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LA PINTA DESDE LA BARRERA

LA PINTA DESDE LA BARRERA

La temporada taurina está en pleno esplendor. Los tendidos de las plazas se llenan a reventar y los amantes de la fiesta brava se acicalan con sus mejores galas para asistir a lo que representa toda una pasión entre sus más fieles adeptos.

Toda la magia de los toros y su mundo viven, por estas fecha, su cuarto de hora en Bogotá y Medellín. Durante los dos primeros meses del año las ciudades se visten con trajes de luces y los condumios y remates están a la orden del día. De ahí que quienes esperan ansiosos la temporada lleven en su alma taurina un singular menú de ritos dentro de los cuales se incluye vestirse a la altura de las circunstancias.

Por su carácter social, por su arte y por todo lo que los toros representan, asistir a la plaza no es lo mismo que ir a cualquier otro escenario deportivo o de cualquier otro tipo de espectáculos. La plaza es especial. Allí el rojo es el color de moda y el amarillo, aunque en Colombia no existe ese agero, es el tono prohibido para el escenario porque dicen que es mala suerte .

Entonces, vestirse para ir a toros es también especial. Aunque la elegancia en la plaza va perdiendo su noble característica a medida que se sube en filas y se acerca a sol, todo el mundo que asiste a la Santamaría o a la Macarena luce diferente a como se vería un día cualquier.

Los detalles, los pañuelos, los colores, las boinas, los sombreros... hacen parte de esta fiesta brava que en tribunas se convierte en otro tipo de fiesta. La botas que va y vienen, las mezclas de diversos tragos que se preparan con días de anticipación y se ponen a curar dentro de las famosas triples Z y que son capaces de poner competoncito hasta el más firme de los bebedores y los gritos de ole que se desprenden de los entusiastas fanáticos hacen de este espectáculo una faena especial.

No hay que olvidar que la elegancia suprema no es sinónimo de cantidad. No se trata de ataviarse de accesorios para estar in, sino de llevar la prenda precisa, con el color adecuado y el accesorio perfecto.

Los sombreros hacen parte de la fiesta brava pero no son necesarios. El paño es el material por excelencia de esta jornada pues tanto hombre como mujeres llevan esta textura que da la medida perfecta de la plaza. Como las tardes pueden ser calurosas pero también puede enfriar, es recomendable lucir una chaqueta larga pero que se pueda quitar sin que eso implique variar la elegancia del atuendo. Un chaleco puede mediar entre lo uno y lo otro, sin olvidar nunca que son menos vestidores que un sastre completo.

Para quienes prefieren ir con un traje de dos piezas, los sastres en paños livianos y gabardinas son ideales. La fiesta brava y, sobretodo la hora en que sucede, permiten los tonos vivos como naranjas, rojos, fucsias, limones, verdes y demás. Los colores más sobrios son preferibles en azules oscuros, evitando el negro que es bastante sobrio para la ocasión. Los pañuelos no pueden faltar y más a la hora de pedir oreja.

Los pantalones ajustados, estilos breeches o chicles, son muy cómodos porque no hay que olvidar que de todos modos hay que sentarse en graderías de cemento. Estos acompañados de una buena chaqueta y una blusa de boleros son una buena alternativa.

Los taurófilos también tienen su estilo. Ellos deben lucir muy españoles con trajes de paño de dos tonos, una camisa de un tono que corte muy bien con el vestido y un fulard de seda que le de el toque elegante. Las boinas hacen parte de esta facha .

Los más informales pueden optar por jeans y blazer de paño, siempre y cuando vayan acompañados de una buena camisa. Los suéteres son una buena opción en Bogotá, sobretodo si son de cachemir o de rombos.

Algunas sugerencias Definitivamente en toros la pinta es lo de más. La gente que asiste a la plaza le gusta lucir bien y para ello varias diseñadoras del país y una extranjera sugieren algunos atuendos.

Doris de McAllister, por ejemplo, sugiere una chaqueta estructurada en paño twill en gris cálido, adornada con pespuntes, botones de concha y un cinturón con una atractiva hebilla, forrada en el mismo paño.

El pantalón va en una silueta tipo cigarrillo, acompañado con una blusa en color pastel vivo o brillante azul. Una pañoleta de seda, un chal de cachemir café y una botas de amarrar en el mismo color complementan el atuendo.

Bettina Spitz se va por una facha similar con unos pantalones elásticos gruesos de un tono acanalado o negros. Su camisa es blanca, bordada con una corbata bien linda y una chaqueta larga entallada, bien moderna, en coral. La otra alternativa es un chaleco de pura lana. Las botas, de última moda, deben ser cafés o negras.

Elena Urrutia sugiere una pinta descomplicada. Puede ser un jean acompañado de una chaqueta rojo cereza en cachemir, sin cruce. La camisa blanca de algodón y una pañoleta de seda en el mismo tono del atuendo.

Para quienes quieran ir un poco más sofisticadas sugiere un pantalón en gabardina, chaleco en seda estampado y chaqueta en cachemir liviano en tonos camel y café.

Ayerbe & Quintana aconsejan la última colección de Escada dedicada al mundo taurino. Sastres con muchos detalles taurófilos, pantalones que estilizan mucho la figura, camisas bordadas y muchos detalles españoles inspiran a esta diseñadora alemana. Los colores más usados son el rojo, negro y blanco para contrastar los tonos característicos de la fiesta brava. Los sombreros y las botas están a la orden del día en esta colección.

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