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DEBILIDADES Y FLAQUEZAS

DEBILIDADES Y FLAQUEZAS

La caída de Raad, que merecía destitución y no la disculpa de una renuncia, salpicó la imagen del gobierno, pues cargo tan delicado no es para los ahijados de los políticos, sino para profesionales destacados y sin tacha. Por lo demás, esa moda tan tropical de hacerle homenaje a todo el que asume un cargo público, no es gratuita: se les infla el ego a los mediocres -que son los más peligrosos- y se da pie a los sobornos.

El señor Raad, en cinco meses de gestión, no había hecho nada digno de alabanza. El homenaje, un pretexto con fines políticos, que involucró al senador Valencia Cossio, su padrino, al Ministro de Transporte, su jefe, contó con la presencia del Contralor General. Y él, por ética, no debería andar en esos jolgorios, ya que su oficio es vigilar la gestión fiscal de la administración y de los particulares o entidades que manejen fondos o bienes de la nación (art.26/), y Raad pertenecía a la categoría de vigilable.

En otro ámbito, es lamentable ver a los maestros por las calles portando carteles y gritando consignas, mientras miles de niños se quedan sin clases. Y peor aún es constatar que en Colombia se habla de educación sólo cuando hay problemas salariales, o cuando los estudiantes echan piedra en la Nacional.

Un ruidoso paro de maestros, concentrado el 9 de febrero en la Plaza de Bolívar, ahogó las palabras del sacerdote que en la capilla del Sagrario evocaba la memoria de los periodistas asesinados. Uno de esos periodistas fue Luis Carlos Galán, a quien Fecode le hizo la vida imposible cuando, como Ministro de Educación, trató de hacer una reforma educativa.

El descuido de los gobiernos por abocar en serio el tema de la educación es tradicional; y es evidente la mala dirigencia sindical del magisterio. Pues si no, cómo se explica que ad portas del siglo XXI la situación sea, después de 50 años, la misma? Maestros mal pagados, pero también mal preparados, el nivel de la educación muy mediocre, y la promesa de educación obligatoria y gratuita, mil veces incumplida. De modo que este paro no puede terminar, como terminan los paros organizados por Fecode, con un simple arreglo salarial. Los niños colombianos no merecen ser instruidos por maestros amargados y mal preparados. Ni los buenos maestros merecen que el gobierno los trate como ciudadanos de segunda. Como escribía el viernes Juan Manuel Santos: qué puede ser más importante para una sociedad que los educadores de su juventud? Luego el salto social debe comenzar por mejorar la educación y por elevar la categoría del magisterio: mayor preparación y buenos sueldos. Pues quienes tienen en sus manos la formación de los hombres del mañana no pueden seguir por las calles pidiendo a gritos mejores salarios.

Finalmente, Piedad, por piedad, haga valer su fama de dama de hierro y maneje la S.T.T. con mano dura. Porque en una ciudad de rebeldes y de inciviles, acostumbrados por ausencia de autoridad a hacer lo que nos da la gana, la situación no se arreglará con los buenos consejos, ni con las pirinolas del doctor Mockus, sino obligando con energía a la población a cumplir las leyes. Y al que no las cumpla, que lo multen. Acuérdese de que lo que más nos duele a todos es el bolsillo.

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