EN DOS AÑOS, HAN SOCORRIDO A 1.100 FAMILIAS VÍCTIMAS DE LA VIOLENCIA CONCIENCIA DEL DOLOR AJENO

EN DOS AÑOS, HAN SOCORRIDO A 1.100 FAMILIAS VÍCTIMAS DE LA VIOLENCIA CONCIENCIA DEL DOLOR AJENO

No deberían existir, porque no debería hacerlo el terrorismo. Pero como la realidad es otra, ojalá hubiera más de ellas en todo el país. Es decir fundaciones que, sintiendo el dolor ajeno, hagan algo por las víctimas de la violencia y sus familias. Es el caso de Fabiola Lalinde de Lalinde, madre de un desaparecido, que colabora en Medellín con la Fundación Apoyo a los Familiares de la Violencia Política en Colombia y con Cedavida (ver recuadro). Sobre el caso de su hijo, dijo alguna vez Daniel Samper Pizano, en 1984, en su columna Reloj de EL TIEMPO: El pasado 3 de octubre, a las 6 de la mañana fue detenido en Jardín (Antioquia) el militante del EPL Luis Fernando Lalinde Lalinde. Varios testigos vieron cuando era conducido por un piquete de soldados... Desde entonces no se sabe nada de él . Hoy, seis anos después sigue desaparecido.

09 de octubre 1990 , 12:00 a. m.

Otro hijo suyo se encuentra exilado por causas políticas. Ella fue detenida por supuestos vínculos con narcotráfico el 23 de octubre de 1988, y dejada en libertad diez días después. Como miembro de Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (Asfade), promueve terapias grupales con sus compañeros de la asociación. En abril presentó al Departamento de Sicología de la Universidad de Antioquia un proyecto de asistencia sicológica que hizo con un equipo interdisciplinario para víctimas de la violencia política. No se ha puesto en marcha. Tocando puertas en Bogotá a finales de 1989 se encontró con la fundación. Recibió ayuda para siete familias antioqueñas víctimas de la violencia. Para Cedavida colaboró en la organización de la seccional Medellín. Mi labor es abrir trocha en la asistencia a víctimas de la violencia y sembrar inquietudes, dice. Porque los problemas del país no se resuelven en las cafeteras de las universidades. Hay que involucrarse con la realidad . Precisamente en Antioquia, la fundación desarrolla un programa pionero en asistencia a comunidades afectadas por la violencia. En Pueblo Bello (Urabá), el 14 de enero pasado se informó del secuestro y del asesinato de 43 hombres. En principio la fundación, a cada una de las treinta familias afectadas, les dio un auxilio en efectivo. Luego, con la comunidad, se hizo una evaluación de sus necesidades. Se montó una panadería y se diseñó un proyecto grupal de ayuda sicológica. Cuando en una comunidad de 550 personas dice Marta Franco, directora de la fundación, 43 desaparecen, el resto queda mal por siempre. Yo estuve allá. Treinta militares me cuidaban, pero la paranoia era total . Cedavida, en cambio, tiene su programa bandera en Villavicencio, en el restaurante Los Pitufos. Cada una de las nueve mujeres viudas y madres de desaparecidos recibe mensualmente la alimentación y un sueldo. Cuando una de estas formas asociativa se sostiene, es entregada a los beneficiarios dice Constanza Ardila, directora de Cedavida. En esta fase está Los Pitufos . Con un aporte de la organización española Manos Unidas, Cedavida desarrolla un programa de albergues infantiles para damnificados por la violencia: tres en Bogotá y cuatro en Villavicencio. La coordinación es de Bemposta. La fundación también asiste a personas víctimas por narcoterrorismo. El primer caso que atendió fue el de Mara Cristina Bríñez Benavides, quien viajaba en una buseta e Bogotá cuando explotó el carrobomba contra el general Maza Márquez, el 30 de mayo del año pasado. La cara le quedo marcada y perdió un ojo. Su papá, un pensionado de Adpostal, no podía correr con los gastos. Cuatro cirugías plásticas practicadas por Bernardo Rojas, en el Hospital Militar Central, fueron financiadas por la fundación. El problema de Mara Cristina Bríñez, quien se gradúa en diciembre en administración de empresas, ya no es médico. Ahora es de trabajo, pues en los sitios donde se presenta no la aceptan. Otro ejemplo de asistencia comunitaria: en la marcha de cerca de cuatro mil campesinos del Magdalena Medio hacia el municipio antioqueño de Yondo, en agosto, la fundación prestó atención médica y alimenticia. Con el hospital Héctor Abad Gómez de Barrancabermeja realizó una brigada de salud. Y a cada familia, cuando iba a regresar, se le dio un mercado.

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