Secciones
Síguenos en:
LA COMUNIDAD JUDÍA EN FRANCIA

LA COMUNIDAD JUDÍA EN FRANCIA

La rue des Rosiers de París, un estrecho callejón de apenas 5 cuadras en el viejo barrio del Marais, es el lugar de encuentro más tradicional de la comunidad judía francesa.

En ese pequeño espacio conviven abarrotadas varias panaderías con signos hebreos, carnicerías que auspician bajo el supremo símbolo de la estrella de David y restaurantes que anuncian la comida kasher, es decir los alimentos hechos con base en productos bendecidos.

Jonás Roth es un judío de 34 años. Lleva una colorida kippa en la coronilla y tiene las mejillas pobladas por una barba espesa que le cubre parte del cuello. Su negocio en la rue des Rosiers es la pizza, la pizza kasher, y con habilidad sirve las cuatro mesas de su establecimiento en medio de un ambiente campechano y amable. Toda su comida es kasher? Sí , explica mientras señala con el índice un aviso a la entrada que dice: Establecimiento bajo control del Beth-Din. De otro modo nadie vendría.

El Beth-Din es un Consultorio que vigila el uso de las leyes culinarias judías, y es una condición necesaria por la responsabilidad que tengo frente a mi clientela. Hacen rondas diarias, supervisan el proceso de preparación y la pureza de la comida . Y el asunto es muy grave: si se detecta la más mínima falta el establecimiento es cerrado en menos de 48 horas.

Restaurantes como el de Jonás pululan por todas las zonas de presencia judía en París: Belleville, Sentier, Faubourg-Montmartre, Marais... Según un cálculo emanado del propio Beth-Din, el proceso ritual de la comida kasher cuesta anualmente 5 millones de dólares.

Pero la comunidad judía en Francia es mucho más que eso y viene de muy lejos.

La historia comienza en 1791, cuando la Asamblea Constituyente post revolucionaria decide concederle la ciudadanía francesa a todos los judíos residentes en su territorio, siendo el primer acto de laicismo de la República. El duque Clermont-Tonerre, dirigente de la Asamblea, lo expresó así: Hay que negarle todo a los judíos como pueblo, y darles todo como individuos .

Y volvió la vida A partir de ahí la comunidad judía llevó una vida relativamente apacible en Francia, pero a finales del Siglo XIX el célebre caso Dreyfus inició la segregación y el antisemitismo.

Dreyfus fue un capitán del ejército francés de origen judío acusado en falso de traición a la patria y retirado de su rango, una acusación que tenía como único fin acabar con su brillante carrera.

Luego vino la convulsión de 1939, cuando el antisemitismo de las doctrinas nacional-socialistas alemanas los convirtió en víctimas. En ese momento Francia comenzó a recibir enormes cantidades de inmigrantes judíos provenientes de Alemania y Europa central, pero con la guerra y la ocupación de Francia por Alemania en 1940 el régimen de Vichy (colaboracionista durante la ocupación nazi, dirigido por el Mariscal Petain) creó un sistema de exclusión e institucionalizó el antisemitismo.

En esa época se llamaban israelitas , nombre que ocultaba el de judío , el cual había sido cargado de una connotación negativa. Vino entonces la deportación en masa, las ejecuciones, todo ese horror que hace que hoy, 50 años después, cualquier judío se considere un sobreviviente del holocausto incluso si nació después de 1945.

La década de los 60 vio llegar a Francia la segunda gran emigración judía del Siglo XX: la del Norte de Africa, la de los llamados pied noir . Provenientes de varios países del Maghreb, estos judíos volvieron a dar por su tradicionalismo un impulso a los hábitos y costumbres religiosas, un poco perdidas desde el holocausto ya que ninguno se atrevía a ejercer su religiosidad en público. Se decía entre los judíos franceses: para vivir felices, vivamos escondidos .

Hoy, con la total normalización de sus relaciones con la sociedad que los circunda, los judíos de Francia se debaten en torno a la polémica de sus raíces y su identidad, tema que llena páginas y espacio en los numerosos periódicos y charlas radiales de las emisoras judías (Radio Shalom, Radio J).

Se debe dejar de lado la tradición para diluirse en la masa ciudadana francesa? Los más religiosos dicen que no, caso del gran rabino Sitruk, una de las máximas autoridades religiosas de Francia. Para él, la cuestión de la identidad judía debe prevalecer sobre todas las cosas del mundo, empezando por el sagrado principio del matrimonio entre judíos. Lo dice el Señor en el Deuteronomio: No darás tu hija a su hijo (del no judío) ni tomarás su hija para tu hijo, pues eso separará a tu hijo de mí y lo entregará al servicio de dioses extraños .

Finalmente, la mezcla Pero el laicismo se impone en esta enorme comunidad, y a pesar de este precepto un 60% de los matrimonios son mixtos (con no judíos).

Para evitar esta digregación la comunidad ha tomado sus precauciones: la más importante es la Asociación Matar (que significa en hebreo flechazo de amor ), la cual tiene una agencia matrimonial para formar parejas judías.

Y a pesar de que en París, Montpellier, Niza o Marsella las sinagogas se multiplican, sólo un 15% afirma practicar el culto religioso de manera constante (todos los datos provienen del estudio La sociedad judía a través de la Historia, del historiador Samuel Trigano).

Así pues, al lado de restaurantes y pizzerías judías como la de Jonás, en la rue des Rosiers, existen en París centenares de establecimientos de todo tipo: en la rue de Rome, o en la de Saint Ferreol, un 75% de los comercios son de judíos: joyerías, sastres, almacenes de electrodomésticos.

La gran aristocracia, la de las profesiones liberales y, sobre todo, las grandes fortunas, vive en el suburbio parisino de Neully-sur-Seine en elegantes y apacibles residencias, mientras que en el Faubourg-Montmartre, a un nivel más popular, los judíos venden sus sanduches de kebab y juegan al dominó con los propietarios de los restaurantes irakíes y palestinos de la misma calle. Si los acuerdos de paz de Medio Oriente se firmaron en 1993, los judíos y árabes del Faubourg-Montmartre de París ya lo hicieron hace 35 años.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.