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El caleño del Circo del Sol

El caleño del Circo del Sol

De pie, apabullado por los reflectores y con un inglés vacilante, Jorge Castaño les pide a los 1.800 asistentes al teatro apagar sus celulares y no tomar fotos con flash. Bajo una gorra café, sus ojos bien abiertos delatan la sorpresa de haber sido escogido entre la audiencia para leer en el escenario las instrucciones que le han dado en un papel. Sin que acabe de hablar, una fuerza invisible lo succiona 20 metros hacia arriba. Él desaparece mientras agita los brazos y patalea, como si quisiera aferrarse al piso.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
06 de julio 2008 , 12:00 a. m.

La escena que abre O –espectáculo del Circo del Sol que, desde octubre de 1998, ha sido visto por más de 8 millones de personas– es tan inesperada como la llegada de este colombiano al circo más cé-lebre del mundo.

Unos minutos atrás, Castaño estaba entre quienes habían pagado cerca de 150 dólares por los mejores asientos del teatro O del Hotel Bellagio, en Las Vegas. Ahora, flota en el aire como una marioneta y el enorme telón rojo se cierra frente a él. La gente está expectante. Castaño, mientras tanto, se prepara para quitarse el arnés que lo sujeta y comenzar una intensa carrera de una hora y 40 minutos.

Así, como algo impensado, comienza la actuación de este clavadista caleño que, desde hace un año, es el protagonista principal de un show cuyo montaje, incluida la construcción del teatro, costó 120 millones de dólares.

También de golpe, cuando tenía 9 años, lo había atrapado la afición de su vida. “Los clavados aparecieron en la tele y un muchacho se golpeó la cabeza –cuenta–. Fue chistoso porque, a partir de ahí, mi hermano Harvin y yo empezamos a insistir en que queríamos hacer clavados”.

El hombre de la televisión era Greg Louganis, un clavadista estadounidense que, unos días después de que casi se rompe el cráneo con un trampolín mientras hacía piruetas imposibles, ganó el oro en esa misma competencia de los Olímpicos de Seúl (1988).

El telón se abre de nuevo, el recuerdo se aleja en el tiempo, y la mente de Castaño regresa a Las Vegas. Esta vez, sin los jeans y la camisa de cuadros con los que se mimetizaba entre el público, se ha transformado en Filemón, un niño siciliano que acaba de ser empujado a una fantasía del mundo de los sueños.

Entonces, espolea caballos voladores, se lanza a una piscina de 1,5 millones de galones de agua en la que nadadoras sincronizadas convierten sus piernas en cisnes; ve pasar payasos que navegan sobre el techo de una casa, e intenta apagar las llamas de un hombre sentado que se consume entre el fuego mientras lee el periódico. Todo es inverosímil y Filemón no oculta su asombro.

Este personaje busca sin descanso a Aurora, una hermosa mujer que, al principio, se descuelga del techo del teatro, cabalgando en un gran candelabro. “Es perfecto que Jorge sea Filemón. Él es inocente y, cuando lo veo actuar, siento que lo está haciendo por primera vez. Sus ojos están abiertos ante todas las cosas que descubre”, explica el director artístico de O, el canadiense Luc Ouillette, al elogiar las cualidades histriónicas de Castaño.

“Él era todo un actor”, cuenta su amigo de infancia Julio Cuevas, a quien conoció en 1991, en los entrenamientos de clavados en Cali. “Cuando quería engañar era muy bueno –explica–. Se hacía el loco si tenía una conquista y lo negaba, porque no quería que uno supiera. Ponía cara de serio, pero siempre ha sido mamagallista”.

En el espectáculo, Filemón no se da por vencido durante el viaje en pos de Aurora: corre, baila, juega con bailarines de fuego y se admira de este mundo nuevo. Y, sobre todo, se divierte. La vida real no ha sido muy distinta para el hombre que le da vida a la estrella de O.

“Jorge no buscaba la fama, pero quería progresar en los clavados. Sabíamos que iba a buscar lo mejor para su vida”, recuerda su madre, Luz Nery Sierra, quien desde los 8 años lo llevó a nadar a las Piscinas Panamericanas de Cali. Ella sabía que un título profesional no era la única opción. “Lo importante es que una persona se sienta bien haciendo lo que hace y que lo haga bien”, predica.

Días de porrazos Luego de ser campeón nacional de clavados y de iniciar sus estudios de Ingeniería de Sistemas –carrera que está terminando en Las Vegas–, Castaño viajó por Colombia, Venezuela y China con circos en los que muchas veces tenía que abrir, con pala y azadón, los huecos para clavar las torres de 25 metros desde las que se lanzaría después. “Cuando estábamos armando el circo, la gente preguntaba por los artistas y nosotros respondíamos: ‘Están en el hotel descansando, pero ahora vienen’ –cuenta entre risas–. En otras ocasiones, vendía crispeta y gaseosas durante el show para ganar unos pesos más”.

