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SE MATÓ POR AMOR!

SE MATÓ POR AMOR!

José Javier no le cumplió la cita a su padre, se la cumplió a la muerte.

A eso de las diez de la mañana, como arrastrado por un fuerza extraña, le pidió prestada una cicla croos a un amigo suyo y emprendió una carrera desenfrenada por las principales calles de Cajamarca.

Habían pasado diez minutos cuando José Javier se enrumbó hacia el puente sobre el río Anaime. Antes de atravesarlo, entró a una tienda pidió tres tragos dobles de aguardiente que consumió con avidez. Salió a la calle, montó de nuevo en la cicla y continuó el recorrido hacia el puente.

Al llegar allí vio a dos jovencitas que venían hacia él, se apeó de su transporte, las esperó y les preguntó: dónde queda la mitad del puente que me voy a matar?. Las muchachas visiblemente asombradas y con la voz entrecortada le indicaron dónde y lo vieron dirigirse hacia allí.

José Javier sin pensarlo un momento, dejó la cicla a un lado, se subió a la baranda de la monumental estructura, observó por unos segundos a su alrededor y se lanzó al vacío, ante la mirada inerte de las jovencitas.

Pensativa en su humilde vivienda del Cedral, doña Eudalia recuerda que su hijo le había dicho que gracias al amor, él no iba a durar mucho tiempo y así fue. José Javier se suicidó por esas mujeres que le amargaron la vida , relató entre sollozos.

De malas pa l amor Eudalia Giza, una mujer campesina de 55 años de edad, asegura que su hijo José Javier de 28 años tenía pensado matarse desde hace mucho tiempo, porque estaba convencido que no tenía suerte con las mujeres y además creía que su familia no lo quería por eso, porque era de malas para las viejas .

Aunque su madre le hizo ver en muchas oportunidades que una cosa no tenía que ver con la otra, José Javier hizo caso omiso de esas explicaciones, al igual que las de su padre y sus hermanos y se propuso matarse de aburrido .

Doña Eudalia pasó muchas noches pensando en las amenazas de su hijo pero pensó que el muchacho era incapaz. Primero porque José Javier era un joven trabajador, honrado y aunque tomaba bastante, era muy dedicado a su familia y además porque no creyó que su hijo tuviera el valor de hacer una cosa de esas, pues todos habían sido criados con el temor a Dios. Lo que nunca sospechó doña Eudalia es que la pena moral y el despecho de su hijo fueran mayores que el amor por su propia vida.

José Javier comprendió muy pronto que Cupido le había negado la felicidad al lado de una mujer honrada y trabajadora como era él. Sus desdichas comenzaron hace unos tres años cuando en una locura de juventud decidió junto con otros amigos, visitar Palmarrosa, una reconocida casa de citas de Cajamarca.

Inexperto como era en las lides del amor, José Javier cayó rendido ante los encantos de una de éstas trabajadoras del amor, quien por un largo tiempo vivió según la madre de José Javier, de algo más que de sus sentimientos, porque según ella, gozó con él y con su billetera.

El muchacho por el contrario creyó firmemente en las promesas de fidelidad eterna de su pareja y nunca imaginó que ella tenía un corazón muy grande para muchos clientes más. Al darse cuenta de esto, la decepción que le produjo al joven enamorado la traición de su amante fue tan grande que decidió envenenarse un miércoles de Semana Santa, hace dos años. Todo sucedió en una cantina de Cajamarca, de donde es oriundo. Se hallaba ahogando sus penas, con algunos amigos, cuando de repente se levantó y fue hasta el baño, allí sólo y sin ninguna mirada inquisitiva se tomó un frasco veneno que traía de la finca de su patrón.

Sus compañeros de mesa no se dieron cuenta pero cuando llegó a su casa en la vereda el Cedral, su madre lo notó tan mal que cuando él quiso ir al baño, ella lo siguió y constató que su hijo se había envenenado.

En esta oportunidad sinembargo no pasó nada. Tres días en el hospital fueron suficientes para que José Javier volviera a la normalidad, aunque su corazón había quedado deshecho. Entre los surcos y cosechas transcurría su vida, pero sus sentimientos quedaron en Palmarrosa. Las insistentes frases de su hermanos, yo se lo advertí , usted sabía lo que hacía hacían cada vez más difícil la situación.

Mala suerte en el amor Pasó el tiempo y aunque José Javier no encontró sosiego a su mal de amor, buscó nuevas rutas para su vida. Y al fin las halló. Conoció ahí mismo en Cajamarca a la mujer de sus sueños. Empezó a visitarla, a cortejarla y aunque ya estaba entradita en años, José se sentía muy bien a su lado, aunque tuvo que aguantarse las bromas de sus amigos que le decían que estaba jechona , que él era un geriatra porque le gustaban las viejitas y muchas cosas más que él soportó por amor.

Pero la felicidad no es completa. A los pocos días, relata doña Eudalia, José Javier se enteró que la señora era casada, tenía varios hijos y como si fuera poco también le endulzaban el oído otros hombres.

El muchacho trató de comprender la situación, pero no su familia, quien siempre rechazó de plano esa relación, porque no le convenía . Pasaron los días y José Javier comprendió también el mensaje de los suyos.

Tal vez por ello, el 31 de diciembre de 1994, durante la reunión familiar de fin de año, José Javier le dijo a su madre que una mujer le había amargado la vida pero gracias a Dios acababa de dejarla .

En efecto, él lo había logrado pero su corazón no. José Javier se volvió hosco, retraído, se dedicaba únicamente a trabajar y se le veía muy seguido por las cantinas en Cajamarca. Todos sabían porqué, estaba despechado.

El pasado jueves dos de febrero, antes de irse para la vereda Curalito, donde estaba trabajando con don Mario en rosería y fumigación, José Javier visitó a sus padres, dialogó con ellos y se despidió, pero no como otras veces .

El lunes siguiente, don Joel, el padre del muchacho se encontró con su hijo en Cajamarca en el paradero de los jeeps. Luego de cruzarse algunas palabras, pues desde el jueves no se veían, se despidieron con la promesa de que más tarde se encontrarían en el Cedral. José Javier nunca pensó cumplir, porque ya tenía planeado matarse.

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