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FERNANDO GAITÁN SE CONFIESA

FERNANDO GAITÁN SE CONFIESA

Después de escribir en su columna de la Edición Dominical sobre la telenovela de mayor éxito en el país, el ex presidente Alfonso López Michelsen, recibió respuesta del libretista Fernando Gaitán, y en ella, explica cómo y por qué llegó a producir su aroma de mujer.

El texto de la carta es el siguiente: Estimado Presidente: Desde que asumí el reto de escribir una telenovela, tuve en claro varios aspectos. El primero, que no debería verlo como un género menor, dado su alto grado de penetración masiva; el segundo, que debía utilizar la novela no como un fin, sino como un medio donde el televidente tuviera además de una historia romántica, la posibilidad de adquirir nuevos conocimientos y tener acceso a realidades inéditas, en este caso el universo cafetero. Y tercero, que debía traficar con elementos diferentes a los del melodrama, intentar darle un sello literario y un matiz cinematográfico.

Para muchos, experimentar con estos elementos en una telenovela era muy arriesgado; hasta el momento de salir Café al aire, se creía con certeza que la telenovela, y por ende su público, no resistía ni asimilaba contenidos ni diálogos que no fueran eminentemente melodramáticos.

Pero también tenía varias cosas más en claro. Sabía que abordar el tema del café era abordar un tema y un producto sagrado para el país, y que merecía todo el respeto y la profundización del caso. Así, me dediqué con cuidado a la investigación de sus universos, que, curiosamente, eran tan desconocidos para mí como para la gran mayoría de los colombianos.

Estudié la cultura que generó y traté de asimilar su complejo engranaje social y económico. Y lo primero que me sorprendió fue descubrir que el café es una de las pocas facetas que proyecta una imagen limpia y sana del país. Me sorprendió ver que el gremio, por encima de las peleas caseras, se dedicara con tanto esmero y con tanta organización al cuidado del producto, a nivel nacional y, sobre todo, internacional.

Esto me hizo llegar a otra conclusión. Si iba a tocar el tema del café, no sólo debía hacerlo con profundidad sino también con el cuidado de no lesionar su imagen.

Fue así como decidí hacer una novela blanca, en plena época de turbulencia; una novela de orgullo, cuando el país estaba más herido que nunca. Sobre los rieles de una historia de amor, puse a funcionar los universos cafeteros más importantes, y abolí la violencia y todos sus estigmas: el narcotráfico, la guerrilla, el paramilitarismo, el secuestro, la extorsión, la voraz delincuencia común.

Quise responder a la imagen que los cafeteros han proyectado en su producto, y no quise que fuera relacionado con nuestros males endémicos. Los personajes han vivido, sufrido y se han defendido sin recurrir a ninguno de los estigmas que nos caracterizan en el mundo entero.

En el momento de escribir la novela, si bien, como todo escritor, anhelaba que fuera un éxito, no supuse en ningún momento que tendría el impacto que ha alcanzado en estos momentos, y que ahora sobrepasa nuestras fronteras. La audiencia conseguida en otros países (Ecuador, Chile, Panamá, Venezuela, Uruguay, México, etc.) y especialmente en el público latino de Estados Unidos, me confirmó que no me equivoqué, a Dios gracias, en el tratamiento del tema y del producto.

Habría sido lamentable haber relacionado el café con nuestros males endémicos. La prueba de ello son los colombianos residentes en el exterior, y en particular en Estados Unidos, que agradecen que al fin el país tenga una imagen decorosa, después de los desastres ocasionados por la prensa internacional y últimamente por el cine, que a falta de comunistas, han tomado el país como el centro de acción de sus héroes de Hollywood.

Así, el tratamiento argumental que ha tenido Café, le ha merecido como ninguna novela colombiana, destacadas notas en las primeras páginas de los principales diarios del país, e incluso del Miami Herald, así como artículos destacados de la prensa internacional.

Esto desde luego, señor Presidente, me llena de orgullo. Lograr que una obra tenga recepción masiva, desde las clases más desfavorecidas, hasta la élite del país, es motivo de orgullo para cualquier escritor.

Pero lo que definitivamente me hizo sentir la importancia de mi trabajo, fue la columna que usted gentilmente le dedicó a la novela en las páginas editoriales del periódico EL TIEMPO. Su escrito, además de halagador, me pone en un grave problema porque ahora más que nunca entiendo que debo ser más exigente en mi trabajo para responder al tiempo, al espacio y, sobre todo, al contenido que usted le dio a su columna, que, sobra decirlo, es esperada por los colombianos dado su carácter trascendental.

Así, señor Presidente, reciba en mi nombre, en el del equipo de producción y en el de la programadora, los más sinceros agradecimientos por la atención prestada a nuestro dramatizado, que no sólo nos confirma que escogimos el camino indicado, sino que nos motiva a continuar en la misma línea.

A la espera de que algún día podamos conversar, al calor de un buen gourmet colombiano, de usted, Fernando Gaitán Salom, libretista de la telenovela Café con aroma de mujer .

Las frases de López Fue un acierto del libretista haber escogido el negocio de la exportación de café como el tema central de su telenovela. Los colombianos, quién más, quién menos, vivimos pendientes de las repercusiones económicas de los precios del café en las lonjas del extranjero. Por muchos años fue nuestro único rubro importante de exportación, y aún hoy en día sigue siendo el primero .

Infinitamente tediosa sería la comedia si se viera reducida a la comercialización del grano. Introducirle el factor sexo fue un acierto en esta época del destape. No hay mujer sana con excepción de la abuela: las jóvenes califican para un postgrado en liberación femenina. La hibridación de los dos temas le permite al autor mantener el suspenso alternando entre uno y otro.

En ningún otro ejemplo se da el caso de una estructura de telenovela tan bien lograda. Tanto que, si se tratara de una película con dos horas de filmación continua, el espectador no resistiría el tránsito de uno a otro escenario con tanta rapidez y con un sinnúmero de protagonistas .

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