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Jueves de cuchuco y picada en Tunja

Jueves de cuchuco y picada en Tunja

Las oficinas se desocupan a las 11 y media de la mañana. No importa si es el banco, la notaría, la alcaldía o la mismísima gobernación. Los jueves, en Tunja (Boyacá), las campanas que marcan el mediodía no encuentran a nadie en sus escritorios. Ni en sus casas. Ni en sus almacenes.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
12 de julio 2008 , 12:00 a. m.

A algunos se les ve salir corriendo con un aguacate en la mano. Otros simplemente con sus billeteras o sus bolsos. Van para Runta, un barrio del suroccidente de la ciudad, que antes fue vereda.

Los jueves, una decena de casas de familia recibe a tunjanos, extranjeros y curiosos, quienes llegan en busca de dos platos típicos cuyas recetas han pasado de generación en generación desde épocas de la Colonia.

No necesitan letreros en las puertas ni avisos parroquiales o propagandas en las emisoras. Ya se sabe que los jueves son de Runta.

Es decir, son para probar el cuchuco con espinazo y la típica picada, que incluye morcilla, arepa, costilla de cerdo, chorizo, chicharrón ‘totiao’, papa criolla y unas salchichas tan rojas que parecen crudas, pero que han sido preparadas de un modo especial.

Para saber dónde están las casas-restaurante, solo hay que buscar, a la orilla de la carretera que llega de Bogotá, inmensos parqueaderos improvisados que albergan vehículos de todos los modelos y marcas. Aunque, a decir verdad, las dos mejores están un poco más escondidas. Hay que preguntar por la calle 12 con carrera 7.

Ahí, en el número 7-13, está doña María Mercedes Moreno de González –ella misma se encarga de que quede registrado su nombre completo–, una de las pocas herederas directas de esta tradición.

Tiene 82 años, es hija, nieta, tataranieta y etcétera de los pioneros de la venta de picadas y cuchuco, quienes en un principio criaban cerdos para vender su carne cruda y manteca. Era tan famosa la vereda, que hasta allá llegaban compradores de la propia Santa Fe.

Un día, hace más de un siglo, una clienta de alta alcurnia les dijo que necesitaba comer algo mientras esperaba que su compra estuviera lista (solo mataban los cerdos en el momento de pedirlos).

Le prepararon lo que tenían a mano: una sopa de trigo y unas frituras, con tal suerte que poco a poco fue más famosa la comida ya cocinada que la que vendían cruda. Así nacieron los jueves de Runta. “Todo se preparaba en estufa de carbón, pues lo que se ofrecía a los visitantes era lo mismo que preparaban para la casa”, recuerda Mercedes, quien asegura que el mejor cuchuco era el que se hacía en piedra, porque “sabía diferente. Lo servían en ollas de barro”.

Fotos: Rodolfo González / EL TIEMPO.

Más de la sopa El cuchuco tiene una historia particular. Resulta que Runta también era conocida como una vereda conservadora, en aquellas épocas de las luchas entre liberales y godos. Y a este suculento plato de sopa le agregaban un apellido: ‘cuchuco con espinazo de copartidario’.Tal vez lo único que le falta, antes como ahora, es el aguacate, cosa que no es ningún problema para los clientes, que llegan en lujosos carros y camionetas, en taxis o a pie, en corbata o en jean, con tacones o con tenis: ellos lo compran, a veces en la puerta de los improvisados restaurantes y a veces en el mercado, y lo llevan en la mano antes de entrar.

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