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‘No podemos cansarnos, ni desfallecer’

‘No podemos cansarnos, ni desfallecer’

Hay días en que no quieren salir, no ver a nadie en el colegio o el trabajo, y simplemente estar en silencio. Han pasado muchos días así durante siete años para Claudia Rujeles y Alan Felipe Jara. Pero no se han dejado tumbar porque “si Alan en la selva tiene energía, nosotros no podemos cansarnos ni desfallecer’.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
20 de julio 2008 , 12:00 a. m.

Confiesan estar desgastados. A Alan se le nota en sus respuestas cortas. Ha contado la historia de su papá tantas veces y aún no lo tiene cerca. Para ninguno ha sido fácil.

“Todavía recuerdo cuando le contamos que su papá estaba secuestrado. No usamos la palabra pero él entendió. Me parece verlo aquí helado y sudando”, cuenta ella, que ahora sabe que Jara tiene una foto suya recortada que encontraron en un periódico que llegó una vez a la selva.

Para él ha sido de altibajos. Una vez fue a practicar tenis de mesa y vio una foto grande de su papá. No volvió a jugar en 4 años, pero ya lo ha retomado porque quiere que su papá vea lo que ha aprendido.

El colegio nunca lo ha dejado y ya está en bachillerato. “Han sido comprensivos”, dice Alan Felipe, que tiene una manilla hecha por su papá, traída por uno de los liberados.

“En cierta forma, el secuestro congela la vida de las familias pero lo que uno hace de manera responsable es tratar de que la vida de los hijos siga”, dice.

Desde el cautiverio Alan Jara le ha recomendado a su hijo libros y autores que considera claves para su vida. Le ha pedido que lea El viejo y el mar; La peste, de Albert Camus, y Ética para Amador, de Fernando Savater, entre muchos. El muchacho ya ha leído cuatro.

Claudia se ha apoyado en las esposas de otros secuestrados con quienes tienen una red de trabajo y reparte su tiempo entre la Consejería de Paz del Meta, su hijo y los esfuerzos por la liberación de su esposo.

Le está haciendo un diario. En él ha detenido momentos familiares, nacionales y hasta impresiones personales para compartirlas cuando vuelva y pueda actualizarse. “Le voy a preguntar si quiere leerlo, pero si no quiere, lo quemo”.

También quiere saber si aprendió a bailar porque supo que en una oportunidad el sargento Carlos José Duarte (aún secuestrado) le dio clases de joropo y cuenta que le duele mucho saber que a Alan lo encadenan a un árbol. Para ella, todo lo que han ganado los secuestrados en la selva con la presencia de Alan, sus juegos, sus historias, su conocimiento, se lo está perdiendo su hijo.

“Ellos han tenido la dicha de tenerlo y en cada uno veo enseñanzas que le quiere dar a nuestro hijo. Cuando vuelva pasaremos la hoja, pero es tiempo irrecuperable”

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