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DE MADRID A BOGOTÁ

DE MADRID A BOGOTÁ

Rehilete confiesa que se le humedecieron los ojos cuando César Rincón se retiró al burladero, prácticamente llorando. Y de pronto volvió el recuerdo a Madrid, a esos días en que el torero colombiano, rompiendo todas las cifras, salía cuatro veces por la puerta grande de la plaza más importante del mundo. Surgió así un ídolo inesperado y quienes llevamos la afición a la fiesta brava en nuestra sangre desde hace muchos años, no podíamos creer lo que antes era imposible.

Ver a un colombiano, a un bogotano por demás, mandando en el toreo y toreando como pocas veces habíamos visto. Todo eso pasó por nuestra mente y de nuevo el recuerdo de millares de banderas patrias ondeadas por los aficionados daban pie a ese respeto que desde tales tardes he sentido por César Rincón. Lo sigo sintiendo y lejos están de acertar quienes creen que Rincón es una figura del pasado. Sin desmedido optimismo, sin falsos nacionalismos, ya lo verán.

La corrida del domingo reúne un cúmulo de circunstancias que todavía no podemos analizar. Hay hechos concretos, una excelente faena de Rincón al primero, dos impresionantes, por el arte y la clase, las de Ponce a sus dos enemigos. Otra la del segundo toro, viejo, cornalón, en el cual Juan Mora lo toreó por la izquierda, lo dominó por la derecha, y terminó, a juicio de quien escribe, con algo que merecía una oreja y no se la dieron.

Aparte del trágico suceso, donde la guerra de las polas se inmiscuyó misteriosamente en el ánimo de los espectadores, apelando a los más severos principios de la imparcialidad, el toreo de muleta de Rincón en el primero debía encantar a todos los aficionados que les gusta ver citar a los toros de largo, empaparlos en la muleta y culminar el muletazo. Ese es el toreo que me ha gustado toda la vida, desde Luis Miguel a hoy.

A Rincón lo volveremos a ver y cuando pase este bache en el que se han conjugado los factores más extraños, casi dignos de un análisis sociológico. Esperamos que se acabe esa racha de toros mansos y aun con peligro. Vamos a tener a César por largo tiempo. No sólo en Colombia sino en España.

Los toros, desconcertantes; casi bravos, pero con bravura boba, que poco transmitían. A veces se torearon solos, pero ese clima donde una guerra no taurina llegó a las arenas, cambió el panorama. Hasta truenos hubo. Y de rebote, le tocó a Rincón pagar el pato. Ya se desquitará.

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