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POR SUS PRÓLOGOS LOS CONOCERÉIS:

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Pero hay más. Aparte del volumen de Memorias, los Ulrikos se las han ingeniado para publicar bellos libros de poesía que enriquecen las bibliotecas latinoamericanas, hasta ahora tan dispersas, tan insulares. Libros singulares, además, porque son poesía con prólogos de otros poetas que se lanzan, emocionados e inspirados, a tratar de hacer visible lo invisible. De tal comunión de voces tomamos los siguientes botones de muestra.

La ansiedad perfecta, de Daniel Samoilovich, el argentino director del Diario de Poesía. Juan Manuel Roca, quien lo presenta, lo define como un libro sereno y denso y luego sutil, sensorial y cerebral, diurno en su nocturna vigilia . Samoilovich, en efecto, aborda el trabajo de la depuración de la imagen a través de la palabra cotidiana: La mañana, como la ciudad y los viajes dibujados/ en grandes paneles, es posible pero esquiva .

Instrucciones para leer ceniza, del uruguayo Rafael Courtoise. Rafael del Castillo recuerda que en alguna ocasión el poeta norteamericano Kenneth Rexroth escribió: El noventa por ciento de las peores personas que conozco son poetas , y sustenta: El poeta no transige, atraviesa la vida sin hacerle el quite a nada ni a nadie. Nombra la herida, nombra el silencio, nombra la soledad letra por letra . Y, claro: Además de ser una de las peores personas que conozco (léase en el mejor de los sentidos), es uno de los mejores amigos que me ha deparado el Encuentro . ( El flautista no alcanzó a llevarse/ las ratas del pueblo./ Los niños las devoraron ).

Malos modales, de Juan Calzadilla, de quien Robinson Quintero destaca que se ha detenido en el hombre, no ha querido pasar junto a él fugazmente . Cierto: En la poesía está la medida de lo que no hemos podido llegar a ser .

Bajo el ala del relámpago. Bella antología del buen poeta colombiano Samuel Jaramillo ( Mis palabras/ talladas en la niebla/ miran hacia lugares distantes,/ hacia sitios escondidos,/ a veces hacia atrás ). Lúcido y poético, también, el prólogo de Edmundo Perry, quien nos hace ver que Jaramillo al escogerse como poeta ha escogido las palabras no solo para viajar hasta los objetos sino para crearlos . El apartado de los Ulrikos es el 19836, de Bogotá.

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