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Un indigente con sueños de gloria

Un indigente con sueños de gloria

Tirado en un zaguán de Guayaquil en el corazón del viejo Medellín; durmiendo en una calle abandonada, en un centro de rehabilitación para indigentes o cantando un tango en un bar de prostitutas y borrachos se puede ver al flamante ganador del concurso de canto ‘Factor X’.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
19 de mayo 2008 , 12:00 a. m.

Su nombre, desconocido para el mundo artístico, es Jorge Amaya Muñoz, de 41 años, soltero y sin hijos. Esta lejos de ser una estrella, pero gracias a su voz grave llena de vibrato ganó el concurso que con ese nombre organizó la Alcaldía de Medellín para los habitantes de la calle.

Tampoco tuvo grandes premios, porque por su primer lugar, ganado luego de vencer a otros 20 artistas, entre ellos un travesti y a un transexual, obtuvo una sudadera, unas medias, unos calzoncillos y una camiseta nueva.

“Pero me ayudaron mucho”, dice el cantante que lleva 30 años viviendo en calles, pero que mantiene sus sueños de ser cantante profesional.

Eso, pese a no tener un peso en el bolsillo ni patrocinios de disqueras o un mánager que le maneje su carrera musical.

En el concurso, Amaya cantó luciendo una camiseta anaranjada de 500 pesos y un pantalón gris de mil, que compró en un bazar.

Interpretó Melodía de arrabal, de Los Ases del Tango, con un micrófono algo defectuoso y conectado a dos parlantes en pleno patio de Centro Día Dos, uno de los dos sitios dispuestos por la Alcaldía para el albergue y tratamiento de casi 4.500 habitantes de calle que hay en Medellín.

Dos de sus mayores competidores fueron ‘Topacio Vélez’, un transexual con peluca rubia que enloqueció al público con sus movimientos de cadera, y ‘Tamara’, un travesti vestido con pantalón blanco corto y quien interpretó A quién le importa, de la agrupación pop española de los años 80 Alaska y Dinarama.

Al concurso, que contó con temas para todos los gustos, acudieron alrededor de 100 habitantes de calle que apoyaron a sus favoritos con carteles y gritos.

“Fue una competencia dura pero esta vez sí reconocieron el recorrido musical”, asegura Amaya, que en el primer ‘Factor X’ para indigentes (en el 2006) quedó de tercero.

Una vida dura Aunque nació en Medellín, Amaya vivió hasta sus 9 años en Angelópolis, un pueblo del suroeste antioqueño, con dos hermanas mayores y dos hermanos menores, todos hijos de padres diferentes.

“Mi mamá nos tenía que sostener como fuera”, asegura y baja sus ojos negros mientras se toca su bigote a medio afeitar.

En Medellín, una tía le ofreció estudio como interno en el colegio Don Bosco. Entonces, se fue a vivir con ella y allí empezó su gusto musical.

“Los fines de semana el esposo de mi tía me enseñaba guitarra. Aunque era albañil sabía mucho de música y me encarretó con el canto y la tocada.

Aprendí en un año”, recuerda el músico.

Pese a su talento fue rechazado en el coro del colegio. “No les gustó mi voz tan grave”, dice y sonríe cuando recuerda que un año después le dijo a su mamá que no quería seguir en el colegio sino irse a vivir con ella.

Sin embargo los escasos ingresos familiares no le dejaron otra salida que salir a la calle a vender cigarrillos y dulces en el viejo Guayaquil. Tenía solo 11 años.

“Empecé a tomar en los bares escuchando tangos de Alberto Echagüe, uno de mis favoritos”, recuerda. Pero vuelve a bajar la cara cuando reconoce que cuatro años después de empezar sus ventas callejeras probó la cocaína, y que aún y a su pesar, no lo deja en paz.

Para conseguir con qué sobrevivir y para su vicio, comenzó a cantar en los mismos bares donde empezó a tomar. Se volvió famoso entre los borrachos y los habitantes de calle y hasta los taxistas lo llamaban para que les amenizara sus ratos de descanso en alguna esquina desolada del centro.

Hace cinco años, después de “tocar fondo”, decidió buscar ayuda: “Me acogieron en el programa de rehabilitación para habitantes de calle de la Alcaldía y casi me quito de encima toda esta basura de vida. Pero al final me ganó el vicio”, cuenta Amaya.

Sin embargo, cree que solo perdió un round y por eso hace un año cogió fuerza y quiso volver a intentarlo. Hoy pasa una que otra noche en los centros de acogida, dice tener la esperanza de superar sus vicios y espera una oportunidad para salir del todo de la calle y –por qué no– para hacer realidad su sueño.

“Tengo mi CD mental para grabar –dice el artista–. Se llama Salsivals y son 12 canciones entre salsa y toques de vals. Sé que es mucho pedir pero al menos quisiera cumplir el sueño de grabar un disco”, concluye Amaya.

UN CONCURSO PARA RESOCIALIZAR El ‘Factor X’ de la Alcaldía de Medellín hace parte de un proceso de resocialización que, desde hace tres años, ha logrado graduar a 105 indigentes. Según Lucas Arias Vélez, líder del proyecto, el primer paso es el ingreso a los llamados Centro Día Uno y Dos, donde a los habitantes de calle se les ofrece un desayuno diario, baño y pueden lavar su ropa. Allí se pueden atender 1.200 personas diariamente. Los que quieren, comienzan un tratamiento sicológico que incluye la participación en jornadas de limpieza en las calles. “El concurso hace parte de esos procesos de motivación para que sigan en el proceso de resocialización”, asegura Vélez, quien agrega que si demuestran que quieren salir adelante se les capacita en artes y oficios, y luego reciben como aporte 200 mil pesos para arrancar un proyecto

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