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LAS CIEN MEJORES PELÍCULAS DE UN SIGLO

LAS CIEN MEJORES PELÍCULAS DE UN SIGLO

Griffith crea un lenguaje autónomo basado en el montaje narrativo y logra un primer melodrama norteamericano absolutamente perfecto con su fiel actriz Lilian Gish (Capullos rotos, 1919); Eisennstein, la contraparte soviética, concibe una estética particular de extraordinaria fuerza ideológica (El acorazado Potemkin, 1925). Mientras que el sueco Sjostrom trasladó a la pantalla el naturalismo fantástico (La carreta fantasma, 20), Murnau realizó dos obras maestras del expresionismo mudo alemán (Nosferatu, una sinfonía del terror, 22 - El último hombre, 24) y Amanecer, 27, en E.U. Dos artistas vieneses se consagran como los grandes del séptimo arte; en efecto, Fritz Lang, con una pieza inmortal de ciencia-ficción (Metrópolis) y Von Stroheim en Hollywood con la monumental Avaricia y la magnífica Reina Kelly (Gloria Swanson). María Falconetti estremece por la sublime interpretación danesa de La pasión de Juana de Arco (Dreyer) y Buster Keaton sorprende por la elasticidad de una joya cómica t

Edad de oro Los treinta se abren en Latinoamérica con una verdadera preciosidad que fascinó a Eisennstein: Límite, del brasileño Mario Peixoto. El sonido es una realidad gracias al rigor de M. el maldito (Lang), la poesía de Bajo los techos de París (Clair), la sofisticación de Shangai Express (Josef von Sternberg - Marlene Dietrich) y el juego romántico de San Francisco (Van Dyke). Pero es El ángel azul quien hace del cabaret berlinés un drama sublime y La dama de las camelias única responsable de que el mundo entero se rinda a los encantos lacrimosos de Greta Garbo. Lang en Hollywood sobresale con la exaltación del género criminal -Furia-, Chaplin conoce la apoteosis de Tiempos modernos y William Wyler se consagra con su adaptación de Cumbres borrascosas. Francia presenta el realismo poético de La gran ilusión (Renoir) y Muelle de brumas (Carné) pero también cautiva con la propuesta surrealista de Cero en conducta (Vigo). Si Alexander Nevski es una traducción visual de la sinfonía de Prokofiev, Lo que el viento se llevó (1939) reafirma la concepción escenográfica de Hollywood.

Años de guerra Ciudadano Kane (41) convierte a Orson Welles en símbolo del cine moderno, Casablanca es la prueba de amor entre Bogart e Ingrid Bergman, Las uvas de la ira recrea una realidad social -Steinbeck según John Ford-, Rebeca equivale al misterioso debut de Hitchcock en Hollywood y La luz que agoniza (Cukor,44) mantiene en vilo a los espectadores. Chaplin repite con la insuperable parodia de El gran dictador y el humor negro de Monsieur Verdoux. Visconti anticipa el neorrealismo italiano en Obsesión (42) y De Sica marca la cima del principal movimiento de posguerra con El ladrón de bicicletas (48). Emilio Fernández, el famoso Indio, obtiene la Palma de Oro para México y María Candelaria enloquece a los admiradores del fotógrafo Figueroa.

Mitad de siglo Sunset Boulevard, del vienés Wilder, es una cinta maravillosa de principio a fin que se sobrepone al talento dramático de Gloria Swanson. La comedia musical tiene sus momentos más brillantes en Cantando bajo la lluvia (Donen & Kelly) y Un americano en París (Minnelli), el western alcanza la gloria en El tren silbará tres veces (Gary Cooper y Grace Kelly), el suspenso sobrecoge en Vértigo de Hitchcock y Eva recibe un Oscar por el histrionismo de Bette Davis. A nivel internacional: El (53) o la teoría suprema de los celos (Buñuel), Pickpocket del trascendental francés Robert Bresson, Lola Montes y la espectacular frivolidad de Max Ophuls, Las fresas salvajes del sueco virtuoso Ingmar Bergman, las perlas japonesas -Rashomon de Kurosawa y Los cuentos de la luna vaga de Mizoguchi- y por supuesto, en 1959, el comienzo de la nueva ola francesa con Sin aliento de Jean-Luc Godard. Sin olvidar: Umberto D.

Locos sesenta El internacionalismo se apropia de las pantallas y la subversión poética es un común denominador: El ángel exterminador (Buñuel en México), Brasil a través de Los fusiles (Ruy Guerra) y la extraordinaria Tierra en trance (Glauber Rocha), Cuba y sus Memorias del subdesarrollo (Gutiérrez Alea), Colombia y las verdades de El río de las tumbas (Julio Luzardo), Puños en el bolsillo del anarquista italiano Marco Bellocchio y Vidas secas del paulista Pereira dos Santos. Tiempo de obras maestras como El gatopardo de Visconti, la delirante 8 1/2 de Fellini, la perturbadora Teorema de Pasolini, la explosiva Blow-up de Antonioni en Londres, la mística Madre Juana de los Angeles del polaco Kawalerowicz y la no menos bella Viridiana de Buñuel. Cómo excluir 2001-Odisea del espacio (Kubrick), el If... del británico Lindsay Anderson o el Andrei Rubliev de Tarkosvki? Bella época Desde El año pasado en Marienbad (Resnais,62 y Cabaret (Bob Fosse,72) a El último tango en París (Bertolucci,73) y Apocalipsis ahora (Coppola, 79, pasando por Los duelistas (Ridley Scott) y La marquesa de O. (Eric Rohmer y Néstor Almendros). Con el toque viscontiano de Muerte en Venecia, irrumpe Scorsese con Taxi driver y Fassbinder con Las lágrimas amargas de Petra von Kant; el español Erice en El espíritu de la colmena, el polonés Wajda en Las bodas, el mexicano Ripstein y El castillo de la pureza, el cubano Titón por La última cena y naturalmente Woody Allen con Manhattan. Para citar aquí la fabulosa Naranja mecánica de Kubrick (71), el Padre padrone de los hermanos Taviani (77) y la soberbia Mr. Klein de Joseph Losey (con Alain Delon y Jeanne Moreau).

Ultimos tiempos Sin ánimos de fatigar, he aquí la lista final cuyos méritos incuestionables están en la memoria de casi todo el mundo: El toro salvaje (Martin Scorsese), Fanny & Alexander (Ingmar Bergman), París-Texas (Win Wenders), Kagemusha (Akira Kurosawa), Blade Runner (Ridley Scott), Atlantic City (Louis Malle), El baile (Ettore Scola), El último metro (Francois Truffaut), La balada de Narayama (Shohei Imamura), Terciopelo azul (David Lynch), Mephisto (Istvan Szabo), El maestro de música (Gerard Corbiau), Arrepentimiento (Tenguiz Abuladze de Georgia) y Adiós a mi concubina del chino Kaige. Cómo no mencionar el Therese de Alain Cavalier o Un hombre mirando al sudeste del argentino Eliseo Subiela o Tiempo de morir de nuestro director Jorge Alí Triana.

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