PROCURADURÍA ABRE INVESTIGACIÓN

PROCURADURÍA ABRE INVESTIGACIÓN

Allegados al médico Conrado Antonio Prisco Lopera, desaparecido el lunes último y asesinado posteriormente, pidieron a la Procuraduría investigar las circunstancias que rodearon su muerte. Mientras la Procuraduría regional de Medellín impartía una comisión para atender esa solicitud, colegas y compañeros de Prisco en el Instituto Metropolitano de Salud de Medellín se declararon indignados por las especies difundidas por organismos de seguridad, el pasado martes, en el sentido de que éste tenía vínculos con los promotores del atentado terrorista que el domingo costó la vida a 20 personas cerca a plaza de toros de la ciudad.

22 de febrero 1991 , 12:00 a.m.

Conrado era un hombre de bien, ajeno por completo a las actividades en la que pudieron haber caído sus hermanos. El jamás hablaba de ellos y nosotros no le preguntábamos nada por respecto , dijo telefónicamente a EL TIEMPO uno de los médicos del Instituto que pidió que su nombre no fuera citado.

La solictud hecha a la Procuraduría se basa en la sospecha de que detrás de la enigmática muerte de Prisco pueda haber una posible responsabilidad de quienes le acusaron de tener vínculos con el narcotráfico.

Funcionarios del Hospital San Vicente de Paul, donde Prisco impulsó programas conjuntos con el Instituto, dijeron que el médico jamás hizo ningún tipo de ostentación de dinero, vivía en el barrio Belén, un sector de clase media, y jamás se ocultó de nadie ni tuvo seguridad personal .

Señalaron que hace 15 días, cuando se posesionó como trabajador de tiempo completo en programas de prevención y atención de afecciones diarréicas y de enfermedades de las vías respiratorias, obtuvo sin problemas la refrendación del certificado judicial expedido por el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS).

Tanto la Policía Metropolitana, como la seccional del DAS, precisaron que Prisco, 35 años, no registraba antecedentes penales ni afrontaba requerimientos judiciales.

Sus conocidos dijeron también que habitualmente solía programar brigadas de salud en barrios marginados y especialmente en San Javier, donde en diciembre pasado organizó una fiesta para los niños y mediante colectas obtuvo recursos para darles regalos.

Nunca hubo en él nada que despertara sospecha. Era un hombre de jornadas de 12 y 14 horas diarias y los fines de semana los dedicada a participar en actividades deportivas. Nunca faltó a uno solo de los partidos del campeonato interno de fútbol , dijo una de las enfermeras.

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