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EL CLÍMAX DE LA APERTURA:

EL CLÍMAX DE LA APERTURA:

Tantos años de expectativa para ver convertida en realidad la ansiada nueva ley de la televisión; fueron insuficientes para quienes sabían que la apertura les pondría a correr contra el tiempo, en materia de producción de programas para llenar las franjas que de pronto estarán en el aire y se constituirán en elementos de competencia, objetos de crítica, reglas del juego para establecer simpatías y antipatías entre televidentes y anunciadores.

Las programadoras grandes -sin excepción- andan en auténtico estado de alerta y sigilo, craneando todo género de espacios con la idea de clasificar en una carrera que será desbocada al principio, pero de tan largo aliento, que permitirá un amplio trayecto para arreglar las cargas en el camino y comprobar que más sabe el diablo por viejo que por diablo. Porque en la televisión, donde todo está hecho y parece que hay muy poco que inventar, no caben las improvisaciones ni los experimentos ingenuos.

Conclusión: llegó el momento de la verdad, la hora de convocar talentos que armonicen en la filosofía de la asociación, la estrategia del equipo en función de la calidad y el desestímulo de los individualismos que en buena parte han sido culpables de los fracasos en la TV con camisa de fuerza, la que hemos visto en estos 41 años de genuflexión y control.

Por fin, en otras palabras, habrá productoras de televisión, empresas que se dediquen por completo a la invención y realización de espacios que adquirirán las programadoras, cuya específica función comercial debe convertirlas en exigentes compradoras, si aspiran a superar la categoría de simples cargadoras de ladrillos, que también las habrá... y por montones! Esa fiebre repentina, aunque de vieja data anunciada, fue la que provocó la indispensable pero muy retrasada implantación de las 24 horas continuas en los canales oficiales, para los que también suena la campaña del reto: no será nada fácil colonizar la media noche, el tiempo para la vigilia y para el sueño, la región del tiempo donde entre luna y tinieblas se configura el territorio invisible de los noctámbulos. Pero ya era hora para este país donde todo nos llega tarde , menos la muerte, para actualizar el verso semicaduco de Julio Flórez. Quienes no se estabilicen tras el clímax de la apertura, estarán condenados a ingresar en el climaterio del siglo XX.

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