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La Casa Arana, de lugar de muerte a sitio para la cultura indígena.

La Casa Arana, de lugar de muerte a sitio para la cultura indígena.

En medio de la selva del Amazonas, a 15 días en bote de Leticia, se levanta, rústica y bastante desvencijada, la que hace un siglo fue la sede del terror para cuatro etnias indígenas de la región y el centro desde donde salía el caucho para las llantas de las bicicletas y los autos de la recién fundada industria automotriz.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
24 de mayo 2008 , 12:00 a. m.

Es la Casa Arana, que para 40 mil indígenas huitotos, boras, okainas y muinanes del hoy corregimiento de La Chorrera se convirtió en el lugar de su tortura y antesala de la muerte. Hoy, acaba de ser declarado el primer Bien de Interés Cultural de Colombia por solicitud de una población indígena.

Alrededor de 2.800 miembros de esas comunidades colombianas ven en la casa una oportunidad de no dejar perder el recuerdo de sus abuelos esclavizados y pretenden que el lugar se convierta en un sitio de memoria y reunión, e incluso cabe la posibilidad de que se vuelva un hotel.

En algunos salones de la casa con teja de zinc funciona hoy parte del Colegio Indígena Casa del Conocimiento, que tiene una sede frente al monumento, también en mal estado. Así mismo, en la Casa Arana hay algunos computadores y duermen varios de los niños que estudian como internos.

A salvar la Casa Ubicada en medio de la selva, al lugar solo se llega desde el interior del país por avión. Prácticamente nadie visita a este corregimiento de Leticia que aún mantiene una economía basada en el trueque.

La Chorrera está cruzado por el río Igará-Paraná y sus habitantes solo pueden comunicarse con Leticia por barco, en un viaje que tarda más o menos 15 días, y por un vuelo dominical de Satena, que cuesta 447.543 pesos ida y vuelta.

Una cifra bastante inalcanzable para colombianos que están dedicados a la siembra y la caza en la selva. Al ser reconocida como un lugar emblemático no solo de las comunidades sino también del país, en el mismo nivel de cualquier otro monumento nacional, la Casa asegura su protección.

De entrada, el Ministerio de Cultura invertirá cien millones de pesos para arreglos de urgencia. A simple vista, la Casa Arana tiene serios problemas de goteras, con hoyos en partes interiores del techo y bajantes en pésimo estado.

“Inicialmente, serán obras de adecuaciones básicas, por ejemplo en cubiertas y maderas, que permitan el funcionamiento del colegio. Habrá inversiones de infraestructura para que cuenten con elementos para la formación y el fortalecimiento de la identidad”, dijo la ministra de Cultura, Paula Marcela Moreno, durante la declaratoria como Bien de Interés Cultural.

El plazo para entregar las obras se vencerá en noviembre de este año. Para la restauración total, el Ministerio esperará a que la comunidad decida el uso que dará a la casa.

Además, la gobernación de Amazonas deberá realizar un muro de contención en el río Igará-Paraná, que cruza a unos cien metros de la Casa: “El gobernador se comprometió con nosotros y este es un tema de emergencia que se debe hacer ya”, dijo la Ministra.

Anastasio Lipichiu, de 48 años, de la etnia bora y quien tiene hijos estudiando en el colegio, dice: “La Casa Arana es como un duelo. El colegio tapa esa imagen que tenemos del pasado y queremos que lo apoyen porque nos da un consuelo”.

Juan de la Cruz Candre, estudiante de 16 años de la comunidad okaina, piensa más en futuro: “Yo no tengo presente lo que pasó acá, pero sé, por lo que me dicen en el colegio, que fue algo muy triste. Que unos peruanos obligaron a mis antepasados a sacar el caucho y los esclavizaron. Yo soy indígena y eran otros indígenas los que vivían aquí. Por eso creo que es importante que esto sea un monumento, para no olvidar lo que pasó en esta casa”.

Fanny Kuiru, indígena huitoto y asesora de la Corporación para la Defensa de la Biodiversidad Amazónica, cree que la Casa Arana es la oportunidad de reconstruir la cultura sin rencores. “Queremos que nos vean como un pueblo pacífico, que lucha por tener un futuro digno para sus nuevas generaciones”, aseguró. Cortesía Ministerio de Cultura.

La maloka deja de ser casa para volverse centro comunitario.

“Lo que se dice en la maloka, se cumple”. Eso le dijo el cacique del cabildo centro de La Chorrera, Manuel Zafiama, a la ministra de Cultura, Paula Marcela Moreno. Lo hizo como una forma de invitarla a ver la construcción redonda y de techo grandísimo con relación a sus paredes bajas, que con fondos del Miniculura (dos millones de pesos) habían construido en cercanías de la Casa Arana.

El cacique y otros ancianos explicaron cómo no quieren dejar perder la tradición de levantar esta construcción, fundamental en la vida de las comunidades indígenas del Amazonas. Pero entendieron que su función estaba cambiando, pues antes era la vivienda de muchas familias.

“Ahora que vivimos en casas occidentales ya no vivimos en la maloka.

Entonces se vuelve un centro de planeación para nuestra comunidad”.

La maloka, de techos trenzados y troncos gruesos con ventilación en la parte superior, fue construida con el esfuerzo de la comunidad.

UN HOLOCAUSTO COLOMBIANO.

Según narra el especialista Roberto Pineda Camacho, en 1903, el peruano Julio César Arana fundó la Casa Arana e inició su expansión sin contemplaciones.

En esa época, la región estaba disputada entre Colombia y Perú y para el gobierno vecino era conveniente que uno de los suyos ocupara la tierra.

En 1907, la Casa Arana se convirtió en la Peruvian Amazon Company, con sede en Londres, y era considerada un ejemplo empresarial. Pero en 1909 el periódico londinense Truth publicó el ‘El paraíso del diablo’, testimonio del ingeniero norteamericano, W. Hardenburg, vio las torturas que sufrían los indígenas.

Eran enganchados a la fuerza, obligados trabajar y de no cumplir con altísimas cuotas eran sometidos al cepo o flagelados. No recibían alimentos y morían por pestes, debido a la desnutrición. La huida significaba la muerte. No podían sembrar sus tierras y al final resultaban endeudados por las mercancías que les entregaban a precios impagables.

Los británicos comisionaron a Sir Roger Casement, cónsul en Río de Janeiro, para investigar y éste calificó todo como un régimen de terror. Al final tuvo que aceptar la situación, pero salvó su responsabilidad.

La Casa Arana subsistió hasta fines de la década del treinta, a pesar de las denuncias de José Eustasio Rivera, en La vorágine. Antes del conflicto colombo-peruano (1932), la compañía cauchera peruana desplazó la población sobreviviente hacia el Perú, dejando prácticamente vacío territorio. Se calcula que murieron 40 mil indígenas.

100 millones de pesos invertirá el Ministerio de Cultura en las reparaciones urgentes que requiere la Casa Arana. Se calcula que por esa empresa murieron 40 mil indígenas a comienzos del siglo XX.

UN SITIO PARA EXORCIZAR EL PASADO.

'' La Casa Arana es como un duelo. El colegio tapa esa imagen del pasado y queremos que lo apoyen porque nos da consuelo”.

Anastasio Lipichiu, indígena bora

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