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QUÉ PASA CON LA PAZ DE SAMPER

QUÉ PASA CON LA PAZ DE SAMPER

La encuesta de EL TIEMPO Expectativas 95 , de enero 8, tiene un sesgo optimista inevitable por razón de la euforia pascual cuando fue hecha.

En la última semana de diciembre es lógico que todas las respuestas se pongan de color de rosa.

Por eso creo yo que hay que abrirle bien los ojos a esta encuesta de opinión ya que lo que en ella no esté de plácemes o, al menos, claro, es porque en la vida debe estar de color de hormiga.

Y me parece que esto es lo que dice la opinión en este sondeo con relación a la actual propuesta de paz de Samper al principiar este año de 1995. Veámoslo: según las respuestas, la gente cree, y mucho, en su presidente: 83 por ciento afirma que en este año le irá mejor que en sus primeros cien días.

Pero, con su política, opinan algo diferente. Los encuestados creen más en el pacto social (Sí 53 por ciento, No 38 por ciento), más en el compromiso con los derechos humanos (mejoran, dicen el 54 por ciento). Pero creen menos en la paz negociada con la guerrilla (50 por ciento dice No y 43 por ciento Sí) y mucho menos en la paz con los narcos como sometimiento a la justicia (57 por ciento No y 30 por ciento Sí).

Por qué ocurre esto? Hace ya cerca de cuatro décadas, cuando apenas salíamos de la primera guerra que, aunque se hubiera disfrazado con ropa del siglo XIX, como contienda liberal-conservadora, ya estaba tejida, desde afuera con la guerra fría mundial y, desde adentro, con el viejo conflicto agrario del país.

En lugar de arriesgarnos a la verdad dura pero limpia de esta palabra, los colombianos empezamos por ponerle letra mayúscula al término más confuso o ambiguo del mundo.

Adoptamos la Violencia como categoría única para todo conflicto nacional. Así nos sentimos mejor, más acomodados a nuestro ancestral provincialismo de país único o excepcional.

Un país no metido en el mapa de la guerra que dejara en el mundo la Segunda Guerra , con sus dos superpotencias nucleares enfrentadas. Un país que no caía en la trampa del viejo agrarismo guerrero latinoamericano, ese que ha venido a repuntar ahora en Chiapas para sorpresa de tantos. No. Nada de eso. Nosotros solo padecemos, ya desde los años cincuenta, de una endemia privada, autóctona, propia, de una suerte de sicopatología colombiana que, por fortuna, no contagia a otro pueblo: la Violencia .

Es necesario rescatar el espacio propio, el valor de las palabras como premisa de la paz, proponía Mito ya en 1958.

Ahora bien. Quién puede negar ahora que, en este año nuevo 95, por primera vez en la historia de 46 años de guerra prolongada o de desgaste , según el diccionario de Mao, después de 11 gobiernos que han vivido de una u otra manera el estado de guerra interna , esta es la primera vez que una propuesta oficial de paz parte de tal realidad, dice que sí, que aquí hay guerra.

Lo dice ante el país, al declarar que negociar con la guerrilla en medio del combate, entre las balas, es decir sin más condición que negociar de veras, sin sacarle ventaja o protagonismo al negocio y con la decisión de ir hasta el fin.

Y lo dice ante la comunidad internacional, al concurrir al Congreso, según el artículo 200 de la Constitución, para hacer del Protocolo II sobre Humanización de guerras internas, una ley de la República.

Pero hay algo más. Este es el primer programa de solución negociada que se mete en la raíz misma del conflicto, en la cuestión del poder local en Colombia y su relación con una reforma agraria eternamente aplazada. Es la primera propuesta de esta naturaleza que relaciona de manera franca la búsqueda de la paz con la vía libre a la expropiación rural.

Y en esto hay que decir que solo hay hasta ahora una zona oscura y es el hecho de que la iniciativa de las llamadas asociaciones de seguridad rural, no liguen francamente la seguridad a la productividad , o sea al proceso de cambios en la proyectada reforma agraria.

Cuando un gobierno se mete en la verdad de la guerra y la paz, después de medio siglo de mentiras piadosas, tiene que correr riesgos como el de aceptar que con una vaca por cinco hectáreas o algo así, solo hay, en el mundo de hoy, una sola seguridad, la de la guerra.

La incredulidad Entonces nuestra pregunta: Por qué una opinión pública como la que revela nuestra encuesta? Por qué la gente cree para pascuas en cualquier cosa suya o incluso del gobierno, menos en la propuesta de paz oficial que acompaña este año nuevo? Qué lógica tiene esto? Quizá podamos aventurar una hipótesis como respuesta. Recientemente viajé a Medellín buscando descubrir un verdadero enigma ecológico nacional. Es posible salvar un río colombiano? Hacía rato me venían descrestando los primeros resultados del programa Mi río , de los paisas.

Pero resulta que el secreto es lo más obvio del mundo. Es solo la recomendación principal de nuestra Misión de los Sabios . La educación como centro de la dinámica de cualquier cambio social. Para ello los paisas parten de que la contaminación está primero en la gente y luego en el río. Que no se puede rescatar el río para la gente sin rescatar la gente para el río.

La propuesta de paz de Samper tiene una ventaja decisiva, es pedagógica en sí misma en cuanto es verdad. Pero quién la conoce en la escuela oficial o privada, en la acción comunal? Dónde está el primer texto de estudio serio de esta propuesta, de su historia, de sus antecedentes? No es una pedagogía de la paz parte esencial hoy en Colombia de la seguridad del Estado?

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