Secciones
Síguenos en:
DEAR MR. FRECHETTE:

DEAR MR. FRECHETTE:

Cuando usted llegó al país, muchos nos alegramos de que el talante del nuevo embajador norteamericano en Bogotá fuera muy otro al del tradicional y amenazante cowboy.

Eso se dijo, y también se dijo que no por ser usted un hombre de origen hispano y con buenas maneras diplomáticas, la posición del Gobierno de su país ni la suya propia frente al problema de la droga habría de ser menos firme e intransigente. Sino al contrario, más.

Eso lo estamos viendo a raíz de algunos apartes regañosos o regañones, y si se quiere amedrentadores, de su conferencia ante el Consejo de las Américas la semana pasada en Nueva York, según los cuales Colombia puede hacer más, mucho más, en su lucha frente a este flagelo. Que no lo está haciendo y que además falta voluntad política para afrontar decididamente esta batalla, tanto por parte del Gobierno como de los gobernados. Y aún peor. Que si no nos ponemos las pilas, podríamos inclusive quedar sin la certificación de nación más favorecida, al lado de países que, como Irán, Nigeria y Siria, son los enemigos de los Estados Unidos.

Sinembargo, usted, Myles Frechette, sabe que, a unos costos altísimos en términos de imperialismo, Colombia está no solo dando la guerra sino que, quizás como nunca, se encuentra entregada prácticamente a todas las solicitudes de ustedes.

Para empezar, el nuevo director nacional de la Policía, general Rosso José Serrano, es un hombre que, contrario a sus antecesores, es de la entera confianza del Gobierno norteamericano. O no? Esa medida está acompañada con la de la purificación interna que riesgosamente se viene ejecutando en el DAS. Se creó una nueva comisión para endurecer las penas a los narcotraficantes, al amparo del sistema de sometimiento a la Justicia, la confesión, delación y demás figuras copiadas del modelo estadounidense. En materia de erradicación de cultivos de coca y amapola se ha ido mucho más lejos que naciones como Bolivia, mediante fumigaciones con Glifosato que por su misma índole venenosa suscitan, como es obvio, todo tipo de controversias. Colombia ha propuesto un convenio internacional sobre lavado de dólares del que, hasta ahora, los llamados países industrializados y consumidores incluyendo el suyo han asumido una conducta sorprendentemente pasiva. A nivel del Legislativo por ventura se enterró el narcoproyecto. En 1994 se incautó más droga que en el año anterior, aunque se considere que eso no es suficiente. Se han capturado y extraditado delincuentes internacionales vinculados con narcotráfico. Volvieron a funcionar los radares, por exigente solicitud de su Gobierno. En el aparato carcelario se ha invertido y trabajado para mejorarlo, hasta el extremo de que ahora mismo se librará toda una batalla ecológica en el sentido de volver a convertir la isla de Gorgona en prisión de alta seguridad, existiendo otras posibilidades de montar este estilo de penitenciaría en islotes vecinos. Y todo esto mientras paradójicamente la ayuda de E. U. en relación con el programa antidroga de naturaleza bilateral disminuye dramáticamente en vez de aumentar.

Se imagina usted, señor Frechette, si, independientemente del compromiso y la voluntad política existentes de combatir la droga y su entorno (leáse carteles y demás), estas concesiones desde el punto de vista de la soberanía, no habrían estigmatizado a cualquier otro gobernante distinto del actual, por entreguista y proyanqui? Es más. Estoy convencido de que esta pública flexibilidad de Samper frente a los deseos imperiales, a la larga sí que le va a hacer daño. Al menos a nivel interno. El nacionalismo es un concepto remozado que, auncuando no es para exacerbarlo demagógicamente, existe en los pueblos. Como existe prevención y en algunos casos muy justa ante las actitudes colonialistas, las cuales, por eso mismo, tánto hacen añorar la otra cara ideológica del capitalismo gringo.

Pero bien. Pese a todo, estoy de acuerdo con usted en que se puede y se debe hacer más. Como investigar y encarar a quienes conforman y de qué oscuras fuerzas dependen las redes de distribución de droga en los E. U., que son las que facilitan la venta del producto y, por ende, su consumo.

Lo que sería aberrante, señor Embajador, es desconocer los esfuerzos mencionados. Sí. Nuestro país está hace rato permeado por culpa del dinero del narcotráfico. Y todos los días, todas las horas, hay que andar alerta para enfrentar esa capacidad que usted denuncia del cartel de Cali de utilizar enormes recursos financieros en sus esfuerzos por lograr legitimidad social y económica. Como ayer los tuvo el cartel de Medellín y mañana quién sabe qué otros más. Mientras el negocio de la droga exista, claro está.

Mas si por culpa de una posible descertificación (que no deja de ser extorsiva), usted, que tendría en esa decisión una influencia indiscutible, se pone del lado de los francotiradores contra Colombia, habremos perdido no solo a un interlocutor trascendental para el buen éxito de nuestras relaciones, sino de paso la guerra... Guerra que libramos no contra el poder de los Estados Unidos como con miopía lo malinterpretan dirigentes estilo Helms, sino contra el del narcotráfico. Aunque a veces pareciera confundirse ese objetivo, cuando existe de por medio semejante enemigo común.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.