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LA HISTORIA DEL MILLONARIO CHEQUE QUE GIRÓ UN DIFUNTO

LA HISTORIA DEL MILLONARIO CHEQUE QUE GIRÓ UN DIFUNTO

La muerte del industrial Luis Fernando Mazuera Aya se produjo a las 11 de la mañana de miércoles 17 de febrero de 1992. Dos días antes, su guardaespaldas -que parece ser el cabo que aún tiene suelto esta historia- reclamó en la oficina principal del Banco de Bogotá una nueva chequera para su jefe.

El día de la muerte del industrial desaparecieron dos cheques. Uno de ellos ha tenido en los dos últimos años a los herederos en los estrados judiciales intentando impedir que se paguen 80 millones de pesos que, según los investigadores, nunca fueron girados por Mazuera.

María Nubiola Cardona de Molina, una mujer tolimense radicada en Pacho (Cundinamarca) insiste en que dos noches antes de su muerte el industrial Mazuera fue hasta su casa y le giró el cheque como pago por una esmeralda que aún no ha aparecido.

La versión de la cónyuge de Mazuera es otra. Bajo juramento, ella aseguró que vio a su esposo ese lunes, hacia la medianoche, en la casa. El se encontraba muy enfermo y de hecho, al día siguiente comenzó a agonizar.

La Fiscalía no creyó en la inocente versión de los hechos que presentó María Nubiola Cardona y por eso ahora ella enfrenta un juicio por el delito de falsedad. Lo curioso es que la mujer y el abogado al que le endosó el cheque recibieron de la familia Mazuera, hace más de un año, 218 millones de pesos como pago por el cheque.

El caso parece que comienza a aclararse y la familia cree que podrá recuperar parte del dinero, aunque aún hay mucho de contradictorio en el proceso.

El problema comenzó, sin que la familia Mazuera lo supiera, un mes después de la muerte del industrial. Un día cualquiera, cuatro semanas después del fallecimiento de Mazuera, el guardaespaldas del industrial se presentó ante la viuda y le dijo que como muestra de su honestidad le hacía entrega del cheque número 6 del talonario que él había reclamado el lunes antes de la muerte de su patrón.

El cheque, por 250 mil pesos, había sido girado por Mazuera a nombre de su esposa el día de su muerte. Era el número 6 de la chequera.

Desde ese momento nadie se preocupó por revisar el talonario de cheques, hasta cuando a comienzos de 1993 el Juzgado 8 Civil del Circuito de Bogotá le notificó a la familia que se había iniciado un proceso ejecutivo en su contra para exigir el pago de 80 millones de pesos.

El demandante era Jaime Orlando Ovalle Gaitán, un abogado a quien María Nubiola le había endosado el cheque por 80 millones de pesos. Ese era el cheque número 5, que hacía falta en el talonario.

La demanda se elevó contra la sucesión de Mazuera; en principio esa herencia le corresponde a su esposa y a su pequeño hijo de 10 años. Entonces la familia inició un proceso penal para demostrar que el cheque era falso.

Los familiares de Mazuera comenzaron a pensar que probablemente el guardaespaldas del industrial tenía alguna relación con el caso. Nunca se presentó a reclamar su liquidación y la entrega del cheque no les pareció entonces un acto muy inocente. Pero el guardaespaldas nunca volvió a aparecer e inclusive hoy su paradero es un misterio.

La falsedad El dictamen pericial que buscaba determinar si esa firma había sido estampada por Mazuera se constituyó en una primera odisea. Los dos primeros conceptos, emitidos por el mismo perito, eran contradictorios: el primero decía que la firma sí correspondía, y el segundo la daba por falsificada. Pero el conflicto ya se subsanó, pues un tercer concepto concluyó que la firma es falsa.

Sin embargo, el proceso civil continuaba y la familia decidió solucionar el asunto conciliando con Ovalle y con María Nubiola y el acuerdo se firmó. Los Mazuera se comprometieron a darles 218 millones de pesos. Setenta y nueve millones fueron entregados a través de un cheque y el dinero restante se pagó con cuatro apartamentos y dos casas para estrenar en las urbanizaciones de propiedad de la familia.

Pero los Mazuera no contaba con la astucia de Ovalle, quien mantuvo el proceso en el Juzgado Civil. Pocos días después de sellado el acuerdo, el Juzgado ordenó que se pagaran 358 millones de pesos por el cheque con los intereses originados durante el tiempo que tardó el pago.

La esposa de Mazuera y el representante legal del niño hijo de Luis Fernando Mazuera comenzaron a recibir llamadas en las que Ovalle presionaba la entrega de más dinero so pena de hacer efectivo el fallo judicial. Entonces, los Mazuera iniciaron un proceso penal contra el abogado, esta vez por el delito de extorsión.

Mientras tanto, la Fiscalía llamó a juicio a María Nubiola Cardona por la falsedad del cheque. Todos los argumentos de la mujer fueron derribados por el fiscal.

En primer lugar, Mazuera nunca giraba cheques en máquina de escribir y aunque la mujer dijo que la máquina era la de la finca, el fiscal constató que los tipos de letra no correspondían.

Tampoco fue sensato para el fiscal que Mazuera viajara a Pacho expresamente, en tan grave estado de salud, con el único fin de comprar la misteriosa esmeralda. Y menos claro resultaba que Mazuera girara un cheque por tanto dinero de una cuenta que casi nunca tenía tan alto saldo.

Por estas razones, para la Fiscalía, la versión de María Nubiola no es más que una invención. En caso de que el juez encuentre ajustados los argumentos de la Fiscalía, María Nubiola Cardona sería declarada responsable de la falsedad, con lo cual estaría en la obligación de devolver el dinero que ya recibió.

Cuándo prescribe el delito? En el proceso penal de María Nubiola Cardona la Fiscalía Delegada ante los Tribunales de Bogotá y Cundinamarca estudió en detalle el tema de la prescripción para el delito de Falsedad en Documento Privado.

Para la Fiscalía es claro que el delito comienza a producir efectos cuando se intenta hacer efectivo el cheque falsificado y no en el momento en que se hace la falsificación del cheque.

Se integra la infracción penal -dice la Fiscalía- cuando se saca de la esfera individual del agente y se inicia la relación jurídicamente relevante orientada a producir el efecto de derecho en su cobro, que en nuestro caso se hizo por la vía coactiva .

No obstante, la Fiscalía no aceptó los argumentos de los representantes de la parte civil en el proceso quienes aseguraban que el delito era casi de carácter permanente, pues es comprensible que en el momento de su uso se agota la ilicitud .

La Fiscalía consideró, entonces, que el delito de Cardona se produjo el 12 de diciembre de 1988, cuando se inició el proceso ejecutivo para obtener el pago del cheque. El tiempo de prescripción de este delito es de 6 años.

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