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RANAS VÍCTIMAS DE SU PROPIO VENENO

Las tres ranas más venenosas del mundo solo se encuentran en Colombia y están a punto de extinguirse, entre otros factores, por el tráfico ilegal por parte de las compañías farmacéuticas de los países industrializados. Una de ellas, la Phyllobates terribilis, solamente se encuentra en la cuenca del río Saija, en el departamento del Cauca.

13 de mayo 1996 , 12:00 a.m.

De color amarillo brillante y cuatro centímetros y medio de longitud, este animal es considerado por muchos como el más venenoso del mundo. Según Vicente Rueda, biólogo especialista en herpetología (ciencia que estudia reptiles y anfibios) del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional, una décima parte de una gota del veneno que produce es suficiente para matar a una persona.

Las otras dos son la Phyllobates bicolor, que se encuentra principalmente en el departamento del Chocó y en la cabecera del río San Juan, en la costa Pacífica, y la Phyllobates aurotenia, que habita principalmente la cuenca del río San Juan.

En Colombia hay 33 de las aproximadamente 65 especies de ranas venenosas, a las cuales se les conoce con el nombre de Cocoy.

Cuando se sienten en peligro, estas segregan un veneno conformado por alcaloides (sustancias con propiedades tóxicas), que actúan sobre el sistema nervioso central, impidiendo la comunicación entre las células. Se estima que entre todas tienen entre 200 y 230 alcaloides diferentes.

Anualmente miles de estas ranas se exportan ilegalmente a países como Canadá y Alemania, donde las compañías farmacéuticas aíslan sus alcaloides y luego los patentan, sin reconocer un peso al país de origen y poniendo en peligro de extinción a estas especies.

Según la Sociedad Colombiana de Ecología, uno de los casos más grave se presenta en el Chocó, donde los indígenas que tradicionalmente las usaban para envenenar sus dardos, recolectan cantidades de ellas y las venden a cualquier precio.

Aunque basta con acercarlas al fuego para extraer su veneno, las ranas usadas en la investigación son sacrificadas para extraerles la piel, que es la que finalmente sale del país.

Ante la amenaza de extinción, algunas compañías intentaron reproducir estas ranas en cautiverio, pero en esas condiciones pierden la facultad de segregar el veneno. Al darse cuenta de ello, empezaron a venderlas como mascotas en Norteamérica y Europa, lo que estimuló su exportación con fines comerciales.

Potente veneno Según Rueda, las compañías farmacéuticas de los países desarrollados producen cerca de 50 drogas diferentes con los alcaloides de las Cocuy, que se usan para combatir algunas formas de leucemia, osteoporosis, cáncer e infecciones del hígado. Algunos de los alcaloides producidos por ellas podrían usarse para crear sustitutos de la anestesia general empleada en cirugía .

Juan Manuel Rengifo, biólogo herpetólogo y jefe del departamento de sueros antiofídicos del Instituto Nacional de Salud, explicó que cada una de estas sustancias puede tener un efecto determinado sobre una parte del cuerpo .

La Sociedad Colombiana de Ecología recordó que ya se ha logrado sintetizar el veneno de una rana ecuatoriana menos venenosa, la Epipedobates tricolor, para producir una sustancia que bloquea el dolor, es 200 veces más potente que la morfina y no produce adicción. Según la entidad, el veneno de las ranas podría usarse para producir sustitutos de las drogas comúnmente usadas para mitigar el dolor (tanto físico como sicológico). que provienen del opio.

Padres ejemplares A diferencia de las otras ranas, las Cocoy desovan generalmente en la hojarasca húmeda del bosque. Al cabo de un tiempo, cuando sus embriones se han convertido en renacuajos, la madre o el padre (según la especie) regresan por ellos. Uno por uno, los suben a sus espaldas y segregan una sustancia que hace que estos se adhieran a ella.

En seguida los transportan a una pequeña charca o planta, que casi siempre es una bromelia (planta con una flor vistosa en la mitad, en cuyas hojas se forman pequeños charcos). En cada planta dejan un renacuajo.

Cada dos o tres días, la madre regresa y deposita un huevo infértil, que les sirve de alimento. En dos o tres meses, el renacuajo sale de la planta, convertido en toda una rana.

Por eso, una de las amenazas que enfrentan en Colombia es el comercio de bromelias silvestres, que literalmente deja sin hogar y sin protección a los renacuajos.

Otra es la deforestación, ya que, al tumbar una zona de bosque, la hojarasca donde ponen sus huevos se reseca por el exceso de luz solar. La falta de humedad acaba matando a los embriones o, en el mejor de los casos, impide que las ranitas desoven en estos sitios (los únicos que conocen para hacerlo).

Las Cocoy son de actividad diurna. Su vistoso colorido les advierte a los predadores que son peligrosas, impidiendo que muchos de ellos se acerquen. Solo se conoce de un animal - una serpiente cazadora- que es capaz de comerse a la más venenosa, la Phyllobates terribilis, sin que esta le haga el menor daño.

Sin embargo, su colorido es también una desventaja frente a sus predadores humano. Las Cocoy son también muy poco huidizas.