafi’, su comandante, y que éste le contestaba: “haga lo que pueda”. En ese momento tomó la decisión de desmovilizarse.

Cuando el interés particular opaca el general, es el fin de la organización.

Cada quien busca su propio flotador en medio del naufragio. Las cifras lo reflejan: el año pasado los desmovilizados de las Farc crecieron en casi un 60 por ciento y este año ya son más de 1.600, un nuevo récord. En total desde el 2002 son ya casi 10.000, entre “encuadrillados” y milicianos. (El “encuadrillamiento” de los milicianos es también una pérdida de control: de sus antenas y su capacidad de coerción. El que cobra la extorsión, el que supervisa el cultivo de coca, es el miliciano.) Pero el asunto no es de cifras, sino de tendencias. Ya lo dijimos en otra ocasión: el reloj estratégico corre ahora en contra de las Farc. Cuando la gente pierde el horizonte de victoria, cuando la abandona toda sensación de progreso frente a los objetivos que se ha propuesto, lo que sigue no es un descenso lineal, sino un desplome a brincos. Nadie se hace matar por un proyecto que se fue a pique. Por eso frentes enteros están desapareciendo: el 16, el 39, el 47, el 9, el 37.

Y por eso cada vez más mandos optan, como ‘Karina’, por salirse. El cálculo de un hombre con 20 años en las Farc –y este año han salido 19 con más de 20 años– es sencillo: no me voy a gastar lo que me queda de vida en esto.

‘Karina’ dijo: “uno se cansa”, y todo indica que el secretariado también está sintiendo el cansancio. Uno de sus miembros dijo recientemente: “vivir todo un tiempo con los años metidos en un hp monte ganándome enfermedades y no puedo ver ni a mi familia ni andar tranquilo, esto toca pensar diferente”.

Cuando se desmorona el comando y control, la fuerza organizada se comporta como una horda: robos, abusos, maltrato de la mujer. Los correos de ‘Cano’ son un catálogo de lamentaciones: “Edilson’ 39, tercero al mando, desertó con la mujer y el cuñado. Robó el dinero de una retención que acababa de recibir”, (febrero de 2006); “dos unidades de mi guardia ubicaron y robaron una caleta con dineros del secretariado”, (febrero de 2007).

El único instrumento que les queda a las Farc para imponer la disciplina es el “ajusticiamiento”. Y lo usan sin timidez. Un mando desmovilizado el año pasado contó que el Bloque Sur les pasó revista a los 70 hombres de su frente. En cinco meses de “inspección”, 26 murieron fusilados, incluyendo dos niñas de 13 años. Otro, también del sur, dijo hace un mes que en su frente fueron fusilados este año 40 hombres.

Los mandos tampoco se escapan: el segundo al mando de un frente, con 23 años en las Farc, desertó hace 3 meses porque sabía que lo iban a matar. Las Farc han caído en un círculo vicioso que sólo va a empeorar: de ahí a la paranoia sólo hay un paso. Nuevamente ‘Cano’: “El año pasado en dos jornadas intensas en la columna Catatumbo se descubrieron, juzgaron y liquidaron redes enemigas infiltradas con más de 20 unidades en total”, (febrero de 2006).

Si las Farc son un paciente terminal, ¿qué va a pasar? Hay dos opciones: como en toda enfermedad, el fin –el “fin del fin” del General Padilla– puede ser largo y doloroso. Cuando se quiebran las estructuras de comando y control crecen los riesgos de actos de barbarie, en la medida en que los más violentos quieren dominar.

La otra opción es que negocien. Pero el tiempo de la negociación también se está acabando: para negociar, hay que tener aun más control. El ejemplo de lo que viene ya lo dio el Eln. Mientras que Pablo Beltrán le escribe al secretariado (agosto de 2007): “el Eln está muy interesado en terminar la guerra con las Farc y quiere empezar solicitando información a las Farc acerca de qué unidades del Eln están aliadas con los paramilitares contra las Farc, para el COCE dar las instrucciones y órdenes que posibiliten terminar esas alianzas”, sus desmovilizados cuentan que siguen en una guerra sin cuartel por las rutas del narcotráfico.

Lo mismo les va a suceder a las Farc: en menos tiempo del que se piensa, el secretariado va a perder las riendas. ¿Será ‘Alfonso Cano’, hombre dogmático y radical de ideas vetustas y liderazgo mermado, quien les encuentre una salida digna antes de que se desmiembren? Esa es la pregunta.

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