Secciones
Síguenos en:
TRIANA ERA LA GRATA REVELACIÓN DEL 95

TRIANA ERA LA GRATA REVELACIÓN DEL 95

Adonde fuera, Luis Alberto Lucho Herrera trataba de llevar a dos corredores con quienes le unía un afecto casi de hermanos: Julio César Cadena y Augusto Triana González. Al fin y al cabo, los tres eran de Fusagasugá, provenientes de hogares humildes, buenos escaladores, buenas personas, ciclistas consagrados.

Siempre a la sombra de figuras de renombre, este pedalista nacido el 17 de junio de 1967, que se había casado hace 5 años con Rosa Romero y era padre de una niña, quedó relegado ante la opinión pública. Sin embargo, en el lote internacional se le respetaba y se le temía por su poder para escalar.

Por recomendación de Lucho , ingresó al equipo Cafam en 1987. Protagonizó un cerrado duelo con Oliverio Rincón, que finalmente se coronó campeón de la Vuelta de la Juventud de 1989.

Y luego siguió la huella del Jardinerito hasta el Café de Colombia, de donde fue llamado, en virtud de sus capacidades deportivas y humanas, por el técnico Rafael Carrasco. Entonces, se enroló al Kelme español, donde trabajó para el otro gran ídolo criollo, Fabio Enrique Parra.

Los últimos cinco años vistió la casaca verde y blanca de Pepe Quiles y siempre fue pieza vital del engranaje de la escuadra tanto en la Vuelta a España como en el Giro de Italia. Aunque la suerte no le sonrió en lo que a victorias se refiere, dejó una honda huella en el equipo ibérico.

Este año fichó por el Manzana Postobón y sufrió una transformación pasmosa. Se preparó como nunca y recibió la confianza de la que jamás había gozado. Pasó, entonces, de ser el gregario a compartir los honores del capo. Y se reencontró con su gran nivel, fue segundo en la Clásica de los Periodistas, tercero en el Gran Premio Internacional y otra vez subcampeón en la Clásica del Tolima. Además, se convirtió en la sensación de las etapas contrarreloj, en las que nunca había descollado.

También caló muy bien en el equipo de José Alfonso El Pollo López, donde reconocieron muy rápido sus excelsas condiciones humanas. Siempre amable, siempre dispuesto al diálogo, siempre decente para atender a los periodistas. Este 1995 pintaba muy bien para Augusto Triana, el pupilo de Lucho Herrera, pero la muerte acabó de un tajo sus ilusiones.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.