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EDUCACIÓN SEXUAL PARA LACTANTES

EDUCACIÓN SEXUAL PARA LACTANTES

La percepción del mundo influye en la manera como el lactante aprende a relacionarse con quienes lo rodean.

Un lactante a quien se le satisfacen todas sus necesidades en forma regular ve el mundo como un lugar amistoso y cálido. En cambio aquel que no siente satisfechas sus necesidades aprenderá a ver el mundo como un lugar que le inspira miedo y en el que no puede confiar en nadie.

De esta manera los padres educan al hijo según como lo alcen, como le toquen la piel, y como jueguen con él, lo acaricien, lo abracen y lo tengan junto a ellos.

Por ejemplo, si usted reacciona con fastidio o en forma negativa ante tareas tan normales como son cambiar los pañales llenos de diarrea o curar un cordón umbilical mal cortado, qué mensaje recibe su hijo con esas actitudes? Los padres deben ser extremadamente cuidadosos para no hacer ninguna mueca ni emplear un lenguaje corporal que pueda comunicar repugnancia cuando cuidan físicamente al recién nacido, por que una conducta de ese tipo puede influir negativamente en su sexualidad.

En virtud de que los órganos excretores y los sexuales se encuentran muy cerca unos de otros, es difícil para el lactante diferenciarlos; así que, cuando los padres reaccionan con disgusto o muestran aparente desaprobación, le enseñan al niño que ciertas partes de su cuerpo son desagradables o incluso vergonzosas.

Si un niño crece con la creencia de que una parte de su cuerpo es vergonzosa, en el futuro eso podría afectar su sexualidad.

Los padres también enseñan al lactante a aceptar su propio cuerpo según sea la manera como reaccionan a medida que el niño se va descubriendo a sí mismo. Ha estado usted presente alguna vez en que padres, abuelos y otros parientes se reúnen emocionados alrededor de la cuna de un lactante y observan cómo reconoce sus orejas, su nariz o sus pies y juega con estas partes de su cuerpo? Todos reaccionan como si fuera la criatura más inteligente del mundo, y cada vez que acierta en reconocer una parte de su cuerpo se le alaba y se le confirma su acierto. Claro está que todo esto dura hasta que esa preciosa criatura descubre sus genitales! Todos empiezan entonces a actuar con incomodidad y generalmente, en respuesta al apuro que viven todos los presentes, los padres del niño le dan una palmada en la mejilla o le apartan la mano de los genitales. Cómo entiende un lactante esta reacción? También en esta oportunidad se le está enseñando que algunas partes del cuerpo son sucias o vergonzosas. Los padres de familia deben evitar este tipo de reacciones y estar conscientes de que los lactantes viven en un mundo de deleite sensual.

El mundo de un lactante normal incluye el orgasmo, en ocasiones cuando aún es un recién nacido, pero siempre durante su primer año de vida. Los lactantes con carencias físicas o emocionales se mecen, se golpean la cabeza y se chupan el dedo excesivamente, pero no se masturban. El niño saludable juega con sus genitales. Un niño triste o con carencias físicas o emocionales, no se toma la molestia de hacerlo.

Dejar que los lactantes exploren sus genitales no debería asustar a los padres. Después de un tiempo el interés del niño se dirigirá hacia otra parte, pero la actitud tranquila de los padres respecto a los genitales del hijo tendrá un efecto positivo y ayudará a que éste aprenda a aceptar todo su cuerpo.

Otro aspecto importante, desde el punto de vista físico, para la educación sexual de un lactante es dar el nombre exacto a las partes del cuerpo, lo cual se halla estrechamente relacionado con la aceptación por los padres del descubrimiento que el niño hace de su propio cuerpo.

Otro aspecto importante es el de enseñar al niño a atender por sí mismo sus necesidades corporales. Sea paciente y no tenga prisa en enseñarle a utilizar la bacinilla porque, si lo intenta antes que sea capaz de controlar los esfínteres, o sea los músculos que actúan en estas funciones, el niño no estará en condiciones de responder. La mayoría de los especialistas en desarrollo infantil están de acuerdo en que el control de los esfínteres generalmente es posible desde una edad que va entre los dos y tres años.

Ha visto alguna vez a un niño que siga usando pañales cuando ingresa al jardín de infantes? Probablemente no, pero sí ha conocido a muchos que todavía se orinan en la cama o mojan su ropa en el colegio. Probablemente son aquellos que aprendieron a atender higiénicamente a sus necesidades corporales mediante castigos y amenazas cuando sólo contaban seis meses de edad. Tómese su tiempo para enseñar a su hijo a utilizar la bacinilla, pues al hacerlo le evitará problemas emocionales.

Adaptado de Cómo hablarles a sus hijos sobre el sexo, Scott Talley, Grupo Editorial Norma.

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