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MÉXICO: PEOR EL REMEDIO....

MÉXICO: PEOR EL REMEDIO....

Después de conocer el rosario de propuestas del gobierno mexicano para enfrentar la crisis, es claro que la estrategia gubernamental se concentra en el ataque coyuntural de lo que ha definido como un desequilibrio de cuenta corriente que fue subestimado y que ahora -una vez conocida su real dimensión- será resuelto mediante medidas de corto plazo y al precio que exijan unas circunstancias descritas como pasajeras.

Esto equivale a tratar de volver a escribir la historia o en términos aún más llanos, a un borrón y cuenta nueva .

Sin embargo, el problema económico de México también es estructural y es el resultado de la aplicación de incentivos económicos erróneos, especialmente durante la administración de Salinas, de la que muchos de los funcionarios actuales, incluyendo al doctor Zedillo, formaron parte.

La verdad es que hemos sido conducidos a un comportamiento equivocado y antieconómico por medio de un amplio menú de políticas híbridas, compuestas por incentivos, presiones y la creación de expectativas irrealizables.

En esa categoría caen los agotados e interminables pactos y los socorridos paradigmas del populismo, encarnados en Pronasol y Procampo, hasta la complicidad del Banco de México en el anclaje de una paridad ficticia del peso, apoyada por la manipulación del crédito, la liquidez y las erráticas elevaciones de las tasas de interés, que elevaron cuando no era necesario y no lo hicieron cuando realmente era inevitable y correcto.

Por el camino equivocado Y siguen vigentes todo el resto de ese conjunto de medidas que se cobijaron bajo el mandato del salinismo real denominado liberalismo social , no obstante que ahora es repudiado cínicamente hasta por sus más grandes adeptos del sector público, líderes políticos y sindicales y por empresarios concertacesionados.

La llamada apertura económica Salinista terminó siendo un híbrido, en donde los intereses proteccionistas más mezquinos fueron consagrados en un modelo supuestamente neoliberal que de liberalismo económico tiene poco y que se ha prestado para que ahora el mercado libre sea el chivo expiatorio del fracaso de una estrategia dirigista de ingeniería socioeconómica sexenal.

Esa estrategia al final se propuso -sin éxito- mantener flujos de financiamiento externo para objetivos políticos de corto plazo: las elecciones de agosto pasado y poder heredar así, sin contratiempos, el rancio poder presidencial priista, en ese escenario de falsa estabilidad económica, que ahora hemos visto desplomarse.

El harakiri *Lo grave es que siguen vigentes los incentivos erróneos que facilitaron el profundo desarrollo de la economía mexicana, representado por la pérdida de valor adquisitivo del salario, mercado recesivo en continua contracción, desempleo masivo, altas tasas de interés, desplome bursátil, explosivo endeudamiento externo y devaluación.

Siguen presentes también los elementos regulatorios y restrictivos de la economía que permitieron una polarización -sin paralelo en nuestra historia- de la riqueza y la pobreza extrema, al mismo tiempo de la creación de los descomunales oligopolios privados que padecemos.

Por lo anterior, debe dejarse en claro que el problema de la crisis financiera es uno, y otro es el problema estructural de la economía mexicana, por lo que el Programa de Emergencia -de mantenerse en los términos que han sido anunciados- no resuelve y, por el contrario, agrava y cancela las posibilidades del crecimiento económico, que a final de cuentas sería la solución para el problema estructural de la economía mexicana.

*Implantar un programa de choque disfrazado para pagar a los acreedores extranjeros implica un endeudamiento masivo, al que no se podrá hacer frente sin una reactivación inmediata de la economía.

Recordemos que la recesión inducida, los controles de precios y el incremento a cualquier costo de los ingresos fiscales son el sello característico de los programas de ajuste que exige el Fondo Monetario Internacional para otorgar préstamos.

Sofisma? Si es evidente que han sido los malos incentivos -como la banda de paridad cambiaria- los que han creado esta especulación financiera desde el exterior y los que llevaron a los consumidores por la puerta falsa de los dólares baratos -transitoriamente subsidiados por capitales golondrinos- para ampliar sus patrones de consumo con mercancías importadas, debemos preguntarnos, dónde están ahora los buenos incentivos para que tanto los productores como los consumidores de este país dirijan su capital y su trabajo a actividades que generen productos y servicios para el consumo doméstico y de exportación?.

En dónde están los incentivos para que la industria del turismo -que es la que en forma más rápida y eficiente puede generar cuantiosos ingresos de divisas- reactive su operación cuando sufre de una carga impositiva de 2 por ciento sobre activos que la descapitaliza? En dónde están los incentivos de simplificación administrativa para que el pequeño y mediano empresario pueda abrir un negocio y lo haga rentable antes de que le caiga encima toda la pléyade de gravámenes fiscales, licencias, seguro social, etc.? Es contradictorio que por un lado el gobierno exija a los contribuyentes mexicanos más sacrificio para pagar errores crasos, y por el otro lado no le ofrezca al pueblo un programa de incentivos para salir adelante.

No hay mejores incentivos para reactivar la economía que bajar los impuestos, desreglamentar al máximo y bajar el gasto público y la burocracia. Para ello, desde luego, se requiere invertir valor civil y capital político.

Los mexicanos ya estamos saturados de empobrecimiento y sacrificio. Demandamos estímulos, facilidades y seguridad jurídica para nuestras familias y para el desarrollo de nuestras actividades productivas. Los incentivos son la clave de la solución, tanto para el pueblo como para el propio gobierno, ante la quiebra técnica en que se encuentra.

(*) Director del Centro MISES.

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