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DE CÓMO LA VIDA IMITA EL ARTE

DE CÓMO LA VIDA IMITA EL ARTE

Ya no se pueden ver telenovelas (soap operas). El juicio contra el atleta Simpson por doble asesinato, las desplazó todas , me dice una amiga a mi llegada a los Estados Unidos.

Es tal la audiencia con que cuenta este proceso transmitido por televisión, que no solamente las telenovelas sino toda clase de programas se ven desplazados por el famoso juicio penal. Ni el terremoto del Japón, ni las escaramuzas militares entre Ecuador y Perú, cobran importancia frente al enigma de quién mató a Nicole Simpson y a su amigo Donald -crimen que se atribuye al ex marido, el futbolista O.J. Simpson-.

La omisión, en cuanto al conflicto amazónico, no tiene nada de extraño. Seguimos siendo el patio trasero de los Estados Unidos, pese a cuantas Cumbres se celebren para darnos a los latinoamericanos un mejor status.

Quizá por el hecho de ser tan reciente la divulgación de los juicios por medio de la televisión, el interés que las audiencias del juicio (en el caso de Simpson) despierta entre los espectadores, ha adquirido semejantes proporciones. Hasta el presente, los juicios penales no se transmitían en vivo , y para enterar a la teleaudiencia se imponía acompañar el relato con dibujos de los protagonistas y del jurado. Con su aparición en la pantalla chica, todo el dramatismo de una novela policíaca se adueña del ánimo de los televidentes con el carácter de un episodio de la vida real, mil veces más apasionante que una película filmada. Son horas de verdadero suspenso en las que el público está predispuesto para escuchar las más truculentas revelaciones.

Involuntariamente evoco los dos más grandes éxitos de taquilla de este siglo, que fueron como un anticipo del juicio Simpson: El proceso de Mary Dugand en los años 30 y The Mouse Trap (La Trampa) de Agatha Christie que ya lleva casi medio siglo de presentarse todas las noches en un teatro londinense. Diríase que llevábamos años de preparación para participar de un espectáculo semejante en la vida real.

Agréguese a estos antecedentes la circunstancia de ser Simpson una estrella del deporte norteamericano y pertenecer a la raza negra, para configurar el elemento de una telenovela de amor y dolor , como dicen los locutores.

Al iniciarse el juicio, parecía indiscutible la culpabilidad de Simpson y lo que quedaba por ver era la habilidad del abogado defensor para sacar avante una causa perdida. Todos aquellos que en 1994 seguíamos el mundial de fútbol jamás podremos olvidar, en un momento crucial para el equipo colombiano, de qué manera Simpson se robó el show con una fuga sensacional, televisada desde un helicóptero, hasta cuando la policía logra capturarlo en una carrera desenfrenada a lo largo de una autopista. Qué duda podía caber de su culpabilidad tras semejante huida? La mujer, Nicole, de quien se hallaba divorciado, fue encontrada en su casa de habitación junto con su amigo , ambos brutalmente acuchillados por una mano poderosa que la policía no tardó en atribuir a su ex marido, el atleta Simpson. Los antecedentes despóticos de éste durante su vida conyugal justificaban, a la par con su huida, la fatal sospecha. En más de una ocasión, los vecinos de la pareja y la propia policía habían tenido que venir en ayuda de Nicole al oír sus gritos en que pedía socorro cuando Simpson le propinaba alguna golpiza. El fiscal de la causa ya ha podido producir grabaciones en las que Nicole reclamaba a gritos el auxilio de la policía.

Y, sin embargo, el juicio ha tomado un giro inesperado, cuando el abogado de la defensa sorprendió a la acusación con el anuncio de nuevos testigos que están prestos a declarar en favor de Simpson, suministrando toda clase de coartadas y, al propio tiempo, informes de peritos que desvirtúan las conclusiones de la Policía en cuanto a las manchas de sangre detectadas en la camioneta y en los guantes de Simpson; pero, sobre todo, la presencia de otros tipos de sangre en las uñas del amigo , pruebas que configurarían una nueva pista sobre al autor o los autores del crimen atribuido al deportista. Una testigo, que merece poca credibilidad, llega al extremo de aseverar que vio a cuatro hombres hablando en español en las proximidades de la casa a la hora del asesinato. Es una forma de implicar el móvil de la droga en el trágico episodio. Sólo falta la insinuación de que hay colombianos de por medio.

El público comienza a sospechar que lo que busca el abogado defensor es implicar a las autoridades, por acción o por omisión, en una investigación sesgada del crimen. Así se explica que, contrariando las reglas procesales del Estado de California, que obligan a revelar oportunamente los nombres de todos los testigos para que la contraparte pueda preparar una réplica, la defensa no haya vacilado en recurrir al elemento sorpresa, exponiéndose a una amonestación del juez.

Prejuicios raciales contra los negros podrían haber inspirado la actitud de los agentes encargados de la investigación, tanto más cuanto que uno de los detectives que participaron en los primeros pasos fue el mismo que hace unos meses protagonizó una escena transmitida a todo el mundo por la T.V., en la que aparece apaleando a un negro durante los motines de Los Angeles.

Si a todo lo anterior se agrega que entre los miembros del jurado hay una abundante mayoría de gente de color contra solamente dos de la raza blanca, y que la ciudad estuvo sometida a incendios y saqueos por causa de un conflicto racial, tenemos para rato en el camino de compartir con Oscar Wilde el aforismo de que es el arte el que se inspira en la vida.

Tan cierta ha sido la paradoja en el caso Simpson, que el libro más vendido en esta semana es el que contiene la defensa del propio Simpson, en que invoca los argumentos de sus abogados.

Miami, febrero de 1995

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