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PRIMERA MULA CAPTURADA EN LA EX UNIÓN SOVIÉTICA

PRIMERA MULA CAPTURADA EN LA EX UNIÓN SOVIÉTICA

Lo mejor es dejarlo simplemente Ricardo, sin apellidos ni precisiones policiales o periodísticas. Con lo que le pasó el pasado 21 de septiembre en el aeropuerto de Borispol, en Kiev, la capital de Ucrania, este colombiano ya tiene suficiente. Yo no lo vi y por eso esta historia es de esas que hay que contar con lo que dicen otras personas.

En los cuatro meses que lleva en el centro de detención del Servicio de Seguridad Ucraniano, sucesor del KGB local, Ricardo ha visto a cuatro personas: su esposa ucraniana, con la que vivía en Monza, Italia; el mullido y simpático señor Zaglada, su abogado; el drástico mayor de la seguridad estatal, Klimuk; y el cónsul colombiano en Moscú, José Ignacio Mejía, que comisionado por la cancillería viajó hace poco a Kiev para verlo durante 40 minutos.

Ricardo es responsable de que ahora los aduaneros ucranianos cuando ven uno de nuestros pasaportes digan, con esa sonrisa y ese levantado de cejas típicos de los oficiales de inmigración en Estados Unidos y Europa: ah, colombiano , y procedan enseguida a mirarlo a uno como miembro encubierto del cartel de Medellín o el de Cali. Por estos soviéticos lares, las cosas no eran así. Pero con el paso al capitalismo, y sobre todo después de Ricardo, están empezando a levantarnos la ceja.

Con los paquetes de polietileno eran 6 kilos 400 gramos; sin ellos 5 kilos 840 gramos , me dijo el señor Zaglada en un bar de Kiev. Lo esencial sobre el primer caso de un colombiano preso en la ex-Unión Soviética por tráfico de cocaína me lo contó este abogado. Klimuk, el investigador, y Makashov el procurador en cuyas manos está ahora la investigación, se negaron a hablar con este enviado y a permitir una entrevista con el detenido.

Lo pillaron en Frankfurt Las dos maletas con doble forro en los costados y casi 6 kilos de cocaína que llevaba Ricardo las detectaron en Frankfurt. No lo pillo la tecnología alemana sino la mala suerte. Las maletas eran perfectas. Su doble forro era de fábrica y la coca estaba tan bien dispuesta que no la detectaban los rayos X. En Bogotá, según le contó Ricardo al abogado, su gente organizó que ni lo revisaran . Pero en Frankfurt, para seguir a Kiev, había que cambiar de avión.

Y el pegante de los forros, derretido durante el viaje, emitió un olor sospechoso. En lugar de llevar las maletas al otro avión, obligaron a cada uno de los pasajeros a reconocer su equipaje. Y, detectado Ricardo, le pasaron el dato a la seguridad ucraniana.

Derecho ucraniano De malas con el pegante. Pero más de malas todavía por no conocer la legislación en los países sucesores de la URSS. Los aduaneros le preguntaron insistentemente si llevaba o no cocaína. El, por supuesto, dijo que no. Ellos, por supuesto, la encontraron. Y ya preso Ricardo se entero que, si hubiera dicho que si llevaba la cocaína, quedaba eximido de responsabilidad penal. Por ley, se la hubieran decomisado y lo habrían deportado. La aceptación voluntaria lo habría librado de la cárcel.

En una cosa tuvo suerte. Al principio, seguramente asustado, Ricardo dijo que tiempo atrás había pasado un kilo de esmeraldas de contrabando. Además, declaró menos dólares de los que llevaba. El investigador se disponía, pues, a acusarlo de contrabando sistemático . Con eso, Ricardo tendría, seguros, 15 años en una cárcel local. El abogado Zaglada logró que él se retractase de las esmeraldas y, como la cantidad de dólares era pequeña, la acusación, que deberá ventilar un juicio hacia fines de febrero, es por transporte y almacenamiento de drogas con objeto de venta en Ucrania .

Mínimo 5 años Zaglada confía que en el proceso se logre eliminar la parte de la venta en Ucrania. Con lo cual Ricardo quedaría bajo un artículo que da de 3 a 10 años de cárcel. Si tiene mucha suerte, saldrá con 5 , dijo Zaglada.

El abogado confía en los atenuantes. Ricardo aceptó su culpa y tiene 9 hermanos y 2 hermanas, todos en el mismo estado de pobreza en que el país del Sagrado Corazón los vio llegar al mundo. En 1968, cuando tenia 7 años, murió su padre; 15 años después, su madre. Estos accidentes de la natalidad y la miseria latinas en el mundo post-comunista son atenuantes.

El colombiano, además, se ganó a pulso, becado por el gobierno soviético, un título con distinción de Magister en Ciencias Técnicas en una universidad local en Lugansk, donde estudió entre 1981 y 1986. Recibió premios, dictó conferencias y dirigió una sociedad de estudiantes extranjeros.

La perestroika lo pilló, casado con una pálida eslava, con educación y felicitaciones, pero tan pobre como había salido de Colombia. Se fue a Italia con su esposa. Vivió arrimado unos meses hasta que ella encontró trabajo nocturno en un restaurante y nuestro premiado magister como traductor de ruso.

Levantó, como tantos ex-estudiantes en la URSS, castillos de papel en vanos negocios. La edad de Cristo me embarcó en este asunto , le dijo al abogado. Dos italianos le habrían propuesto 20 mil dólares y parte de la venta de la coca. Como todo el mundo sabe, las mulas del tráfico no salen del Club Los Lagartos de Bogotá sino de las tentaciones que la selección natural de la pobreza opera entre millones de Ricardos.

Lo gobernó, quizá, la lógica del riesgo entre los que poco tienen que perder: a Santa Rosa o al charco . Por ella están en cárceles del mundo cerca de 20 mil colombianos.

La embajada colombiana en Moscú está aclarando si tiene antecedentes penales y consultando a la Cancillería si de un fondo especial para asesoría a colombianos detenidos en el exterior se pueden sacar los mil dólares que Zaglada pide para adelantar la defensa. Lo primero de nada servirá pues no hay tratado de extradición entre Colombia y Ucrania.

José Ignacio Mejía, el cónsul colombiano en Moscú, me dijo que lo había visto en buen estado de salud y, aunque no lo dejaron mirar la celda y que sólo tuvo una breve entrevista con él, en relativamente buenas condiciones.

Esperando el juicio que va a decidir si es completamente de malas o si la suerte por lo menos con la sentencia lo favorece, sigue a estas horas, en un celdita de la seguridad del Estado de Ucrania, el primer colombiano preso por tráfico de cocaína en la ex-Unión Soviética.

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