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EL ASUNTO ESDE DOBLE VÍA

EL ASUNTO ESDE DOBLE VÍA

Quien observe desde una posición objetiva y neutral las descaecidas relaciones entre Colombia y Estados Unidos tiene forzosamente que sorprenderse de la unilateralidad que las afecta de norte a sur. Tal parece como si Colombia hubiese inventado la cocaína, la morfina, la heroína, y no que su procesamiento respondiese a la creciente demanda norteamericana iniciada durante el malhadado conflicto de Vietnam.

De Colombia se espera todo. Que controle la manufactura y exportación de la droga maldita. Que desmantele las organizaciones clandestinas como si no reptasen a cubierto de sus vastas redes protectoras y del tinglado formidable de su dinero corruptor. Que descubra de la noche a la mañana sus laboratorios y plantas disimulados bajo la manigua encubiertos por organizaciones guerrilleras provistas de armamento capaz de herir y derribar helicópteros, como pudo evidenciarlo -y olvidarlo pronto- el vicesecretario de Estado para asuntos del narcotráfico cuando su helicóptero fue baleado al aproximarse a un laboratorio selvático.

Y si todo eso no funciona de acuerdo con las expectativas norteamericanas, el país se sitúa al borde de sufrir serias sanciones, cuyos efectos agravarían aún más su precaria situación, en la lucha solitaria que adelanta por cuenta de los consumidores dispuestos a exigir pero no a dar, mientras todo lo arriesga en la desigual confrontación.

Qué tal que nosotros pudiésemos exigir en la misma medida? Comenzaríamos demandando que se suspendieran las exportaciones de insumos químicos para el procesamiento de los alucinógenos. Podrían las naciones industriales que los producen detener los envíos, con sus sofisticados y poderosos engranajes de seguridad? Y si puede, por qué no lo hacen, y sí nos obligan a cortar los de droga, sin medios suficientes y con una poderosa red internacional de apoyo? Seguiríamos pidiendo que la campaña educativa para prevenir el consumo de droga en escuelas, colegios y universidades fuese más activa y efectiva, contando como cuenta con un formidable aparato publicitario y recursos fiscales enormes. Si la demanda aumenta, no es porque Colombia -que no es el único proveedor- les sitúe más droga, sino porque lo poco que se hace para prevenir el consumo no surte los efectos deseados.

La solución, sin embargo, no debe buscarse en una estéril competencia de inculpaciones recíprocas, ni que el más fuerte cargue sobre el más débil la responsabilidad de un problema de dos puntas, resuelto a sancionarlo farisaicamente, prevalido de su poder económico y político. Como convendría plantearlo es en la aceptación franca y sincera de que no puede combatirse unilateralmente y que si se quieren obtener resultados decisivos es forzoso unir esfuerzos en algo más que una simple cooperación de recursos insuficientes, además de que en la ley de oferta y demanda que rige este y todos los negocios del mundo, no se puede acabar con aquella mientras ésta crece.

Tampoco será posible hallarla reduciendo la participación a unos recursos dados con cuentagotas, disminuidos año tras año o cortados cuando se halla que los resultados de la lucha no satisfacen a quien los facilita. Menos aún con sanciones que repercutirán en nuestra capacidad de sostener el tremendo esfuerzo en curso y terminará lanzando a los agricultores hambrientos al cultivo de las plantas malignas, si las rosas, el banano, el café, las materias primas que constituyen nuestro primer renglón de exportación se castigan con impuestos o se levantan las preferencias que se nos adjudican.

Colombia y Estados Unidos están llamados a cooperar lealmente. El ideal sería llegar a una alianza política y armada que permita unificar el esfuerzo, realizar operaciones conjuntas en mar y tierra, intensificar la prevención en ambos países, controlar el tráfico de insumos, hacer más efectivo el intercambio de información y buscar la equivalencia de los instrumentos legales con los que ambos países han de tratar a los criminales.

Imaginemos que la certificación del gobierno norteamericano resultara adversa para Colombia, como parece ocurrirá. Qué ganarán los Estados Unidos? Arrinconarnos, hacer más precaria nuestra situación y por ende incrementar la recepción de droga que pretenden reducir por medios coercitivos, en un todo improcedentes.

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