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TASAS DE INTERÉS Y METAS ECONÓMICAS

TASAS DE INTERÉS Y METAS ECONÓMICAS

Las tasas de interés y el ritmo de expansión de la cartera bancaria han vuelto a ser objeto de preocupación pública en los últimos días. Con razón. El mercado y las autoridades esperaban que las semanas iniciales del año fueran de liquidez en el sistema financiero y, por consiguiente, de un nivel bajo de tasas de interés que aliviara los flujos de caja de las empresas y las tensiones de los banqueros. Pero eso no sucedió. Por el contrario, las tasas de interés regresaron a los registros del segundo semestre del año anterior.

Un período prolongado de altas tasas de interés, como el que se prevé ahora para 1995, no es de ninguna manera saludable para la economía. La inversión privada, que ha evolucionado satisfactoriamente en los últimos años, se resentiría y, con ella, la perspectiva de un ritmo elevado de crecimiento del Producto Interno Bruto. Esto es grave puesto que para que un país progrese se requieren inversiones en la expansión de las empresas productivas existentes y en nuevos proyectos. La política económica, entonces, debe siempre, y en todas partes del mundo, apuntar hacia un nivel razonable de las tasas de interés. Si este resultado no se logra, alguna de las variables que determinan el comportamiento de la economía no está funcionando correctamente.

Cuál es el problema, este año, en Colombia? Hasta donde entendemos -siguiendo la discusión y las cifras económicas- la demanda de crédito continuó creciendo en las últimas semanas a un ritmo sostenido, empujada por las necesidades de capital de trabajo de las empresas y por el crédito de consumo. Sin embargo, los banqueros son conscientes de que la disponibilidad de recursos para atender esas demandas no va ser suficiente, por lo cual es de esperar que la dinámica bancaria pierda parte de su fuerza en el curso del año. Eso, al menos, pareció desprenderse de su reunión con la Junta del Banco de la República el miércoles de la semana pasada, lo cual estaría señalando que los mismos banqueros prevén restricciones en la liquidez de la economía en los próximos meses. Lo que quiere decir, en último término, que para que la tasa de interés descendiera la expansión de algunos sectores de la economía debería desacelerarse; es decir, que al sector productivo en su conjunto podría no irle tan bien en este año como le fue en los pasados.

Si el análisis anterior es correcto pero las autoridades juzgaran deseable mantener el crecimiento, al ritmo actual, de la industria y del comercio sin exacerbar la inflación, algo tendría que ceder. Y ese algo no podría ser sino el gasto público. El gobierno se vería obligado a ajustar sus finanzas en forma sustancialmente más drástica que la proyectada; en otras palabras, a generar un superávit fiscal más cuantioso y no presionar el mercado doméstico de capitales mediante la emisión de papeles de deuda pública. Es que en economía, como en muchos otros campos, no es posible alcanzar varias metas simultáneamente. Hay compromisos: unos objetivos se logran a costa de otros. El arte del manejo económico consiste, entonces, en aproximarse a aquellas metas que se traducen en el mayor bienestar así se sacrifique el cumplimiento de otras.

Las altas tasas de interés no solamente atentan contra el dinamismo del sector industrial y el comercial sino contra los mismos propósitos del Plan de Desarrollo del gobierno, como quiera que éste contempla la inversión de suma elevadísima -diez billones de pesos- en proyectos de infraestructura desarrollados por el sector privado. Cómo obtendrían los empresarios privados los recursos para emprender estas obras indispensables para el progreso futuro del país? Es deseable, y así lo esperan los agentes económicos, que los proyectos realizados a través de concesiones se financien, eso sí, acudiendo al mercado de capitales para que ahorradores e inversionistas adquieran instrumentos de capital de riesgo como bonos, títulos o cualquier otro mecanismo financiero novedoso con características de largo plazo. Pero eso tampoco es posible si las tasas de interés permanecen altas.

Está en manos del gobierno, por consiguiente, elegir entre las opciones que tiene frente a sí mismo. O se decide por la inversión sana realizada por el sector privado en empresas industriales y proyectos de infraestructura que garanticen la expansión de la economía en el largo plazo, o escoge el camino de un gasto público desaforado e ineficaz en medio de altas tasas de interés, que desemboque en una depresión progresiva de la economía y del espíritu empresarial de los colombianos.

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