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Cruzada legal por la infancia

Cruzada legal por la infancia

A los 13 años Ramiro comenzó a vivir una lucha interna para aceptarse como homosexual. Vivía en un pueblo cerca de Cartagena y en el colegio comenzó su historia. Mientras estaba en esa pelea con él mismo, el psicólogo del colegio, con el pretexto de darle apoyo, lo invitaba a su consultorio. Allí lo encerraba y lo manoseaba. Ramiro se dejaba, lo admite, porque el hombre le regalaba tenis y ropa.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
06 de julio 2008 , 12:00 a. m.

Además de su conflicto propio, Ramiro comenzó a sentirse sucio. Su entorno familiar era precario en cariño. Su mamá era prostituta, solo un tío político le había dado afecto y comprensión.

Durante los años que duró la explotación, él no le contó a nadie. Pocos que han pasado por lo mismo lo hacen; primero, porque se sienten responsables; y segundo, porque tampoco saben que en circunstancias como las de Ramiro son víctimas de explotación sexual, un drama silencioso al que los menores de edad llegan por múltiples razones.

En el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar solo se reportaron 377 casos en 2007, y en lo que va corrido del año, 140, aunque se sabe que el drama es mayor y evidente en ciertos lugares de ciudades grandes y pequeñas en donde existen sitios ya conocidos para la oferta y demanda de menores de edad a través del turismo sexual en ciudades como Cartagena, Santa Marta, Cúcuta o San Andrés.

Niñas de la noche Detrás de un centro comercial de Medellín, seis niñas menores de 14 años están paradas en la esquina a las 12 de la noche. Un carro con tres hombres adultos frena, escoge a una de las niñas, 12 años, ella se monta al carro y se va. Dos horas después el automóvil vuelve, la deja en la misma esquina y se pierde. La niña regresa con su grupo al ritual de la noche, esperar más clientes.

La escena se repite en la esquina de la calle 24 con carrera séptima en Bogotá. Allí, al frente de la Terraza Pasteur, varios menores de edad, niñas y niños, se paran desde las dos de la tarde para esperar clientes. Son hombres de todas las clases sociales. "Los hay también, y muchos, de cuello blanco y corbata, que pasan en sus carros y se llevan a los menores", según reportes de la Fundación Renacer. La misma Fundación denuncia que hay casos aún más dramáticos con niñas hasta de seis años en el centro de Bogotá.

Más historias de un mundo oscuro y sórdido de la explotación sexual de menores y adolescentes que muchas veces queda impune precisamente por la falta de denuncias o por la complicidad de los actores que tejen esta red.

Según la investigación adelantada por las fundaciones Renacer, Restrepo Barco y Plan en once municipios de Colombia, denominado Escenarios de la Infamia, son varios los eslabones de la cadena clandestina del mercado sexual infantil en el que taxistas, botones, proxenetas y clientes participan.

De acuerdo con una de las investigadoras, son hombres que por presión de grupo (la mayoría de las veces borrachos) se dejan llevar para buscar 'sardinas' bonitas, porque también cala en el imaginario de muchos aquello de que es mejor dos de 15 que una de 30.

Otros son los pedófilos, considerados como enfermos psiquiátricos que buscan tener relaciones con adolescentes o niñas porque "tienen las caderas más estrechas", dicen unos, o porque "no tienen tantas mañas como las mujeres más grandes" dicen otros.

Igualmente, son varias las causas de un mercado abonado por la pobreza y las circunstancias sociales del país. De acuerdo con el estudio, se puedo establecer "la incidencia del desplazamiento en la explotación sexual de menores en 10 de las 11 ciudades estudiadas (Soledad, Malambo, Sabanagrande, Arjona, Quibdó, Montería, Sincelejo, Medellín, Cali y Cúcuta)".

"Por un lado, el desplazamiento agrava las condiciones de pobreza de las familias que deben dedicarse a actividades de rebusque de comida y dinero, involucrando a niños y niñas. Esta situación de marginalidad social crea escenarios y dinámicas propias de la explotación sexual comercial de menores", afirma el documento.

