Secciones
Síguenos en:
EL OFICIO DE MATAR

EL OFICIO DE MATAR

Parece no haber tenido pasiones y ser indestructible. Jamás se muestra agobiado por la culpa o el temor. Su existencia contradictoria lo aleja del lenguaje ordinario de los demás y soporta bien la soledad. Se ha hecho un proscrito, por gusto o por necesidad, pero en su aislamiento parece vivir sin vergenza y sin conflicto. Este héroe-antihéroe obtiene su ganancia y su placer del simple hecho de matar.

Es León (Jean Reno) el protagonista de El perfecto asesino, la nueva película de Luc Besson (Azul profundo, Nikita).

Y aunque este hombre enigmático de 1,85 metros de altura, pulpo temible del crimen anónimo, pudo ser el héroe de una historieta de dibujos animados o de una película mediocre de la serie B en el imaginario infantil, se convierte para la pequeña Mathilde (Natalie Portman), huérfana de una familia acribillada por asuntos de droga, en un verdadero héroe, en su amigo y salvador. Con ella, León tendrá una jovial y gentil relación, y su historia también podría llegar a ser la ilustración de una tira cómica o de una película de gangsters de la serie B.

La matanza de la familia de Natalie en verdad fue horrible. El cínico, el odioso Stansfiel (Gary Oldman), que dirigió la matanza, pone en escena la otra cara del crimen organizado. León mata con inocencia animal. Stansfiel mata con crueldad patológica. Crueldad enmascarada con la frialdad de sus principios de agente de la DEA o, mejor, de su falta de principios que ha puesto al servicio de la lucha contra el tráfico de droga. Así, la película se construye con la modulación de estas dos formas de violencia. Y en sus mutuas interferencias revela el carácter propio de la energía acumulada a cada lado del crimen organizado.

Es como Luc Besson afirma la continuidad del placer del relato, apenas atravesado por la línea que separa los dominios de la ley y fuera de la ley. Línea tenue, ya que en el transcurso vertiginoso del relato muy pronto queda abolida. Al dar la espalda al maniqueísmo en el reparto de personajes buenos y malos , Besson asegura sobre los tipos humanos, y sus vestigios morales, el antagonismo natural de sus figuras. Por eso, aquel crimen que arroja a Mathilde, la pequeña e indefensa muchachita de doce años, al refugio de León introduce un giro determinante en las reglas de su juego.

Pareja curiosa Sale la bestia negra de su guarida y en su relación con Mathilde se transforma; se hace más humano y por ello vulnerable. Ella quiere aprender el oficio de matar, pero León tomará el lugar de su venganza. El esquema de fuerzas en pugna, con sus violentas escenas derivadas, remite de inmediato a las referencias clásicas del género: así se construye el héroe. León, hombre enigmático sin enigma, silencioso pero sin nada que callar, especialista y puntual criminal, de pronto con la presencia de la bella jovencita a su lado, transforma la rutinaria mecánica de sus actividades en un círculo amplio de feroz violencia vindicativa.

Curiosa pareja, sobre la cual recae la inocencia de lo criminal. La justa venganza. Inocencia que el director transfiere desde un principio a la relación de León y Mathilde y de la que ha alejado toda sombra de duda. Se trata siempre y solamente de una película policiaca sin deslizamientos ambiguos hacia una relación imposible. Aun así, las seductoras presencias no evitan que el suspenso se inscriba en el filo de un doble registro: por una parte, el de la vida amenazada; por otra, el de la oda al amor platónico, que pone en juego la vida, y que de manera acaso un poco cómica Luc Besson invoca en esa gentil relación entre aquella bella niña y aquel niño grande, serio y peligroso como ninguno, que es León.

A Luc Besson puede vérsele como un cineasta ecléctico. Pero también como un niño grande con un juguete grande y peligroso. Si se hace adulto es con su visible retorno a los modelos consagrados por el género. Allí, Besson alcanza ese equilibrio un tanto manierista que siempre ha buscado entre la gracia y la técnica. Y aunque El perfecto asesino es pura declinación del cine norteamericano, con el humor y la ternura, sus énfasis particulares y su personal visión de Nueva York, está marcada de principio a fin por la impronta de su estilo. Sus calculados comentarios visuales dan el tono, a veces un tanto solemne, de los sentimientos que mueven a esta razonable y deliciosa ostentación de los caracteres.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.