De esas experiencias guarda uno que otro porrazo, pues en los circos rodantes se zambullía en la misma piscina donde nadaban los delfines del espectáculo. Más de una vez recibió sus golpes.

Las cosas han cambiado.En Las Vegas le alistan los trajes que se cambia nueve veces, pues todo el tiempo entra y sale de la piscina, en la que siete plataformas movibles con miles de huequitos hacen aparecer y desaparecer el agua. “Aquí solo hay que dedicarse al show y ya”.

A su alrededor hay 120 técnicos y 14 buzos, además de 10 músicos y 74 artistas, entre acróbatas, clavadistas, gimnastas y nadadoras sincronizadas.

Entre estos deportistas, once han participado en las Olimpiadas. “Yo digo que soy el malito, pero en clavado normal. En clavado de altura, de más de 10 metros, sí me llevo a más de uno”.

Un video y ...a Montreal El camino a Las Vegas empezó en el 2005, cuando entrenaba niños en las Piscinas Panamericanas de Cali y ganaba 200 mil pesos al mes. Quería dar otro salto, y, por Internet, supo que el Circo del Sol necesitaba clavadistas. Su amigo Julio le ayudó a filmar un video que debía mandar a Montreal (Canadá). “Enviarlo me costó 70 mil pesos. Eso era mucha plata”, recuerda. Para ahorrar, todos los días recorría en bicicleta los 30 kilómetros que hay entre su casa en Jamundí y las piscinas.

Un mes después el Circo del Sol lo llamó a una audición y le pagó los pasajes para ir a Montreal. Y, en la última de las ocho semanas de preparación, lo contrataron para reemplazar a un actor de O lesionado. “Me alegré por Jorge, pero me preocupé porque iba a un lugar de ruletas y vida nocturna –dice su mamᖠLe recomendé que no se volviera adicto al juego”.

Esa lección, sin embargo, ya la había aprendido en la universidad, cuando un día él y unos amigos fueron a un casino en el sur de Cali. Allí, perdió 50 mil pesos y juró no apostar más. “No juego ni un dólar”.

Hoy, atraviesa el casino del Hotel Bellagio para llegar al teatro y solo se detiene a la entrada, donde lo esperan para firmar autógrafos. Sobre todo, lo buscan turistas colombianos que hace un año vieron el programa de televisión El mundo según Pirry, que llevó de sorpresa a sus papás a Las Vegas para verlo debutar como protagonista. “Es un orgullo el berraco, porque la gente realmente aprecia lo que hago”.

A Castaño, la vida le ha enseñado a apreciar lo que tiene ahora. “Sé que tuve muchos sacrificios cuando pequeño, pero valió la pena”. Ahora, como dice su mamá, “está dando de su alegría para hacer feliz a la gente”.

Es cierto. Castaño se desliza con gracia por el aire, luego de salir disparado hacia arriba de un columpio gigante. De repente, mientras su cuerpo describe una parábola y se ondula como una serpiente voladora, mira a su izquierda y sonríe con una mueca antes de caer en el agua. Es feliz.

UN ESPECTÁCULO QUE HAN VISTO 80 MILLONES DE PERSONAS.

El Circo del Sol fue creado en Quebec (Canadá) por Guy Laliberté, un acordeonista y tragafuegos nacido allí en 1959.

Su idea era simple: entretener al público, conocer el mundo y divertirse. La compañía tiene cerca de 4.000 empleados (entre ellos 1.000 artistas) de más de 40 nacionalidades y sus ‘shows’ han sido presenciados por 80 millones de personas en 200 países. Este año el Circo del Sol presenta 18 espectáculos simultáneamente en diferentes ciudades del mundo. ‘O’ es la única obra que está relacionada con el agua. Fue escrita y es dirigida por Franco Dragone, el creador de 10 producciones del Circo del Sol. El nombre del ‘show’ es, fonéticamente, la palabra que en francés significa agua (eau).

Se presenta de miércoles a domingo ( 7:30 y 10:30 p.m.), en el hotel Bellagio de Las Vegas. La piscina, de 1,5 millones de galones de agua, se mantiene a 31 grados centígrados, tarda 12 horas en llenarse y un sistema de filtrado limpia el agua tres veces al día.

Estos son los precios para ‘O’ (en dólares, con impuestos incluidos): 93,50; 99; 125 . Se consiguen con 120 días de anticipación. En reventa , un puesto puede llegar a costar hasta 400.

Informes: www.cirquedusoleil.com; www.bellagio.com; (702) 796 9999 .

‘‘ Jorge siempre ha sido muy disciplinado en todo. Cuando en los entrenamientos nos ponían a hacer 300 abdominales, él hacía 500”.

Julio Cuevas, amigo de Jorge Castaño

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