Según Joanna Olsson, de UNICEF, la explotación y el abuso sexual de menores son "los hechos más violatorios de los derechos humanos de los niños. Tiene repercusiones en su autoestima, pero también en su salud. Se sabe que están más expuestos a la drogadicción, a enfermedades venéreas, cáncer de cuello uterino y tuberculosis".

La luz en la oscuridad Pese al drama, los investigadores saben que con un manejo integral de los menores las posibilidades de salir adelante son buenas.

Ramiro lo hizo. Fue reclutado en Cartagena por la Fundación Renacer. Los primeros tres meses no aceptaba nada. Duraba hasta tres días en el techo del hogar donde hospedan a los chicos que como él están inmersos en el mundo del abuso sexual infantil. A veces se volaba y volvía. Allí había muchachos en su mismo proceso de recuperación, con historias similares de explotación.

Poco a poco empezó a entender que la suya no era la única historia dolorosa para contar.

Un día, cuando se enteró de que su tío murió, decidió aceptar entrar de lleno en el proceso. Fueron varios años, casi tres, en donde recibió ayuda psicológica, esta vez, seria y profesional. Luego de mucha terapia aprendió a reconocerse como homosexual, a aceptarse y a quererse.

Después vino la etapa en que decidió salir adelante solo. Con el apoyo de Renacer viajó a Bogotá, en donde está hace más de nueve años, estudió para validar el bachillerato y recuperó su dignidad y su autoestima. Hoy trabaja en Renacer.

La institución tiene 1.500 casos de hombres y mujeres, adultos ya, que rehicieron sus vidas. La fórmula, una atención integral que comienza por incluirlos en un plan de salud, cupo en el colegio y mucha terapia para rescatar lo que más han perdido: el amor propio.

Desde el punto de vista jurídico se trata también de que los menores tengan acompañamiento para poder denunciar y llevar a cabo el proceso. Según la directora del ICBF, Elvira Forero, se vienen desarrollando en 21 municipios del país planes territoriales en tal sentido. "Se están tolerando las redes y mafias de explotación y turismo sexual y pedrastas, debemos desarticularlas, para ello necesitamos la voluntad política de los alcaldes, quienes deben desarticularlas con el apoyo de las autoridades locales".

A eso también apunta el proyecto de ley que recientemente se presentó al Congreso. Según lo plantea el proyecto, los clientes podrían ir a la cárcel por el solo hecho de pagar, estar en un lugar de explotación sexual infantil o utilizar pornografía con niños. Si esta iniciativa jurídica, presentada por la bancada femenina y liderada por Gina Parody, pasa los debates necesarios en Senado y Cámara, serán penalizados hasta con 12 años de cárcel.

El drama del abuso también tiene una iniciativa jurídica andando. Se trata del referendo liderado por la concejal de Bogotá Gilma Jiménez, al que se unieron el Procurador, el Fiscal, y la directora del ICBF, para que se apruebe la cadena perpetua para abusadores de menores. Se necesita la firma de tres millones de colombianos para ello.

A diferencia de la explotación, el abuso es un tema que, de acuerdo con la directora del ICBF, se ha visibilizado más. Según esa entidad, en el 2007 se recibieron 5.385 denuncias, y entre enero y mayo, 1.962.

Para estos casos existen más herramientas jurídicas. Por un lado, la ley de infancia permitió aumentar las penas para los abusadores, y el código penal de 2005 aprobó las cámaras especiales (Gessell) para que los niños puedan dar su versión en el proceso con apoyo de la psicóloga, sin exponerlo al auditorio. En ello viene trabajando el ICBF.

Sin embargo, el drama y los traumas son igualmente hondos. Con ellos es indispensable trabajar antes de los 18 años, después se convierten en adultos abusadores o explotadores sexuales de niños, dice Mónica Vejarano, directora de Creemos en Ti, institución que trabaja en la recuperación de los menores víctimas de abuso. Con ellos es indispensable exorcizar la rabia contenida

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