Adiós a Kalimán, el hombre increíble

Adiós a Kalimán, el hombre increíble

Aunque no tenía ningún letrero, quienes paseaban hace 30 años por el barrio Colón de Bogotá, sabían que una casa de dos plantas flanqueada por largos tallos de papiro y adornada con diseños surrealistas era la casa de Kalimán.

06 de julio 2008 , 12:00 a.m.

Desde los ejercicios de voz que se oían por la ventana, hasta el aura misteriosa que envolvía la casa, todo evocaba al héroe del turbante blanco, aunque en realidad quien vivía allí era Gaspar Ospina, el actor que personificaba al “hombre increíble” y que esta semana falleció en Bogotá.

Su voz, grave y profunda, acuñó en la memoria de millones de oyentes frases como la que repetía Kalimán a su discípulo Solín: “Serenidad y paciencia, amigo mío”. Las mismas virtudes del propio Ospina, según colegas como Alberto Palacio, quien recuerda su puntualidad extrema y su obsesión con la calidad.

No en vano, su programa bandera duró 25 años al aire, siempre con los libretos que enviaba desde México Víctor Fox, creador de los textos para las diferentes versiones en todo el continente. Palacio recuerda que sólo una vez no llegaron los libretos y Ospina, junto con el encargado de la consola Ernesto Reyes Vanegas, se inventó a la carrera un episodio en el que Kalimán llegaba al aeropuerto El Dorado. Grave error: una multitud de fanáticos del programa invadió el terminal aéreo y generó un caos para conocer en persona al superhéroe.

Su garganta entrenada recreaba la apariencia misma del personaje, a tal punto que las mujeres correteaban a Ospina, según el actor Argemiro Castiblanco, quien además fue su alumno en la escuela de arte dramático Gaspar Ospina Olaya. Las fanáticas “se enamoraban de su voz”, aunque su cara no tuviera la “asombrosa belleza varonil” con que se describía al héroe.

El misticismo y la pintura Erika Krum, que acompañó a Ospina por más de 14 años haciendo el papel de Solín, recuerda que “cierto día se dijo que vendría Kalimán a Colombia y alrededor de Todelar se congregaron miles de personas. Cuando vieron que era una persona normal, sin apariencia de superhéroe, mucha gente protestó, pero igual siguieron la radionovela”.

La pronunciación impecable del actor se convirtió en el modelo a seguir en la radio, a tal punto que en una casa de hospedaje en el centro de Bogotá, un grupo de indígenas aprendía español con Kalimán, según apunta Palacio.

Fabio Camero, otra voz célebre de las radionovelas, destaca la entrega de Ospina: “Hubo una novela religiosa en la que hizo el personaje de Barrabás, marcado por la maldad. Fue tanta la preparación que entró ‘en trance’ y tuvo que hacer un esfuerzo muy grande para evitar la posesión que le produjo”.

En radio, también hizo personajes como el Profesor Fu Lin Yu, que respondía preguntas del público, pero siempre lo persiguió la sombra de Kalimán. De hecho, cuando dejó de transmitirse, a finales de la década de los ochenta, el libretista Fox lo lamentó en el alma porque decía que su versión era la mejor. Fue la penúltima muerte de Kalimán.

Con el fin de la novela, Ospina se sumergió en el misticismo y la pintura.

Su última proeza, digna del héroe que encarnó, fue lograr una versión personal de la Biblia, que transcribió e interpretó frente al micrófono y finalmente redujo a 134 horas de grabación, tras 15 años de trabajo.

En medio de ese universo místico, el año pasado lo contrataron para hacer una lectura pública de la Biblia y llegó con su puntualidad suiza al Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada, pero después de hora y media se enteró de que los organizadores habían olvidado advertirle que la presentación se había cancelado. Solo entonces, después de tres décadas de ser “implacable con los malvados”, el Kalimán de carne y hueso se derrumbó y lloró como un niño de 80 años que acabara de perder sus poderes.

Fue el preludio del final, que llegó el lunes pasado, cuando un infarto acabó con la vida de uno de los últimos mitos de la radio colombiana.

UNA VIDA DEDICADA A LA ACTUACIÓN.

Gaspar Ospina nació en Ebejico, Antioquia, el 22 de febrero de 1927. Siendo muy joven se trasladó a Medellín y comenzó en la radio como controlador en la emisora Sigacol, de la capital antioqueña. En 1955, fue trasladado a Transmisora Caldas, en Manizales, donde fue locutor-control. Allí conoció a la que sería su esposa, Miriam Quintero, con quien tuvo tres hijos: Gaspar, Antígona e Ildefonso. El actor se radicó en Bogotá en 1957, donde aprovechó para participar en la naciente televisión. A lo largo de su carrera, Ospina obtuvo cinco veces el desaparecido premio Antena de la Consagración y una vez el galardón Nemqueteba, como mejor actor

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